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Una buena parte de los sistemas ganaderos de cría y recría
de la región semiárida pampeana se localizan en Haplustoles, suelos de
horizonte superior oscuro y sin B textural, con precipitaciones que oscilan
entre 450 y 700 mm. Históricamente estos suelos sufrieron una importante
pérdida de materia orgánica que condiciona la productividad y la eficiencia
del uso del agua. Para revertir el proceso, la adopción de SD barbecho
químicos, control de malezas y sobre todo fertilización nitrogenada, tendrían
un efecto positivo sobre la captación, almacenaje y eficiencia del uso de agua,
posibilitando así la recuperación de parte del carbono perdido
El requerimiento promedio de agua en verdeos de invierno, en
el período comprendido entre fines de marzo y agosto, es del orden de 240 mm
(alcanzando valores de 320 mm), con una eficiencia promedio de 11 kg de materia
seca /ha mm. Con adecuada nutrición esta eficiencia puede superar los 15
kg/ha.mm.
En la región semiárida pampeana y para un período de 120
días ( 30 de marzo a 30 de julio), existe una probabilidad menor al 10 % de que
las precipitaciones cubran el total de los requerimientos del cultivo (240 mm).
Asumiendo que a la siembra exista en el suelo una disponibilidad de agua de 100
mm (dependerá del manejo previo) las precipitaciones deberían alcanzar 140 mm
para cubrir las necesidades de agua de un verdeo de buena producción. La
probabilidad de ocurrencia de precipitaciones de esta magnitud es de
aproximadamente un 50 %, por lo tanto puede inferirse que la disponibilidad de
agua frecuentemente limita la productividad de los verdeos y que el manejo del
agua previo a la siembra condicionaría significativamente su productividad. Al
respecto, resulta particularmente importante la influencia del cultivo
antecesor. Así la ubicación de los verdeos en la secuencia de cultivos es uno
de los aspectos mas significativos por los efectos que distintos antecesores
(trigo, girasol, pastura, y en los últimos años soja) poseen sobre propiedades
edáficas que condicionan su productividad (contenido de agua y nitratos),
limitando en muchos casos a otras prácticas de manejo como longitud de
barbecho, niveles de cobertura, respuesta a la fertilización.
Pasturas: Los lotes de praderas que tienen un
barbecho de 60-90 días presentan normalmente valores altos de nitratos (mayor
60 ppm), situación que no se comprueba con barbechos menores a 30 días. En
estos casos, a pesar que los lotes pueden contar con niveles altos de materia
orgánica (mayor fertilidad potencial) y si la recarga de agua es importante
puede ser conveniente realizar fertilización de "arranque" con N o
con N-P. Principalmente en aquellos lotes con menos de 20 ppm de nitratos.
Trigo: Al posibilitar barbechos más largos estos
lotes cuentan con buena disponibilidad de agua y contenidos medios a altos de
nitratos que frecuentemente dan lugar a verdeos de muy buena producción. Se ha
comprobado importante respuesta a P, tanto en la región de la planicie con
tosca como en suelos de las planicies arenosas del Este de La Pampa y Oeste de
Buenos Aires.
Girasol: En general los suelos provenientes de
Girasol presentan bajos niveles de nitratos, y cuando la disponibilidad de agua
lo permite (mayor a 80 mm) es necesario recurrir a la fertilización nitrogenada
para alcanzar producciones medias a buenas. Con baja disponibilidad de agua y
nitratos la producción se reciente y la respuesta a la fertilización
nitrogenada no es importante
Soja: En los últimos años, debido al avance de la
agricultura, y sobre todo del cultivo de soja, se están realizando siembras muy
tardías de verdeos que dan lugar a aprovechamientos tardíos (julio-agosto).
Las siembras aéreas realizadas en marzo/abril sobre el cultivo de soja podrían
incrementar la producción de estos verdeos.
Objetivos de la fertilización
Esta práctica trata de optimizar la oferta forrajera a
partir de las siguientes premisas:
1- Aumento de la productividad.
2- Estabilización de la producción.
3- Reducción significativa del costo de la materia seca
producida, y
4- Mayor eficiencia en el uso del agua.
A partir de una red de ensayos, utilizando dosis de 40 kg de
N, se estudió el efecto de aplicaciones a la siembra (40+0), después del
primer corte (0+40) y fraccionada (20+20). Los resultados mostraron una mayor
eficiencia de uso del N en aplicaciones tempranas (entre siembra y dos hojas),
esta mayor respuesta a N, durante este período, se relacionó con una mayor
disponibilidad de agua. Sin embargo, en Haplustoles con bajo contenido de P (5.5
ppm) se observó solo una importante respuesta a la fertilización cuando N y P
fueron aplicados conjuntamente.
La Figura 1 muestra los rendimientos relativos de MS de
centeno (cultivar Quehue) para los tratamientos testigo y fertilizado con N, P,
y NP. El N se aplicó en forma líquida antes de la siembra, utilizando Sol UAN
(32% de N). Se aplicaron 100 litros/ha, lo cual equivale a 132 kg/ha de
fertilizante (densidad 1,32 gr/cm3) y una dosis de 42 kg N/ha. El P
se aplicó a la siembra (10 kg P/ha).
Figura 1: Rendimiento relativo de materia seca de
centeno fertilizado y sin fertilizar, en Bernasconi. T: testigo, P: fósforo,
N: nitrógeno, NP: nitrógeno y fósforo (100%).
Durante 2003 se realizó un ensayo similar (con N y P) en la
localidad de 30 de Agosto, sobre un Hapludol con bajo contenido de P. En la
Figura 2 se observa la producción de MS de ryegrass Mágnum, con respuestas a
la fertilización que superaron los 3000 kg/ha de MS.
Durante 2005, a solicitud de productores, se evaluó la
respuesta de verdeos a distintas fuentes, dosis y formas de aplicación de
fertilizantes nitrogenados, solos y combinados con S. A manera de ejemplo, la
Figura 3 muestra los resultados del primer corte en uno de los ensayos
establecidos en Anguil, comprobándose importante respuesta al agregado de N y
S. Se presentan la respuesta promedio en virtud de no registrarse diferencias
entre distintas fuentes nitrogenadas.
Figura 2: Respuesta a la aplicación de N y P sobre
la producción de materia seca de ryegrass.
En el marco del proyecto INTA – Asociación Civil
Fertilizar, se realizaron ensayos tendientes a evaluar los requerimientos de N,
P y S por tn de materia seca producida. La Tabla 1 muestra los resultados en
ryegrass. En esta experiencia la fertilización incrementó la eficiencia de uso
del agua desde 3,5 a 9,3 kg/ha.mm
Figura 3: Efecto de la fertilización con N y S
sobre la producción de materia seca de triticale (primer corte).
Tabla 1: Contenidos de N, P y S en ryegrass.
| Tratamientos |
Requerimiento
de nutrientes (kg) por Tn MS |
Nutrientes
extraídos en el 1er corte (kg/ha) |
| |
N |
P |
S |
N |
P |
S |
|
T |
23 |
3.1 |
1.6 |
12.9 |
1.7 |
0.9 |
|
P |
27.1 |
3.7 |
1.8 |
21.3 |
2.9 |
1.4 |
|
NS |
25.4 |
3.2 |
1.8 |
26.9 |
3.4 |
2 |
|
NPS |
28.3 |
3.3 |
2.4 |
35.4 |
4.1 |
3 |
|
Promedio |
26 |
3.3 |
1.9 |
|
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La importancia de estos resultados, desde el punto de vista
del manejo de la nutrición, es relativa en la medida que no consideremos el factor
cultivar. Nuestros resultados preliminares muestran que tanto la cantidad
como el momento en que son requeridos algunos nutrientes varían entre
cultivares. Por ejemplo, en la Figura 4 se muestra que el centeno Quehue
acumuló MS a una tasa de 26 kg/ha día durante los primeros 80 días
registrándose una disminución en el contenido de N-NO -3
del suelo de 66 kg/ha. Por su parte en avena Don Victor y centeno Lisandro la
tasa de acumulación de MS fue de 15 kg/ha día y la disminución del contenido
de N-NO -3 de 40 kg/ha. Estas diferencias en los
requerimientos de agua y nutrientes, entre cultivares, prácticamente no han
sido abordados ni considerados en la región semiárida y subhúmeda pampeana al
momento de definir la estrategia de producción.
Figura 4: Materia seca del primer
corte y variación en el contenido de N-NO -3 del suelo.
Centenos Quehue (Q), Lisandro (L) y avena Don Victor (V).
No obstante las limitaciones planteadas, la suma de
experiencias conducidas permiten elaborar una secuencia- diagnóstico en base a
las condiciones que han favorecido la respuesta de los verdeos a la
fertilización con N y P.
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