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Mejorando los aspectos nutricionales de los recursos
forrajeros de verano
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Lic. Ma. del Pilar Muschietti
Piana
Facultad de Agronomía - UBA muschiet@agro.uba.ar
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El área a sembrar de cultivos forrajeros de verano viene
creciendo anualmente. Este fenómeno se explica fundamentalmente por la
necesidad de los productores de estabilizar la producción de forraje todo el año,
y en menor medida, por el fortalecimiento del concepto de las rotaciones
impulsado por la tecnología de siembra directa.
En nuestro país, la superficie implantada por las
principales especies forrajeras de verano la encabeza el maíz con 827 mil hectáreas,
y representa el 13 % del total; el sorgo forrajero ocupa 523 mil hectáreas,
contribuyendo con el 4 % de la superficie total.
La producción del cultivo de sorgo a nivel mundial ocupa el
quinto lugar entre los cereales (luego del arroz, el maíz, el trigo y la
cebada), con una producción de 60 millones de toneladas. En Argentina, la
producción de sorgo puede resultar ventajosa, siendo que el cultivo ha mostrado
una gran adaptación a sus diferentes áreas productivas. Debido al gran aporte
de residuos de cosecha, incluir sorgo granífero en las rotaciones agrícolas,
puede mejorar las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo. Además,
puede contribuir a controlar la erosión hídrica y a la fijación de carbono.
El sorgo granífero compite en la rotación con otros cultivos estivales y puede
ser implantado en zonas donde el maíz no es rentable al coincidir las
condiciones de sequía con el período crítico del cultivo, como ocurre con
frecuencia en el Norte de la Región Pampeana. Así, el grano de sorgo con fines
de alimentación animal puede complementar o desplazar al grano de maíz. Por
otro lado, la rentabilidad del sorgo en rotación se ve limitada por la baja
producción obtenida debido a ciertas limitaciones de índole nutricional.
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