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Materia
Orgánica y Nutrientes en Suelos del Sur Bonaerense. Relación con la textura y
los sistemas de producción
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Juan A.
Galantini1,
María R. Landriscini2 y Rodrigo Fernández3
1CIC (Pcia. Bs.As.) - CERZOS; 2CONICET;
3LAHBISDpto. Agronomía -UNS, 8000 Bahía Blanca
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En el sur bonaerense, la textura de los suelos y los sistemas de producción son
los factores que más afectan la variación de los niveles de MO, de nutrientes
y su disponibilidad para los cultivos. Durante la mineralización, la mayor
concentración (Factor intensidad) de N y S en suelos arenosos y la mayor
cantidad (Factor cantidad) de estos nutrientes en suelos arcillosos tenderían a
compensar la disponibilidad edáfica. Pero por otro lado la intensificación de
las labranzas según el sistema de producción en uso acentúan la pérdida de
la MO menos trasformada y relacionada con la disponibilidad de nutrientes en el
corto plazo.
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La materia orgánica y
sus fracciones
La fuente más
importante de S para los cultivos es la materia orgánica (MO) del suelo. Esta
es una mezcla de compuestos orgánicos de complejidad variable, desde los
residuos poco transformados hasta el material altamente humificado. Ambos
extremos tienen características, propiedades y composición diferentes, las que
afectan su velocidad de descomposición, así como la cantidad de nutrientes
liberados. Estas diferencias en el estado de trasformación de la MO permite
distinguir fracciones que se caracterizan por sus diferentes efectos debido a su
calidad o resistencia a la degradación. Los cambios en estas fracciones, sea
por efectos naturales o de manejo, así como su relación con la disponibilidad
de S, son de fundamental importancia para entender la dinámica del S en el
sistema suelo - planta.
En los últimos años se
prestó especial atención a la separación de dos fracciones orgánicas: la MO
humificada o asociada con la fracción mineral (MOM) y la MO joven o
particulada (MOP). La primera es una fracción estable en el tiempo, difícil de
degradar por su estructura muy compleja y diferente a las del material que le
dan origen. De allí que normalmente hablamos de una composición transformada.
Este alto grado de transformación a su vez va acompañado de diferentes formas
de protección (la protección física en microporos por la asociación con las
partículas minerales del suelo o la protección biológica realizada por
microorganismos) que la hacen resistente a la degradación. Por el contrario, la
MO jóven es una fracción menos transformada y por su menor grado de
asociación con la parte mineral del suelo resulta una fracción mas susceptible
a la oxidación. Constituye la parte más dinámica de la MO del suelo y se
encuentra asociada a la disponibilidad de los nutrientes (N, P y S) en el corto
plazo. Numerosos investigadores han propuesto a esta fracción como un
parámetro indicador del estado o calidad del suelo y de su capacidad para
proveer nutrientes.
Si bien la separación
de las dos clases de MO permite cuantificar una fracción más transformada,
más resistente y con menor participación en la dinámica de los nutrientes
necesarios para los cultivos en el corto plazo; ambas han demostrado cumplir
papeles diferentes dentro de la amplia gama de propiedades benéficas de la MO
del suelo.
Otra forma de estudiar a
la MO del suelo es a través de una separación química que permite extraer
diferentes moléculas orgánicas, desde las más sencillas hasta las mas
complejas; una metodología de fraccionamiento mas antigua. De ésta se obtienen
los ácidos fulvicos (AF), ácidos húmicos (AH) y las huminas. Las dos últimas
constituyen la parte mas estable de la MO, la mas transformada y asociada a la
fracción mineral, mientras que los AF constituyen las moléculas orgánicas mas
sencillas y fáciles de romper u oxidar.
Las diferencias en la
composición, en la velocidad de transformación y en los niveles de protección
de las fracciones de la MO se traducen en diferencias en contenidos y en la
disponibilidad de los nutrientes derivados de ellas, tal como el S.
La textura y la calidad
de las fracciones orgánicas
El aumento del contenido
de material fino del suelo (limos + arcilla) normalmente se asocia a incrementos
en la MO debido a la mayor protección a la descomposición que ejerce la parte
mineral. En la región semiárida y subhúmeda bonaerense, sobre suelos con
pasturas naturales de variada textura se observó que en la capa superficial
(0-15 cm) de los suelos de texturas mas finas tenían mayores contenidos de S
total (Figura 1). Sin embargo, estos los mayores contenidos de S no implicaron
necesariamente una mayor disponibilidad, dado que ésta característica estaba
mas fuertemente asociada a la MO estable (MOM) y en menor medida a la joven
(MOP).
Figura 1: Contenido de
S total y en las fracciones de la MO humificada (S-MOM) y particulada (S-MOP)
en suelos sin cultivar de textura variable
A su vez, la menor
concentración de N y S disponibles, se presentó en las fracciones más
transformadas (MOM) de los suelos con textura mas finas. Pero como las texturas
mas finas están asociados a mayores niveles de MO, las cantidades de N y S
total también aumentan en la medida que lo hace el limo y la arcilla (Figura
2). Es decir, los suelos arenosos poseen menor contenido de la materia orgánica
transformada, pero ella es más rica en N y S. Por otro lado se observó que
tanto la MO jóven, como los nutrientes disponibles en esta fracción, fueron
semejantes en los diferentes suelos, independientemente de su textura.
Figura 2:
Concentración y contenido de N y S en las fracciones orgánicas de suelos con
diferente textura
Estos resultados
indicarían que durante la mineralización de la MO, la mayor concentración (en
suelos arenosos) y la mayor cantidad (en suelos arcillosos) de N y S tienden a
compensar la disponibilidad edáfica. Esto sería debido a que en situaciones
adversas, como menor disponibilidad nutricional o déficits hídricos,
frecuentes en los suelos arenosos, los microorganismos pueden modificar el flujo
de nutrientes. Este concepto es similar al de los factores intensidad (I) y
cantidad (Q) usado para describir la disponibilidad de fósforo asimilable.
El efecto de las
prácticas agronómicas
En la Estación
agropecuaria del INTA de Bordenave se estudió el cambio en el contenido de MO
del suelo en 18 sistemas de producción comparados con una pastura con más de
25 años. A efectos del análisis los sistemas de producción se agruparon en
las tres rotaciones que se indican en la Tabla 1.
Las pérdidas de MO en
cada uno de los grupos respecto del testigo fueron del 10, 20 y 30%,
respectivamente. Se puso en evidencia que la susceptibilidad a la degradación
de las fracciones de la MO resultó notoriamente diferente entre ellas. La MO
jóven fue la más sensible, en concordancia con estudios recientes. Las
pérdidas registradas fueron entre el 51 y 66%; mientras que los valores de MO
humificada oscilaron alrededor del 15%; cambios notablemente inferiores a los de
la otra fraccion.
Tabla 1: Contenido de
materia orgánica en diferentes fracciones y variación respecto a un suelo
con diferentes manejos y sin cultivar luego de 9 años
Los nutrientes
contenidos en la fracción joven de la MO están fácilmente disponibles para
los cultivos y pueden ser utilizados como indicadores de la fertilidad actual
del suelo. Sin embargo, las diferencias en las velocidades de descomposición
resultan en una mayor variabilidad en la disponibilidad de los nutrientes
(Figura 2 a). Esto surge de los cambios en cantidad y calidad de los aportes de
rastrojos en las rotaciones de cultivos. Los nutrientes asociados a la MO
humificada no están inmediatamente disponibles debido a que esta fracción es
más resistente a la descomposición. Esto la hace más estable al efecto de las
labranzas y sistemas de producción y su relación con el S es más bien
constante (Figura 2b).
Figura 2: Contenido de
S y relación con la MO en la fracción fina y gruesa en suelos cultivados
Cuando se compara la
cantidad de Carbono en las fracciones de MO de un suelo testigo sin cultivar y
otros dos bajo diferentes rotaciones (Tabla 2) se ve que las pérdidas
más significativas se dieron en el Carbono de la MO jóven acentuándose este
efecto con la intensidad de las labranzas. Las fracciones de la MO transformada
(AF, AH, Huminas) son algo más estables, no observándose diferencias entre el
suelo sin cultivo bajo pastura, pero sí en la rotación con cultivos anuales.
El predominio de cultivos con labranzas anuales, incluyendo estivales, originó
pérdidas tanto de la fracción mas simple del Carbono de la OM (Acidos
Fúlvicos) como de la fracción más resistente (huminas).
Tabla 2: Distribución
del C en diferentes fracciones orgánicas de un suelo testigo y luego de 9
años con dos rotaciones diferentes.
| |
Carbono Orgánico
del suelo (t/ha) |
|
Rotación |
Humificado |
Jóven |
Total |
| |
A.Fúlvico |
A.Húmico |
Humina |
Total |
|
(COT) |
|
Sin Cultivo
|
3.45 |
5.42 |
8.03 |
16.89 |
7.11 |
24.00 |
|
Pastura – Trigo
|
3.96 |
6.07 |
7.30 |
17.33 |
3.50 |
20.83 |
|
Girasol - Trigo |
1.99 |
5.23 |
3.93 |
11.16 |
2.18 |
13.34 |
Suelo no cultivado:
Referencia. Mg= Tn
Como es lógico, este
comportamiento también se reflejó en los nutrientes (Tabla 3). La cantidad de
N, P y S disminuyó con la intensidad del laboreo, pero las pérdidas fueron
más importantes en la MO jóven. A diferencia de lo observado en la fracción
fina (Carbono de la MO humificada), la rotación trigo-girasol tenía contenidos
de S más elevados que la rotación con pastura. Esto pondría en evidencia que
la calidad de los aportes orgánicos pueden tener importancia en el contenido de
S en la fracción MO jóven, la que representa la fertilidad actual.
Tabla 3: Distribución
del N, P y S en diferentes fracciones orgánicas de un suelo no cultivado y
luego de 9 años con dos rotaciones diferentes.
| |
MO humificada |
MO jóven |
|
Rotación |
N |
Po |
S |
N |
Po |
S |
| |
Kg /ha |
|
Sin cultivo
|
1626 |
156 |
218 |
989 |
163 |
110 |
|
Pastura – Trigo
|
1295 |
169 |
171 |
446 |
26 |
20 |
|
Girasol - Trigo |
981 |
128 |
149 |
431 |
26 |
78 |
Otras observaciones
surgieron al comparar una secuencia de trigo continuo respecto a la rotación
con leguminosas (Figura 3). La disminución del S contenido en la fracción
humificada como en la MO joven fue menor cuando se incluyeron leguminosas
(trébol) indicando que éstas favorecerían el mantenimiento de las fracciones
orgánicas así como del S contenido en ellas.
Figura 3: Cambios
en el contenido de azufre en dos sistemas de producción respecto a un suelo
no cultivado. MOM: materia
orgánica humificada. MOP: materia orgánica joven. TT: trigo-trigo, TL:
Trigo-leg.
El Ciclo del azufre (S)
y su relación con las fracciones orgánicas
El azufre (S) es el
elemento necesario en mayor cantidad, luego de los macronutrientes principales
(N, P y K). En muchos cultivos su contenido es similar al del fósforo y su
importancia es semejante a la del N y a la del P en la formación de las
proteínas.
La principal fuente de S
para las plantas son los sulfatos de la solución del suelo, los que se
encuentran en equilibrio dinámico con la materia orgánica (MO) y los minerales
y dependen de los aportes y pérdidas del sistema.
Pérdidas:
La principal salida de S
en los sistemas productivos es a la extracción periódica por las cosechas, sea
de grano, pasto, carne, etc.
Las precipitaciones
abundantes favorecen la lixiviación de los sulfatos de la solución del suelo,
aunque las pérdidas pueden ser menores que las de nitratos. En estos casos
también se puede observar pérdida por escurrimiento superficial. En
situaciones de alta disponibilidad hídrica y cuando predominan las condiciones
de anaerobiosis se pueden producir por volatilización de las formas gaseosas,
como SH2.
Aportes:
La incorporación del
material vegetal y animal muerto contribuye a mantener los niveles de S en la MO
del suelo. Los aportes de S también pueden provenir directa (absorbido en forma
gaseosa) o indirectamente (junto con las lluvias) del SO2
atmosférico. Si bien las lluvias pueden lavar los SO4=
del suelo, también son una fuente importante de este elemento, que puede variar
entre 1 y 100 kg de S ha-1 año-1, dependiendo de la
cantidad, época del año y de la proximidad a las zonas urbanas o industriales.
Los fertilizantes son otra fuente de S, ya sean en forma de sulfatos o en forma
elemental, el que será oxidado a sulfato por los microorganismos del suelo.
En las regiones áridas,
donde las escasas lluvias favorecen la acumulación de las formas inorgánicas,
el S puede precipitar como sulfatos (de Ca, Mg, Na), co-cristalizar o
co-precipitar como impurezas con el CaCO3, adsorberse a los óxidos
de Fe y Al o formar precipitados insolubles tal como el BaSO4. En
caso contrario, la mayor parte del S edáfico (hasta el 98%) puede estar
presente como compuestos orgánicos, asociados con una mezcla heterogénea de
residuos vegetales y animales, sustancias húmicas y microorganismos del suelo
Por lo tanto, la principal fuente de S del suelo es el proveniente de la
mineralización de la materia orgánica (MO), especialmente en regiones húmedas
y en suelos arenosos.
En este sentido, es
necesario considerar que las diferentes fracciones orgánicas del suelo tienen
características, propiedades y composición diferentes, las que afectan la
velocidad de descomposición, así como la cantidad de nutrientes liberados.
El S orgánico (So)
puede estar unido directa (C-S) o indirectamente (C-O-S) al C, asociado a
aminoácidos tales como la cisteína y la metionina. Forma parte de las
estructuras aromáticas de las sustancias húmicas, de los materiales semi
transformados y del tejido microbiano.
Existe un paralelismo
entre la evolución del C, N y del S del suelo en el curso del tiempo. La
relación C:N:S en la MO es generalmente 100:10:1, dependiendo de las
características de los suelos, particularmente la cantidad y calidad de la MO,
pH y sistema de producción (labranzas, fertilización, rotación de cultivos,
etc.).
El S microbiano puede
representar entre el 1,5 al 5% del So del suelo. En los
microorganismos la relación C:S es muy variable, oscilando entre 57-85:1 y
llegando en condiciones de déficit o competencia a 100:1, mientras que la
relación N:S es alrededor de 10:1. Los procesos de mineralización e
inmovilización del S son análogos a lo que sucede con el N. El valor crítico
para la paja de cebada es de 1,3 g de S por kg de materia seca o una relación
C:S aproximadamente de 340. El agregado de residuos con alta relación C:S
(>400) inmoviliza el S disponible, mientras que con baja relación (<200)
hay mineralización. El S mineralizado es muy variable, entre el 1,7 y 3,1 % del
So, llegando en algunos casos hasta el 3-6%. Esto representa entre 7
y 49 kg S /ha/año, según autores.
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