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Utilidad
de los Análisis Foliares en Frutales de Hoja Caduca
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Ing. Agr. PhD. Enrique E.
Sánchez
INTA EEA Alto Valle
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Mientras nadie puede discutir la importancia de los
análisis de suelos para sugerir programas de fertilización en cultivos como
trigo, maíz o soja, cultivos perennes como los frutales de hoja caduca no gozan
de similar privilegio.
Los frutales de pepita y carozo se cultivan generalmente en
zonas áridas, muchas de ellas conformadas por suelos aluvionales que han sido
sistematizados con el fin de practicar riego gravitacional. La desuniformidad
resultante de estos suelos es tal que muchas veces planta por medio, en una
distancia de 3 metros, se aprecian cambios de gran magnitud no sólo en cuanto a
la profundidad en que éstos ocurren sino también en la granulometría, a tal
punto que es muy común observar, por ejemplo, el paso de una textura arenoso
franco a franco limoso.
Sin embargo en otras zonas donde los suelos no son tan
heterogéneos y donde no se practica riego suplementario, los análisis de suelo
no son empleados con frecuencia porque los frutales distribuyen sus raíces
dependiendo de las características del portainjerto y del manejo del suelo en
una profundidad muy variable, donde resulta extremadamente complicado relacionar
la oferta mineral disponible con la absorción real del cultivo.
Origen del análisis foliar
El nacimiento de la técnica de análisis foliar tiene su
fundamento en solucionar los inconvenientes planteados, al dejar que el árbol
sea el encargado de tomar del suelo lo que necesite y traducir a través de las
hojas la oferta nutricional de su entorno.
Ya en los años 50, el análisis foliar comienza a ser
empleado en los Estados Unidos. En su génesis figuran trabajos pioneros de
relevamiento nutricional, donde se muestreó un gran número de plantaciones con
buen rendimiento en variados tipos de suelos y distintos tipos de hojas a lo
largo del ciclo de crecimiento, hasta encontrar aquella combinación que
garantizara la menor variabilidad.
Las tablas de referencia o interpretación se caracterizaron
por brindar un rango de concentración para los macro y microelementos y fueron
de suma utilidad en un momento donde no existía otra herramienta y los
conocimientos y cuestionamientos fisiológicos de la actualidad. Además el
panorama presente dista bastante del de hace cincuenta años en aspectos
intrínsecos del árbol (nuevos portainjertos y variedades) y de manejo cultural
(sistemas de conducción, uso de reguladores de crecimiento, modernas técnicas
de riego, por citar a los más relevantes), factores que influyen directamente
en la nutrición mineral de la planta.
Algunos ejemplos prácticos ayudarán a ilustrar estos
conceptos.
Características del portainjerto y cultivar
Las plantaciones modernas de peras, manzanas y cerezos se
cultivan a una alta densidad por hectárea. Con la excepción del cerezo, la
carga de fruta controla el crecimiento vegetativo de la planta, por lo que la
relación hoja/fruta es mucho menor y la eficiencia del cultivo mayor en
términos de rendimiento de materia seca por unidad de área foliar. Los frutos,
que son un destino importante de nutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio,
magnesio y cinc, se alimentan a expensas de las hojas, que disminuyen su
concentración foliar. En consecuencia, un alto rendimiento suele corresponderse
con valores nutricionales en las hojas que son deficientes desde el punto de
vista interpretativo del análisis. Si esta tendencia se repite en varios años
sin afectar rendimiento y calidad, puede afirmarse que la planta no presenta
deficiencia alguna y el programa anual de fertilización no debería considerar
un agregado extra de fertilizantes.
Labores culturales
Una práctica muy obvia que influye en la interpretación de
los análisis foliares, son las fertilizaciones a través de las hojas pues
éstas, a excepción de la urea, no son eficientes para absorber nutrientes y
muchos de ellos se depositan en su superficie una vez aplicados. Por ejemplo, se
sabe del rol de la cutícula en retener metales pesados (Ferrandon y Chamel,
1988), los que no son eliminados en su totalidad por las técnicas de lavado
habituales. En informes técnicos es común observar análisis como termómetro
de medición de respuesta a tratamientos foliares, pero absolutamente todos
ellos son cuestionables porque ni siquiera miden lo que efectivamente se
encuentra en el espacio interno de la hoja.
El análisis correcto sería no medir con exclusividad la
concentración de nutrientes, sino las respuestas fisiológicas a dichos
tratamientos (fotosíntesis, área foliar, crecimiento, densidad floral etc,
etc). Lamentablemente, en fruticultura el rendimiento es un largo proceso que se
inició con dos o tres años de anticipación con el renuevo de madera, la
diferenciación floral, la densidad de floración, el cuaje y últimamente el
tamaño del fruto. Este proceso es factible de ser medido en condiciones
controladas, porque en plantaciones comerciales el hombre actúa sobre el árbol
realizando podas y raleando frutos con el fin de mejorar el tamaño y el color,
por lo que enmascara la verdadera respuesta fisiológica de la planta.
En este sentido, existe una gran diferencia entre la
evaluación de rendimiento en los cultivos anuales y dicha evaluación en los
frutales, donde es factible medir respuestas en el largo plazo cuando son
productos de enormes diferencias en crecimiento (volumen de la canopia) y por
ende en el potencial productivo. Lo expuesto, si bien es una simplificación de
este problema, ilustra la dificultad.
Fisiología de la planta
Un concepto muy moderno en nutrición mineral de frutales es
que se deben fertilizar órganos de la planta y no la planta en su conjunto. En
otras palabras, este concepto expresa que hay ciertos momentos en el ciclo de
crecimiento donde es importante que ciertos órganos tengan amplia
disponibilidad nutricional. Por ejemplo, el cinc y el boro son importantes para
la calidad de la yema fructífera y el cuaje del fruto; sin embargo, el rol de
estos elementos en el verano no es de importancia.
El potasio es importante en la fase del crecimiento del
fruto, pero no al inicio de la temporada. El calcio es determinante en la
calidad de la fruta en ciertas variedades pero no en otras y su contenido en las
hojas no se relaciona con su contenido en los frutos.
El análisis foliar si se toma en la primavera es variable,
porque la dinámica de los nutrientes en las hojas fluctúa en demasía,
enmascarando posibles deficiencias. Si se hace en el verano, valores normales
asegurarían una buena nutrición para la próxima temporada pero valores bajos
no expresan si la causa es dilución o deficiencia. Una conclusión sería que
para cada nutriente existe un momento óptimo de toma de muestra y que no
resulta razonable generalizar el muestreo en un único momento para la totalidad
de ellos.
Nuevos conocimientos fisiológicos
Hasta los años ochenta no se conocía mucho acerca de la
dinámica de los nutrientes esenciales en la planta, ni siquiera del nitrógeno.
Con la disponibilidad de los isótopos estables fue posible determinar cómo
diferentes especies frutales utilizan y reciclan los nutrientes (Weinbaum et al.
1984;, Sánchez et al. 1991, Sánchez et al. 1992, Muñoz et al. 1993, Sánchez
et al. 1995).
Estos avances permitieron determinar fundamentalmente el rol
de las reservas, obtener detalles de la absorción y partición estacional de
los nutrientes en los diversos órganos de la planta y cuantificar la demanda.
Si bien se lograron avances importantes para nitrógeno, boro y cinc, otros como
fósforo, potasio y magnesio no han sido estudiados. Estos conocimientos
mejoraron la interpretación de los análisis foliares, simplemente por permitir
relacionar el órgano de la planta tomado como muestra y compararlo con los
otros en cuanto a sus demandas estacionales y anuales.
Análisis de la muestra
Este es un factor muy importante. Sin desmerecer la
performance de los laboratorios, la variabilidad en los resultados son a menudo
alarmantes. Si se tiene en cuenta que para nitrógeno el rango normal en manzano
fluctúa de 2 a 2,4% , se comprende que un mínimo error puede modificar
sustancialmente la interpretación.
Para otros nutrientes donde el rango normal es amplio, la
consecuencia de una falla en el resultado no es tan crítica, pero sí lo es en
nitrógeno por su influencia en la calidad de la fruta. .
Un ejemplo de las mismas se puede observar en la Tabla 1,
donde se señalan los rangos de concentración normales en las tres variedades
de peral más populares empleadas en la actualidad por el INTA Alto Valle.
Claramente se puede observar que la diferencia la marca el nitrógeno.
Tabla 1: Valores de referencia tomados
como normales en la interpretación del análisis foliar de cultivares de
peral.
|
Variedad |
N
% |
P
% |
K
% |
Ca
% |
Mg
% |
Mn
ppm |
Fe
ppm |
Cu
ppm |
B
ppm |
Zn
ppm |
|
William’s |
2,20-2,50 |
0,13-0,45 |
1,20-2,00 |
1,10-2,50 |
0,24-0,50 |
30-200 |
50-259 |
5-15 |
30-60 |
18-50 |
|
D’Anjou |
2,10-2,30 |
0,13-0,45 |
1,20-2,00 |
1,10-2,50 |
0,24-0,50 |
30-200 |
50-250 |
5-15 |
30-60 |
18-50 |
|
Packham’s |
2,15-2,45 |
0,13-0,45 |
1,20-2,00 |
1,10-2,50 |
0,24-0,50 |
30-200 |
50-250 |
5-15 |
30-60 |
18-50 |
Mientras que en la pera Anjou se requiere un mínimo
necesario que garantice el crecimiento del árbol sin comprometer la calidad de
la fruta, en la variedad Williams, al ser más temprana y no conservarse en
frío, se prefiere una concentración de nitrógeno más alta para asegurar un
buen tamaño. Contrariamente al nitrógeno, el resto se caracteriza por
presentar un rango tan amplio que los posibles errores analíticos pasan más
inadvertidos.
Cuestionamientos fisiológicos
Relacionado al punto anterior, no existen estudios puntuales
que permitan aislar cada uno de los nutrientes y permitan estudiar su rango de
concentración óptima. Por ejemplo, las tablas de referencia para cinc le
asignan valores normales que tienen su piso en las 18-20 ppm.
Tal asignación se ha originado en los estudios pioneros de
relevamiento nutricional, llevados a cabo en regiones con suelos provistos de
buena disponibilidad de este nutriente, en donde prácticamente era imposible
encontrar valores del orden de las 10-12 ppm, como se encuentran en muchas
regiones del mundo. Sánchez y Righetti (2002) cuestionaron dichos valores en
manzanos y perales y demostraron que plantas con mucho menos concentración
foliar de cinc pueden presentar altos rendimientos en forma sostenida. Esta
sobreestimación involuntaria ha conllevado a masivas fertilizaciones foliares
con este metal pesado, cuando en realidad no eran necesarias.
Lo opuesto se puede decir del boro. Mientras que en la
mayoría de los cultivos se fija una concentración óptima foliar de 30 a 40
ppm (siempre en el muestreo de verano), estudios llevados a cabo en ciruelo dan
cuenta de una respuesta favorable -medida en términos de cuaje de la fruta y
rendimiento- con aplicaciones foliares en montes sin deficiencia (Chaplin et al.
1977). La razón fisiológica es la alta demanda de la flor y especificamente
los granos de polen por boro, a tal punto que es posible en algunos cultivos
lograr una respuesta favorable a la fertilización.
Lamentablemente, el elevado costo de los análisis foliares
no permite realizar relevamientos amplios durante un mínimo de tres temporadas
para diversas especies y variedades bajo manejos modernos de conducción y
técnicas de riego, en al menos dos momentos dentro del ciclo de crecimiento.
Estudios de esta naturaleza, modificarían sustancialmente la interpretación en
muchas regiones.
El caso de la vid
Otro ejemplo claro que brinda más confusión que solución,
es el análisis foliar en vid. Quien consulte la bibliografía podrá observar
que como tejido se puede muestrear el pecíolo, el limbo y la hoja completa,
tanto en la floración como en el envero.
Sin embargo, los valores normales varían no sólo con el
cultivar, los numerosos portainjertos o el tipo de riego (goteo,
microaspersión), sino que existen también variaciones anuales, lo que
dificulta mucho la interpretación, máxime si se toman valores de otras
regiones y no de la propia. Un reciente estudio llevado a cabo en California
(pioneros en los análisis de pecíolos), reveló que por ejemplo en Chardonnay
y Cabernet Sauvignon, serían normales valores de 200 ppm de nitratos en la
floración (Williams, 2000), a pesar de que se alejan en demasía del estudio
original en Thompson Seedless, que es de 600 a 1.200 ppm (Cook, y Wheeler.,
1978).
Williams (2000), criteriosamente argumenta que si se tomaran
estos valores de 200 ppm como normales, aquellas variaciones producto de los
portainjertos, variedades, riego, año, etc, etc, se eliminarían casi en su
totalidad. Si lo que pasa en Chardonnay y Cabernet también se da en las demás
variedades de uva para vinificar, la pregunta obvia que se debe hacer es qué
pasó en los últimos veinte años en las miles de fincas con viñedos, cuando
se tomaban valores de referencia que evidentemente estaban sobreestimados. ¿Se
aplicó más nitrógeno del debido? ... es muy probable.
Como conclusión se puede afirmar que la técnica del
análisis foliar, tal como es empleada en la actualidad en la mayoría de los
casos, ya sean éstos como método de diagnóstico nutricional o de respuesta a
manejos del cultivo (fertilizacion, riego, poda, etc.), presenta más
debilidades que fortalezas. Es una herramienta más para visualizar tendencias
en el largo plazo y prevenir deficiencias cuando se relacionan el crecimiento
vegetativo y reproductivo del árbol.
El análisis foliar, si es empleado como principal
herramienta de diagnóstico nutricional, puede llevar a interpretaciones
erróneas. En la actualidad su uso es considerado complementario del análisis
en suelo y -fundamentalmente- de la planta en su conjunto.
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Ferrandon, M., y A. Chamel. 1988. Cuticular retention,
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Muñoz, N., J. Guerri, F. Legaz, y E. Primo-Millo 1993.
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Weinbaum, S. A., I. Klein, F. E. Broadbent, W. C. Micke ,
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Williams, L. E. 2000. Fertilizer use efficiency and
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