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Respuestas
y Diagnóstico de Respuestas a Nitrógeno y Azufre en el Cultivo de Maíz en el
Sur de la Pcia. de Santa Fe bajo Distintos Sistemas de Remoción del Suelo
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Jorge González
Montaner, Marcelo Di Napoli y Ezequiel Teco.
Cátedra de Cerealicultura,
Facultad de Agronomía, Universidad de Buenos Aires,
Av. San Martín 4453 (CP
1417) Buenos Aires. Argentina.
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Introducción
Una manifestación clara
del deterioro de los suelos es la pérdida de materia orgánica. Este fenómeno
es particularmente notable para el norte de la región pampeana (Michelena y
col. 1989; Andriulo 1995) y conduce a una disminución en el contenido de
nutrientes relacionados con la misma, como nitrógeno y azufre. Mientras que las
respuestas de los cultivos en la región son un fenómeno documentado desde hace
tiempo (Barberis y col. 1985), en los últimos años comienzan a aparecer
estudios que demuestran respuestas a la aplicación de S. En el oeste de la
región, las respuestas a S se asocian a elevados rendimientos (G.Montaner
com.pers.) y a una condición natural de bajos tenores de materia orgánica,
como los reportados para trigo por Ventimiglia y col (1998). En la zona norte se
ha detectado respuestas en el cultivo de soja (Martinez y col. 1998)
relacionadas a suelos con muchos años de uso agrícola continuo, en siembra
directa y con altos niveles de fertilización nitrogenada y fosfatada. Los
objetivos de este trabajo fueron: a-Analizar respuestas en rendimiento a la
aplicación de N y S en el cultivo de maíz, en función del sistema de
labranzas y b-Detectar variables de suelo, ambiente y manejo para elaborar
criterios tentativos de diagnóstico de estado nuticional azufrado.
Materiales y métodos
Se condujeron 27 ensayos
en lotes de producción de maíz durante los años 1994 a 1998, combinando
sistemas de laboreo y fertilización con N y S sobre un suelo Argiudol vértico
en Las Rosas, Pcia de Santa Fe. Los sitios empleados poseen historia agrícola
bajo labranza convencional, siendo soja el cultivo antecesor. El diseño
experimental fue parcelas divididas, asignándose el laboreo a la parcela
principal y la fertilización a las subparcelas. Los sistemas de laboreo fueron
agrupados en dos categorías: a-Con alta remoción de suelo (CR), 17 sitios
donde se emplearon distintas herramientas de labor principal (Reja; Cincel o
Subsolador) y b- Con baja remoción (SR), 10 sitios, empleando cultivadores o
sembradoras de directa. Los tratamientos de fertilización consistieron en:
a-Testigo (T0); b-Nitrógeno (N) y c- Nitrógeno +Azufre (NS). En el tratamiento
N se utilizó una dosis variable entre 30 a 45 kg de N/ha en forma de urea,
mientras que para el tratamiento NS la dosis de S varió de 20 a 30 kgS/ha en
función de la fuente empleada: sulfato de potasio (año '94), sulfato de amonio
o Sulfonitrato de amonio (años '95 a '98). Los tratamientos N y NS recibieron
una dosis de N equivalente dentro de cada ensayo para revelar el efecto aditivo
del S a partir de la diferencia de respuesta entre ambos tratamientos. En todos
los casos las aplicaciones se hicieron a la siembra del cultivo con
incorporación. La correcta nutrición fosforada se aseguró aplicando una dosis
de 80 a 100 de kgPDA/ha.
Previo a la siembra del
cultivo se tomaron muestras de suelo superficiales (0-20cm) para el análisis
de: carbono total (Ct); nitrógeno total (Nt) y sulfatos (Sin). Muestras hasta
los 60 cm de profundidad fueron empleadas para determinar el contenido de N-NO3
(Nin). A floración se determinó la densidad aparente superficial (Dap.
0-15cm). Sobre el cultivo, al estado de 4 a 6 hojas expandidas, se muestrearon
plantas del tratamiento T0 para determinar, en el jugo de base de tallos, la
concentración de NO3 (NO3JBT. González Montaner y col. 1992). A madurez del
cultivo se cosecharon plantas de cada tratamiento para evaluar rendimiento y sus
componentes, peso y número de granos.
Resultados y discusión
1-Condiciones
ambientales y variabilidad de rendimientos entre campañas:
Los rendimientos medios
fluctuaron desde 4809 kg/ha ('96) hasta 10007 kg/ha ('95) (Cuadro 1).
Cuadro 1:
Promedios de rendimiento, componentes y factores ambientales para las campañas
analizadas
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Lluvias |
T. med. |
T.máx. |
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Rinde |
NroGran |
Peso Gran |
Nov-Ene |
Febr. |
Oct-Ene |
Ene |
|
Año |
kg/ha |
Gran/m2 |
mg/gran |
mm |
C° |
|
94 |
9559 |
2957 |
323.3 |
496 |
113 |
21.8 |
29.6 |
|
95 |
10007 |
2934 |
341.1 |
258 |
154 |
22.0 |
30.7 |
|
96 |
4809 |
1636 |
294.5 |
325 |
65 |
22.8 |
33.5 |
|
97 |
7894 |
2933 |
289.2 |
458 |
102 |
21.1 |
29.4 |
|
98 |
9882 |
3272 |
301.4 |
323 |
84 |
21.5 |
30.4 |
Tanto el peso como el
número de granos contribuyeron a la variabilidad de rendimientos: los mayores
rindes del '95 y '98 se produjeron por el alto número de granos ('95 y '98) y
por el peso de los mismos ('95). El peso de granos estuvo básicamente
determinado por la condición hídrica del período de llenado, como lo indica
la elevada asociación entre las lluvias de febrero y este componente de
rendimiento (r=+0.85). La variabilidad en el número de granos estuvo motivada
por el estado hídrico del cultivo y el ambiente térmico. Así es que para la
campaña 96, las elevadas temperaturas durante el período vegetativo, que
acentuaron la deficiencia hídrica, y las temperaturas máximas de enero,
determinaron la deficiente fijación de granos de ese año.
2-Respuestas a la
fertilización
En el Cuadro 2 se
muestran los promedios de rendimiento testigo, magnitud y frecuencia de
respuestas a la fertilización para las poblaciones con y sin respuesta en cada
sistema de remoción de suelo. Para la condición CR en solo 2 de los ensayos
(11.7%) se obtuvieron respuestas exclusivas a N, con un rinde testigo de 9252
kg/ha y una respuesta media de 740.5 kg/ha. Las respuestas a S ocurrieron en 3
sitios (17.6%) con un promedio de incremento en rinde de 1193 kg/ha, y la
aplicación conjunta de N y S generó respuestas significativas en el 23.5% de
los ensayos, con un incremento de rendimiento promedio de 1945 kg/ha. En la
mayor proporción de casos (47%) no se obtuvieron respuestas a ninguno de los
nutrientes estudiados.
Cuadro 2:
Rendimiento testigo (T0), respuestas a N (N), S (S), N+S (NS) y frecuencia de
respuestas (n) para las distintas poblaciones de respuesta en los sistemas con
remoción (CR) y sin remoción (SR).
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Respuesta promedio |
|
|
T0 |
N |
S |
NS |
|
Sistema |
Grupo de Rta |
n |
Kg/ha |
|
CR |
N |
2 |
9252 |
740.5 |
-120.5 |
620 |
|
S |
3 |
4223 |
-354.1 |
1193 |
838.8 |
|
NS |
4 |
8304 |
964.8 |
980.3 |
1945.0 |
|
S/Rta |
8 |
8126 |
-217.8 |
135 |
-82.8 |
|
SR |
N |
3 |
8708 |
1408.3 |
-318 |
1090.3 |
|
S |
1 |
7772 |
127.0 |
1779.0 |
1906.0 |
|
NS |
6 |
8017 |
1265.0 |
889.7 |
2154.7 |
|
S/Rta |
0 |
- |
- |
- |
- |
No hubo diferencias
significativas entre las poblaciones de respuesta para la variable N-NO3 en
suelo a la siembra del cultivo (Cuadro 3). Por el contrario, los contenidos de
Ct y Nt fueron levemente inferiores y la concentración de NO3JBT fue
significativamente menor en los ensayos con respuesta a N y NS en comparación a
los del grupo sin respuesta. Estos resultados tienden a confirmar que la
mineralización de N define el potencial de absorción y por ende, las
respuestas al agregado de fertilizante (Di Napoli y col. 1996; Di Napoli y
González Montaner. 1997)
Los niveles promedio de
S-SO4 iniciales fueron similares entre los grupos de respuesta, fluctuando entre
19 ppm y 21 ppm para las poblaciones con respuesta a N y sin respuesta
respectivamente. Estos valores son muy superiores a los determinados por otros
autores en suelos molisoles del centro y sur de la provincia de Buenos Aires
(Mizuno y col. 1990, San Martín y col. 1995). Las limitadas referencias en
cuanto a umbrales de este elemento en suelo señalan valores críticos
inferiores a las 10 a 12 ppm de S-SO4 en muestras de suelo superficiales para la
mayoría de los cultivos (Ankerman y Lange. 1988, Fox y col. 1964).
Cuadro 3:
Parámetros de fertilidad promedios de las distintas poblaciones de respuesta en
los sistemas con remoción (CR) y sin remoción (SR).
|
|
Nin |
Sin |
Ct |
Nt |
Dap |
NO3JBT |
|
Sistema |
Grupo de Rta |
KgN/ha |
ppm |
% |
Ton/m3 |
Mg/l |
|
CR |
N |
90.5 |
57.0 |
1.69 |
0.151 |
1.15 |
3212 |
|
S |
100.4 |
62.7 |
1.88 |
0.160 |
0.99 |
4048 |
|
NS |
117.3 |
62.9 |
1.61 |
0.118 |
1.10 |
2290 |
|
S/Rta |
94.1 |
64.7 |
1.8 |
0.139 |
1.10 |
3940 |
|
SR |
N |
122.9 |
68.1 |
1.71 |
0.142 |
1.23 |
2726 |
|
S |
118.4 |
63.6 |
1.69 |
0.133 |
1.30 |
2200 |
|
NS |
58.6 |
48.2 |
1.62 |
0.148 |
1.30 |
2070 |
|
S/Rta |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
Existe una estrecha
asociación entre la conversión microbiana del N y S, aunque el N parece ser
más sensible a los factores que regulan la intensidad del proceso (Tabatabai y
col. 1980, Echeverría y col. 1996), indicando diferencias en la naturaleza del
sustrato mineralizable entre estos elementos. La mayor sensibilidad a la
mineralización del N orgánico respecto del S sugiere que las respuestas a este
último se dan en condiciones más severas de degradación de suelos, sucediendo
a las deficiencias de N. Esto parece confirmarse a partir de los menores valores
de Ct y Nt registrados en la población con respuesta conjunta a N y S (Cuadro
3).
En el grupo de ensayos
con baja remoción del suelo (SR), tanto la magnitud como la frecuencia de casos
con respuesta se incrementaron (Cuadro 2). Las respuestas a N ocurrieron en el
33% de los ensayos promediando 1408 kg/ha, el incremento de rendimiento en el
grupo de respuesta conjunta a N y S fue de 2155 kg/ha (60 % de los sitios),
mientras que se registró un solo ensayo con respuesta exclusiva a S. La
restricción en la oferta nutricional causada por el menor disturbio impuesto
con estos sistemas de laboreo también es evidente a partir de falta de ensayos
sin respuesta. La alta frecuencia de casos con respuesta a NS se corresponde con
los menores valores de disponibilidad edáfica inicial para ambos nutrientes;
bajos contenidos de Ct y valores de concentración de NO3JBT (Cuadro 3). Estos
últimos, inferiores al umbral de suficiencia nitrogenada establecido para este
cultivo (Gonzalez Montaner y col. 1992). A partir de estas observaciones, fue
posible elaborar relaciones de respuesta a N+S a partir de la concentración de
Ct (Gráfico 1) y del contenido de N-NO3 a la siembra (Gráfico 2). En ambos
casos se observa que el efecto adicional del S por sobre el N aumenta conforme
disminuye la fertilidad del sitio. El hecho de que el Nin caracterice mejor que
el Sin el comportamiento del cultivo a la fertilización azufrada, tal vez esté
relacionado con la falta de calibración de un método analítico adecuado a
nuestros suelos y a que, en gran parte, la interacción SN podría explicarse
como la respuesta a N en ausencia de S limitante.
Independientemente del sistema de laboreo, las respuestas a S y N son
frecuentemente concurrentes (Gráfico 3). Este hecho es consecuencia de que
ambos nutrientes se encuentran afectados, aunque con diferente intensidad, por
los mismos procesos de tranformación en el sistema suelo-planta.
Debido a esto, las
respuestas a S pueden ser parcialmente explicadas por un indicador de nutrición
nitrogenada, como el caso del Nin en los sitios SR y por la concentración de
NO3 en planta para el conjunto de datos experimentales con excepción de los
resultados de un sitio (CA) (Gráfico 4). Las razones por las cuales en CA las
respuestas a S son independientes a la de N no son posibles de dilucidar en el
presente trabajo.
Conclusiones:
El laboreo del suelo
alteró las respuestas a la fertilización. En los sitios con poca remoción, se
incrementaron tanto la magnitud como la frecuencia de respuesta a N y S.
El nitrógeno inicial,
que no se revela como una variable diagnóstico para las respuestas a N y/o SN
en labranzas convencionales se muestra como un interesante diagnosticador en
sistemas de baja remoción.
Las respuestas a N y S
estuvieron en gran medida asociadas debido a la concurrencia de procesos de
transformación de ambos nutrientes. No obstante, existen variables de sitio no
identificadas en este estudio que alteran esa asociación.
A partir de la
covariación de respuestas entre N y S, para la mayoría de las situaciones las
respuestas a S fueron parcialmente explicadas con la concentración de NO3 en
planta. No obstante, la necesidad de calibrar herramientas específicas para el
diagnóstico de estado nutricional azufrado es evidente a partir de la falta de
concordancia de respuestas entre N y S para un sitio en particular. Resultados
promisorios de un test específico de sulfatos serán próximamente reportados.
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Rillo S. 1998. Azufre: Para comenzar a pensar. Agromercado, Nro XXI. Cuadernillo
de Trigo.
Agradecimientos: Los
autores agradecen la inestimable colaboración de los responsables de los
establecimientos: Daniel Boca, Edgardo Alcalá, Ricardo Vibart y al permanente
apoyo y sugerencias de Andrés Von Buch.
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