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Tecnología de Fertilización para Trigo en 2009
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Dr. Ricardo Melgar
Mayo de 2009
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Cuando los aspectos tecnológicos están fuera de toda
prioridad entre los productores, escribir sobre tecnología de fertilización se
hace difícil. También considerando que hoy la tecnología es la variable de
ajuste ante un contexto económico complicado, y que el grado de educación
tecnológica que tiene el productor no es el mismo que hace unos 15 años
atrás, cunado el INTA puso en marcha comenzó el proyecto Fertilizar de la mano
de una docena de empresas visionarias. Sin embargo, el trigo será una de las
pocas alternativas para hacerse de caja en diciembre y poder financiar el resto
de la campana de la gruesa. Repasar los fundamentos tecnológicos básicos de la
fertilización en trigo, y sobre todo aplicar de una manera práctica las
recomendaciones asegurara la inversión en fertilizantes.
Son pocas y claras las reglas para asegurar la partida. Es
importante entender que las decisiones de fertilización se toman antes de
sembrar, o sobre la marcha de ésta, y luego es mas difícil corregir malas
elecciones. Es un juego de riesgo donde el correr del tiempo condiciona las
decisiones a futuro. Al principio la incertidumbre es alta, el riesgo es mayor,
mucho tiempo por delante, y muchas opciones a elegir. A medida que se avanza, se
van definiendo los factores de rindes, clima mediante, disminuye la
incertidumbre y el riesgo y quedan pocas decisiones por tomar para influir en el
rendimiento o en la calidad. Sobre el final, los rindes se asemejan a una
certeza, casi ya no hay riesgos pero no hay decisiones que tomar que influyan en
los rindes.
Entendiendo este juego, que todo agricultor entiende, y
sobre todo como en los mercados de futuros, se toman mejores decisiones
Las decisiones tomadas al principio de la siembra no son
reversibles, solo restan tácticas de contingencia para mitigar errores previos
o para ajustarse a las nuevas perspectivas, generalmente mas malas que las que
se habían previsto.
El fósforo a la siembra… de arranque
Con respecto a la fertilización con fósforo a la siembra,
la única especulación posible respecto del nivel que se usará es hacer un
análisis de suelo, que por su exiguo valor monetario exime de otras decisiones
más arriesgadas basadas en hipotéticos balances. Luego podrán decidirse
estrategias de uso adecuando la disponibilidad de recursos financieros a
expectativas de rindes y resultados.
Una fertilización generosa en la campana pasada que no se
compatibiliza con el rinde finalmente obtenido luego de una sequía habrá
dejado fósforo para este cultivo de trigo. En cambio, si por las razones que
hubo en la campaña anterior, el nivel de fertilización aplicado a los cultivos
fue menor a lo habitual, y por la menor oferta de lluvias se reflejó en un
menor rinde, el análisis de suelo debería mostrar una situación neutra, sin
aumento ni disminución de las reservas de nutrientes. Otras variantes
indicarán una mayor o menor reposición, según hayan sido las discrepancias
entre el fosfato aplicado y el exportado por la cosecha actual, sea trigo, soja
o maíz.
En cualquier caso, es claro que nuestro árbol de decisión
tiene 3 ramas: Dos, de fácil elección, cuando el nivel es muy bajo, menos de
12 ppm de Bray-1, o muy alto, más de 18 ppm. El primer caso indica que no
podremos obviar la fertilización con fósforo a riesgo de poner en juego la
rentabilidad de toda la operación de sembrar; una dosis habitual de 10 a 12
kg/ha de P (45-55 kg/ha de P2O5). El camino del medio es el que genera más
incertidumbres al decidir una fertilización. Si no se aplica nada y había una
deficiencia, el conflicto es perder rendimiento, y por ende dinero. Si se aplica
y no hay respuesta se afecta aumentando el costo de producción. Si bien, no se
pierde y queda para el cultivo siguiente, (soja) se demora el recupero del
gasto. Sin embargo, considerando que la mayor parte del trigo, en particular en
la zona norte va a soja, se estima en 25%, ese riesgo casi no existe ya que aun
cuando el trigo no aproveche el P en exceso a sus necesidades, lo tomará la
soja con muchas más posibilidades de una rentabilidad positiva.
Con referencia a la forma de fertilización, quizás no haya
situación más eficiente que hacerlo en la línea de siembra, preferentemente
con máquinas que dispongan el fertilizante al costado de la línea de semillas.
Un reciente experimento presentado en el último Congreso de Suelos repetido en
red en varias localidades con suelos de distintas texturas y humedades relata
que si bien no hay pérdidas de rindes cuando se aplican fertilizantes en la
siembra, hay una importante perdida de plantas. El experimento comparaba la
fertilización en la línea con otras opciones de ubicación del fertilizante,
como aplicarlo al voleo o separado, al costado de la línea de semillas. Si bien
se ensayo con soja, ilustra muy bien los efectos esperados para otros cultivos
especies. Perder plantas es perder semillas, y en el caso del trigo es perder
capacidad de emitir. Dicho de otra manera, para que aplicar una practica
errónea si la mitad del rinde del trigo descansa en la espiga del vástago
principal, disminuir la densidad por una practica errónea, implica disminuir
ese rendimiento potencial.
Así, siguiendo las mejores practicas de manejo de la
fertilizacion, tenemos:
Dosis
Análisis de Suelo, Balance cultivo antecesor, objetivo de rinde
Fuente
Cualquiera de las de plaza, son todas con P soluble
Momento
A la siembra
Colocación
Depende de la maquinaria y la logística disponible
Luego … continuando con el Nitrógeno
Las fertilizaciones que incluyen todo el N requerido a la
siembra, si bien son mucho más prácticas que dividirlas, suponen el riesgo que
resulten excesivas si el panorama de lluvias no es el deseado.
La dinámica del N en el suelo hace bastante más difícil
de predecir su disponibilidad de cultivo a cultivo, ya que el N no usado para
producir grano se inmoviliza en la materia orgánica del suelo, proceso
magnificado por un mayor nivel de rastrojos. Dadas determinadas circunstancias
ambientales, sin embargo, luego de una relativamente abundante fertilización
para un cereal, (maíz o trigo) puede resultar en un nivel mayor de N mineral
disponible a la siembra de un cultivo siguiente, si el rinde del cereal no fue
el esperado. No es seguro ni práctico sin embargo especular con este N
residual, excepto que sea una región semiárida. En el caso de la región
pampeana más húmeda, que sufrió la sequía, cualquier excedente de N habrá
sido lavado por las lluvias de las últimas semanas.
No obstante, evaluar el N de nitratos en el perfil ayudará
a mejorar la estimación de necesidad de N para el trigo. Lo mismo ocurrirá con
el azufre excedente ya que éste se lixivia con el exceso de agua de
precipitaciones. Así, con un objetivo de rendimiento obtenible, es decir
objetivamente alcanzable, se estima el requerimiento total de N y se deduce el N
almacenado, (remanente o residual). El rendimiento obtenible en muchas zonas
tendrá relación con el agua almacenada en el perfil, que actuara como reserva
hasta que lleguen las lluvias de la primavera, y condicionara la biomasa, numero
de macollos y de espigas y espiguillas potencialmente fértiles que conformaran
el rendimiento de grano.
Normalmente, en base a los 25 a 30 kg de N por t de grano,
el requerimiento de N a aplicar por fertilización puede oscilar entre 50 y 150
kg de N según la disponibilidad de N en el suelo y la capacidad de mineralizar
mas N desde la Materia orgánica durante la próxima primavera, cuando el suelo
tenga temperatura y humedad suficiente.
Resuelta la dosis a aplicar, resta decidir sobre la fuente,
momento y modo de aplicación, considerando que cada fuente será correctamente
aplicada y en el mejor momento. Si bien el productor dispone de varias opciones
en cuanto a fuentes, éstas están muy fuertemente vinculadas a factores no
agronómicos, tale como logística, financiación, intervención gubernamental,
etc.
Otros nutrientes.
Además del N y del P, otros nutrientes como el azufre y
algunos micronutrientes como el cloro, el boro o el zinc han demostrado
incrementos de rendimientos. En el caso del azufre, el nivel de adopción es
importante y ya forma parte del paquete de fertilización de muchos productores.
Las respuestas mas frecuentes en cuanto se refiere a la mejor practica puede
resumirse en;
Fuente: En general son fuentes de azufre como
sulfato, de amonio, o de calcio, el popular yeso. Sin embargo este producto
puede tener diferentes presentaciones recomendadnos aquellos que puedan
garantizar un grao y una calidad determinada. La inscripción en SENASA es una
seguridad para el productor en cuanto a los porcentajes de S del fertilizante
adquirido. Es importante también considerar la granulometría y sobre todo, si
es granulada o pelletizado, o solamente yeso molido a la granulometría
declarada. En el primer caso, el yeso es molido a malla muy fina y aglomerado
mecánicamente por aditivos que una vez en el suelo, se disuelve rápidamente y
pone en contacto las partículas originales mas firmas, facilitando de esta
manera y una rápida disolución y disponibilidad para el cultivo.
Dosis. A diferencia del fósforo o el nitrógeno,
los análisis de suelo no son muy apropiados para evaluar la oferta desde el
suelo de azufre, ya sea inmediatamente disponible o durante el ciclo de cultivo.
En el estado de arte actual, se recomienda tomar en cuenta los valores de
extracción por el grano, que es función del rendimiento medios esperable. En
cuestión son entre 15 y 20 kg de S-SO4,
Momento. Con referencia al momento, las pocas
experiencias locales recomiendan la aplicación a la siembra, o durante los
momentos iniciales del crecimiento. Los principios científicos no obstante
indican que la tasa de absorción sigue aproximadamente la forma del crecimiento
y acumulación de biomasa, con sus máximos durante el macollaje hasta la
floración. Por lo tanto, aplicaciones de fuentes solubles durante este periodo,
al menos podría beneficiar la calidad panadera sino los rendimientos.
Colocación. Normalmente el yeso, no posee efecto
salino apreciable, por lo que no hay problemas de colocarlo en la misma línea
de siembra. Cuando el sulfato es anion acompañante de otra fuente, como el de
amonio, es posible en ese caso que el efecto salino y potencial de daño a la
semilla provenga del amonio, por lo que debe evitarse en esa situación la
colocación en la línea de siembra y hacerlo al costado.
Finalmente
En un año desalentador como este, los buenos productores
negociaran los contratos de alquiler con la misma fiereza que los propietarios
de la tierra, evaluaran las necesidades de flujo de caja para diciembre,
estimaran el agua almacenada y sacaran las cuentas ajustadamente antes de
decidir la siembra. Elegir el nivel de tecnología a aplicar, y en particular el
programa de fertilización, no debería recibir menor atención.
En consecuencia, planificar la próxima fertilización para
la campaña que viene, y en el contexto complicado que se advierte, el análisis
de suelo continúa siendo la primer y mejor opción antes de cualquier decisión
de dosis de fertilización para fósforo. Su nivel será decidido además en
consideración de las necesidades de la soja subsiguiente. De la misma manera El
azufre será probablemente aplicado como una mezcla a la siembra en una cantidad
que satisfaga no solo la demanda de trigo sino también la de la soja siguiente.
Los niveles para nitrógeno en cambio deberán decidirse sobre la base de
expectativas de rinde con una sintonía mas fina apelando a un balance que
incluya en la cuenta al valor de N –Nitratos residual y al contenido de
materia orgánica del suelo.
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