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RedAgrícola

Aplicaciones foliares de urea en árboles frutales

articulos
Ing Agr. Mariela Curetti y Dr. Enrique Sánchez

 

Introducción

 

La nutrición de las plantas a través de los órganos aéreos es considerada una técnica para suministrar nutrientes rápidamente al órgano destino. Esta técnica puede ser útil cuando el suelo presenta condiciones limitantes para la disponibilidad y absorción de nutrientes. En la tabla 1 se enumeran algunos factores que pueden afectar la eficiencia de las fertilizaciones foliares.
La función específica de la hoja es la fotosíntesis, sin embargo sus tejidos pueden absorber nutrientes aplicados en su superficie, los que se metabolizan con los azucares producidos permitiendo su transporte a lugares con mayor demanda. Para que un nutriente sea absorbido por las hojas, primero debe atravesar la cutícula de la hoja, cuya composición varía según la especie. La cantidad de ceras que poseen las hojas de una especie determinada, se correlaciona en forma negativa con la capacidad de absorber nutrientes. Entre los frutales de hoja caduca, los manzanos son los que mejor responden a la fertilización foliar.

 

    Tabla 1: Factores que afectan la eficiencia en una fertilización foliar

 

Técnica de aplicación

Condiciones ambientales en el momento de la aplicación

Cultivo

Volumen y concentración de la solución aplicada · pH de la solución · Adición de surfactantes o tensioactivos

· Temperatura · Luz · Humedad relativa · Velocidad del viento · hora del día

· Especie · Edad de las hojas · Cantidad de follaje en el momento de la aplicación

 

 

Consideraciones técnicas


La urea ((NH2)2CO) es el fertilizante más utilizado mundialmente en la producción agrícola debido a su bajo costo, facilidad de manipulación, estabilidad química y elevado contenido nitrogenado (46%). La urea es extremadamente soluble y puede ser aplicada de manera foliar, facilitando el manejo nitrogenado y minimizando las pérdidas de nitrógeno (N) al medioambiente. En aplicaciones foliares sobre plantas frutales, la concentración de urea en la solución debe ser entre 0,2 y 4 %. Para mejorar la absorción foliar de la urea, el pH de la solución debe ser ligeramente ácido: 5,4-6,6. 
En la mayoría de los cultivos, la absorción foliar de urea es mayor y más rápida que la de otras formas inorgánicas de nitrógeno. Incluso la urea incrementa la permeabilidad de la cutícula facilitando la penetración de otros nutrientes. 
Las aplicaciones luego de la cosecha son efectivas para incrementar las reservas nitrogenadas en los tejidos perennes. En poscosecha se puede pulverizar urea en concentraciones entre 2 y 10 % sobre las hojas. Estas aplicaciones permiten aumentar el N almacenado en la parte aérea de la planta y removilizarlo rápidamente en la floración En la primavera, las aplicaciones foliares de urea sobre la canopia del árbol resultan ineficientes debido a que la concentración no puede superar el 0,5%. Sin embargo en plena floración, aplicaciones de urea en altas concentraciones logran incrementar la concentración de N en hojas y frutos, tanto en duraznos como en manzanos. 
Una vez absorbida, la urea es hidrolizada por la enzima ureasa en el citoplasma de las células de las hojas, descomponiéndose en NH4 y CO2. Así, el NH4 producido sigue el un camino metabólico similar al NH4 absorbido desde la raíz. En esta reaccion es necesaria una fuente de energía química. Cuando el proceso ocurre en las hojas, la energía de muy bajo costo proviene de la reacción lumínica de la fotosíntesis. En cambio cuando el proceso se localiza en la raíz, por la absorción radicular, la energía proviene del ATP.


Consideraciones prácticas


Desde hace décadas en fruticultura se emplea la urea con fines variados. Durante el ciclo de crecimiento se puede realizar un continuo aporte de nitrógeno que se destina al crecimiento vegetativo y de los frutos. En los frutales de hojas caducas las concentraciones varían entre 0,3 a 0,7 % durante este estado ya que concentraciones mayores tienden a causar fototoxicidad dependiendo esta del estado nutricional de la planta. Plantas más débiles muestran síntomas de fitotoxidad a concentraciones menores que plantas con mejor estado nutricional.
La urea es compatible con pesticidas y se recomienda no mezclarla con más de un único producto. Estas aplicaciones se pueden suceder cada 7 o 10 días hasta lograr el resultado deseado, teniendo siempre en cuenta que por ser un aporte nitrogenado no conviene excederse por perjudicar eventualmente la calidad de la fruta.
El mayor uso de la urea foliar es en las aplicaciones después de la cosecha con el fin de restaurar las reservas nitrogenadas de la planta. En este estado una leve fototoxicidad no es significativa lo que permite incrementar la dosis a una concentración de alrededor del 3 ó 4%. En términos de cantidad de nitrógeno aportada por hectárea puede significar de 50 a 60 kilos lo que significa un aporte de casi el 40% del total requerido en el año. Cabe destacar que la eficiencia de aplicación en manzanos y perales oscila entre el 60 al 70%, valores muy altos si se los compara con la eficiencia de similar aplicación por el suelo que ronda entre el 30 al 50% dependiendo del sistema de riego empleado. 
En caso de ser necesario se pueden realizar dos aplicaciones separadas unas dos semanas al 2,5% para lograr incorporar mayor cantidad de N. Una vez metabolizado el N de la urea pasa a proteínas pero antes de la caída de las hojas se movilizan hacia los órganos de reserva como aminoácidos. Una vez en el sitio de almacenaje la mayor proporción de aminoácidos pasa a formar nuevamente proteínas de reservas.
En la primavera siguiente el N de reserva migra hacia los sitios de síntesis en la forma de aminoácidos.
En suma, la aplicación foliar de urea es una técnica útil para suministrar nitrógeno fácil y rápidamente disponible para el metabolismo de la planta. Debido a que la concentración de urea en la solución aplicada se encuentra limitada debido a que altas concentraciones de urea generan necrosis en las hojas. Actualmente, en la EEA del INTA Alto Valle, se está estudiando la concentración máxima que puede ser aplicada sobre distintas especies frutales (manzanos, perales, durazneros, ciruelos, cerezos y nogales) sin causar daño en los tejidos de las hojas en diferentes momentos de la estación de crecimiento.

 

  

 


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