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Manejo
del Fósforo en Sistemas de Siembra Directa
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Autores: Martín Díaz-Zorita (1,2) y
John H. Grove (2) 1
EEA INTA General Villegas, Argentina y 2 Universidad de Kentucky, USA
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Los nutrientes aplicados
al fertilizar pueden clasificarse según su modo de reaccionar con el suelo en
"móviles" o "inmóviles". Los primeros, tal el caso del
nitrógeno, reaccionan muy poco con el suelo luego de su aplicación y se mueven
en forma relativamente "libre" a través del perfil del suelo en
general en la dirección de movimiento del agua. Los nutrientes
"inmóviles" son aquellos que luego de aplicados reaccionan con el
suelo en tal manera que se mueven muy poco desde su sitio en el que entran en
contacto con el suelo porque se producen reacciones cuyos productos presentan
una solubilidad menor a la presente en el fertilizante. Fósforo, manganeso y
zinc son los 3 elementos con mayores "inmovilidad".
En general, los cultivos
no captan mas del 15 - 25 % del P aplicado anualmente siendo la cantidad no
disponible (fijada) dependiente de la acidez y la mineralogía del suelo. La
mayor disponibilidad se logra en condiciones de pH entre 6 y 7, por debajo de 6
aumenta la formación de productos con hierro o aluminio y por sobre pH 7 - 7.5
los productos son dominados por calcio.
Los riesgos de pérdida
de P por lavado (lixiviación) son mínimos y ocurren luego de la saturación de
los sitios de fijación bajo condiciones de muy altas aplicaciones de P tal el
caso de suelos arenosos con altas aplicaciones de estiércol u otros productos
ricos en P. El transporte superficial de P es factible como consecuencia de la
pérdida de suelo por procesos erosivos que generen el transporte de partículas
minerales finas (materia orgánica, arcillas) sobres las que se encuentren
retenidos los fosfatos, condición poco frecuente en sistemas de siembra
directa.
En el contexto de baja
movilidad de los fosfatos luego de aplicados en el suelo, la eficiencia en el
uso de fertilizantes con P dependerá de su interacción con propiedades
edáficas (nivel de P en el suelo, pH, contenido y tipo de arcillas) y de la
ubicación del fertilizante en relación con el sistema radical del cultivo. Los
estudios de manejo de manejo de P en sistemas con labranzas son abundantes y en
gran medida concluyentes sobre la necesidad de localización de P en bandas
incorporadas en el suelo cercanas a las raíces para minimizar las reacciones
con el suelo y minimizar su fijación en suelos con niveles bajos a muy bajos de
P pero no así en condiciones de moderada a alta disponibilidad del nutriente.
En sistemas de siembra directa la información no es tan abundante y en muchos
casos contradictoria por lo que en este artículo pretendemos presentar algunos
de los elementos a considerar para el diseño de estrategias de manejo eficiente
del P para suelos bajo sistemas estables de cero labranza.
Variabilidad espacial y
vertical de los niveles de fósforo extractable y su relación con estrategias
de muestreo de suelos
El primero de los
elementos requeridos para el diagnóstico de requerimientos de fertilización es
el conocimiento de las condiciones actuales de disponibilidad del elemento a
aplicar y de otras propiedades que afecta su eficiencia de aprovechamiento. En
este marco, el diseño de una estrategia de muestreo del suelo dependerá del
conocimiento de las fuentes más notorias de variabilidad tanto horizontales
(lote) como verticales (perfil del suelo).
Las posiciones en el
relieve constituyen el primer factor de variación espacial de los
niveles de P los que son independientes del sistema de manejo y estrechamente
vinculados con la textura y contenidos de materia orgánica. En general, mayores
contenidos de P se asocian con la presencia de mayores contenidos de partículas
minerales finas y/o de materia orgánica.
El manejo previo del
suelo tiene un efecto importante sobre la generación de variaciones espaciales
en los niveles de P. En el caso de condiciones de cultivos agrícolas continuos
sin fertilización con P estas son de menor magnitud que en sistemas de
producción ganadera con pastoreo directo o bajo agricultura con fertilización
fosfatada ocacional en bandas incorporadas en el suelo. Por ejemplo, en un
estudio desarrollado en América (Buenos Aires) se observó que el sistema de
pastoreo implementado afecta en manera significativa la proporción de suelo
cubierto con las heces, pastoreos con altas cargas instantáneas resultan en una
mejor distribución de heces que cuando la carga animal es de menor magnitud
(Díaz-Zorita, 2000). Recordemos que las heces son el recurso básico para el
ciclado de P en el sistema ganadero por lo que su distribución tiene un impacto
significativo sobre los traslados de fertilidad en estas empresas. En la Figura
1 se observa que los niveles de P, en un lote topográficamente uniforme,
resultaron afectados por la presencia de estructuras de producción tal como el
caso de parcelas de pastoreo en relación con la presencia o no de aguadas en
estas durante un solo ciclo de producción de la pastura (Díaz-Zorita, 1999).
Fig. 1: Efecto de la
ubicación de aguadas sobre el nivel de fósforo extractable (Bray Kurtz 1) en
un Hapudol éntico en sistemas de pastoreo intensivo (Adaptado de Díaz-Zorita,
1999). Letras diferentes en cada columna indican diferencias significativas
entre tratamientos (p<0.05).
La distribución
espacial de P es sensible a los sistemas de labranza y métodos de
fertilización utilizados (Rehm y col. 1995). Tal como lo hemos descripto en la
introducción, los fosfatos del fertilizante al reaccionar con diferentes
elementos presentes en el suelo dan origen a compuestos de baja solubilidad que
persisten en el suelo cuya concentración dependerá de la concentración
específicamente aplicada en contacto con el suelo. En la figura 2 se observa
que a partir de niveles similares de P disponible, la aplicación de una misma
dosis de P2O5 indujo a aumentos significativamente mayores
en P cuando la distancia entre bandas fue mayor dado por un aumento en la
concentración de P aplicado en contacto con el suelo. Estudios desarrollados en
Colorado (EEUU) recomiendan que en lotes donde se han realizado aplicaciones de
P en bandas y estas son localizables, el número mínimo de muestras a tomar en
el sector entre las bandas (M) por cada muestra tomada sobre la banda puede
calcularse empleando la siguiente fórmula: M = 0.26 x Distancia entre
bandas (cm). Si las bandas no pueden ser localizadas con precisión las
muestras deben tomarse perpendiculares a la dirección de las bandas y
equidistantes a una distancia equivalente a la mitad de las distancias entre
bandas. En la medida que la aplicaciones de P en las bandas hayan sido de mayor
concentración (altas dosis o mayor distancia entre bandas) las posibilidades de
muestreos precisos, en términos económicos y logísticos, disminuyen (James y
Hurst, 1995). Recordemos que en suelos con historias de aplicaciones de P en
bandas incorporadas o en superficie heterogéneas la toma de pocas muestras
tiene alta probabilidad de resultar en sobreestimaciones o subestimaciones de
los niveles de P y consecuentemente en recomendaciones erróneas de
fertilización (Westfall y col. 1991).
Fig. 2: Efectos de la
dosis y del distanciamiento entre bandas de fertilización con P sobre los
niveles extractables (método Olsen) en dos suelos de textura franco fina de
Colorado, EEUU (Adaptado de Westfall y col. 1991)
Los métodos de
muestreo para identificar variaciones espaciales, en especial relacionadas
con factores de relieve, son abundantes, desde la interpretación de imágenes
satelitales hasta los muestreos en grilla o dirigidos según tipos de suelos
mapeados en lote o según áreas consideradas relativamente homogéneas en
términos de relieve o de manejos anteriores. En este punto es importante
considerar que el tamaño del área a identificar como distinta y generadora de
variabilidad debe ser de tal magnitud que permita el manejo diferencial de las
aplicaciones diagnosticadas de P (manejo por sitio específico) y no resulte en
una información meramente anecdótica. En general, los muestreos de suelos en
grillas para aplicaciones de dosis variables de P varían desde menos de 30 m de
equidistancia en suelos nunca evaluados a equidistancias no mayores a 60-100 m
(Franzen and Peck, 1995; Wollenhaupt, 1994). No obstante aún en condiciones de
alta variabilidad en los niveles de P dentro de un mismo lote las expectativas
de compensación económica de muestreos tan intensivos para el desarrollo de
sistemas de fertilización con P por sitio específico son mínimas (Lauzon and
O'Halloran, 1998; Thomas y col. 2000).
Una atención especial
requieren el conocimiento de la variación vertical en la distribución
de P determinado por el sistema de labranza empleado. En sistemas continuos de
siembra directa, una de las mayores diferencias con los sistemas bajo laboreo es
la estratificación de los nutrientes dentro de la zona de exploración radical
dando origen a varios interrogantes tales como su efecto sobre su efecto sobre
el desarrollo y actividad de las raíces y sobre la validez de los muestreos
tradicionales (0 a 20 cm) de suelos elaborados sobre la base de condiciones
de distribución de P relativamente uniformes dentro de la capa evaluada. La
estratificación de P en siembra directa es un problema que requiere del
monitoreo uniforme en la profundidad de muestreo, pequeñas variaciones en el
espesor evaluado pueden conducir a resultados erróneos según la presencia
relativa de la capa superficial con alta concentración de P con relación al
resto del suelo con menor nivel de P (Bullock, 2000). Esta estratificación no
solo tiene implicancias económicas (disponibilidad efectiva de P para las
plantas y eficiencia en el uso del fertilizante) sino también ambientales al
ofrecer un sustrato rico en P en la capa de suelo con mayor potencialidad de
pérdida por transporte hídrico o eólico.
En la tabla 1 podemos
observar que los patrones de distribución de raíces, en este caso de maíz,
son similares a los de la estratificación de nutrientes según el sistema de
labranza utilizado. Las raíces tienden a concentrarse en las mismas zonas de
concentración de los nutrientes por lo que en condiciones de ausencia de
limitación hídrica severa, y desde el punto de vista de la nutrición del
cultivo, la estratificación del P en sistemas de siembra directa no sería
relevante.
Tabla 1: Distribución
vertical de niveles de P extractable (Bray Kurtz 1) y de raíces de maíz en
un suelo de Indiana (EEUU) según 3 sistemas continuos de labranza (Adaptado
de Mengel, 1983).AR = arado de rejas, AC = cinceles, SD = siembra directa
En términos generales,
es conveniente la evaluación mas completa del espesor de suelo explorable por
las raíces que en el caso de sistemas de siembra directa, tal lo presentado en
la tabla 1, se concentra en los primeros 10 cm del perfil (Mengel, 1983). La
interpretación de estos resultados no es sencilla, los estudios de calibración
de respuestas al agregado de P bajo siembra directa no son tan abundantes como
los disponibles para sistemas con remoción por laboreo. Estudios realizados en
Kentucky (Grove, datos inéditos) , coincidentes con evaluaciones en el suedeste
bonaerense (Berardo, com. pers), muestran que los niveles críticos de respuesta
llegan casi a duplicarse cuando se consideran muestreos superficiales de suelos
bajo siembra directa que cuando el espesor de suelo evaluado es el
tradicionalmente recomendado para sistemas bajo prácticas con remoción (Fig.
3). En ausencia de modelos de diagnóstico ajustados sobre la base de sistemas
de siembra directa con significativa estratificación de P sería conveniente el
mantenimiento de las evaluaciones en la profundidad recomendada por el método
de diagnóstico tradicionalmente empleado. Resultados de 26 experiencias de
fertilización con P en soja y en maíz realizadas en Iowa (EEUU) mostraron que
la estratificación del P en sistemas de siembra directa no sería un factor de
importancia para la interpretación de análisis de suelos y elaboración de
diagnósticos de fertilización basados en los elaborados para sistemas con
remoción de suelos (Mallarino y Borges, 1997).
Fig. 3: Respuesta
relativa de soja o maíz en siembra directa en relación con los niveles de
P en un suelo de Princeton (KY, EEUU) según dos profundidades de muestreo
(Adaptado de Grove, inédito).
Efectos de la
localización de fertilizantes fosfatados sobre la producción de cultivos en
sistemas de siembra directa.
La importancia de la
localización de elementos con alta probabilidad de reacción con propiedades
del suelo, en una posición accesible para las raíces de los cultivos, resulta
significativa desde el punto de vista de eficiencia de aprovechamiento del mismo
y de retorno económico a través del mejoramiento de la producción inducido
por esta práctica. La estratificación de los nutrientes
"inmóviles", tal el caso del P parecería no ser un aspecto de
relevancia en el momento de considerar su disponibilidad para las plantas, en
especial bajo condiciones de crecimiento con moderadas a nulas limitaciones
hídricas. Las posibilidades de evitar la estratificación de nutrientes en
sistemas de siembra directa no sería económica y logísticamente factible
(Paul, 1996). En siembra directa, la presencia de abundante cobertura de
rastrojos facilita en gran medida el logro de una mayor conservación de humedad
en el suelo y el mantenimiento de adecuadas condiciones para el crecimiento de
raíces y captación de nutrientes en las capas superiores del suelo aledañas a
las de estratificación de nutrientes (Tabla 1).
La aplicación
superficial de P ha sido descripta por varios investigadores como una práctica
satisfactoria para la producción de maíz bajo siembra directa cuando se la
compara con sistemas de aplicación incorporados en el suelo (Moscheler y col.
1972; Fink y Wesley, 1974). En la Tabla 2 presentamos los resultados de un
experimento de fertilización con P en un Haplustol Udico de Dakota del Sur
(EEUU) en el que se puede observar que la diferencia en la respuesta de
rendimientos de maíz según formas de localización del P dependen del sistema
de labranza. En siembra directa estas diferencias son de menor magnitud que bajo
sistemas con remoción con arado de rejas donde casi exclusivamente se observan
aumentos de rendimiento con aplicaciones con bandas cercanas a la línea de
siembra (Farber y Fixen, 1986).
Tabla 2: Efecto de la
localización de 28 kg/ha de P2O5 sobre el porcentaje de
aumento en la producción de maíz según 2 sistemas de labranza en un
Haplustol Udico. BP = banda a 18 cm de profundidad, 5 x 5 = banda localizada a
5 cm por debajo y al costado de la linea de siembra (Adaptado de Farber y
Fixen, 1986).
En sistemas continuos de
siembra directa la aplicación de P esparcido en superficie resulta en una
"banda horizontal" cercana a los sectores de mayor concentración de
raíces bajo la cobertura de rastrojos y con menores posibilidades de reacción
con las propiedades del suelo dada la menor exposición al contacto con este en
comparación con aplicaciones en el suelo (Belcher y Ragland, 1972; Thomas y
col. 1980). En la figura 4 se presentan los resultados de 4 años de
experimentación con cultivos de soja y maíz en siembra directa para 2 sitios
agrícolas en Kentucky (EEUU) en los que se observaron que las respuestas al
agregado de P resultaron en todos los casos independientes del modo de
aplicación del P, en superficie o localizado por debajo de la linea de siembra
(Grove y Thom 1988 y 1989, Grove, inédito). En general, los aumentos
observables por fertilización en bandas localizadas de P sobre el desarrollo de
cultivos de maíz no se reflejan en mayores rendimientos en grano (Mallarino y
Borges, 1997).
Fig. 4: Efecto de la
localización de 10 kg/ha de P sobre los rendimientos de cultivos de soja o
maíz en siembra directa en 2 suelos de Kentucky, EEUU (Adaptado de Grove y
Thom, 1988 y 1989, Grove, inédito). Letras distintas en cada columna
indican diferencias significativas (p<0.05) entre tratamientos de
fertilización para cada cultivo y campaña.
No obstante, es
importante considerar que en condiciones de siembra de cultivos sobre suelos
fríos y muy húmedos, más comunes en sistemas de siembra directa que bajo
remoción por labranzas, el crecimiento temprano de los cultivos y sus
rendimientos se incrementan con las aplicaciones de fertilizantes arrancadores
con P (Fixen y Lohry, 1993).
En la República
Argentina las experiencias comparativas entre fertilizaciones superficiales
("al voleo") e incorporadas de P en sistemas bajo prácticas de
siembra directa no son abundantes y con resultados no concluyentes. Por ejemplo,
Barbagelata y Paparotti (2000) no observaron efectos significativos entre las
aplicaciones al voleo o incorporadas de superfostato triple en dos experiencias
con cultivos de maíz en Entre Ríos. Resultados similares fueron descriptos por
Díaz-Zorita y col. (1999) en un cultivo de soja en el oeste de Buenos Aires
fertilizado con fosfato diamónico. En cambio, Baumer y col. (2000) describieron
importantes aumentos en la producción de cultivos de girasol cuando se
realizaron aplicaciones profundas (20 cm) en comparación con bandas
subsuperficiales de fertilizantes líquidos con P (Fig.5) explicado parcialmente
por una mayor implantación del cultivo al mejorarse las condiciones físicas
para el desarrollo radical (Baumer, 1999). La aplicación profunda de P en
cultivos de girasol ya ha sido descripta como una práctica beneficiosa en
suelos con muy baja disponibilidad de P o en condiciones de sequía que
promueven el desarrollo profundo de las raíces alejadas de los sitios de
acumulación superficial.
Fig. 5: Respuesta de
cultivos de girasol a la localización de P en Pergamino, Buenos Aires
(Adaptado de Baumer y col. 1999)
Consideraciones finales
El manejo de P en
sistemas continuos de siembra directa debe contemplar el marcado efecto de estratificación
superficial y sus implicancias sobre el muestreo e interpretación de los
análisis de suelos. Es indispensable tomar las muestras de suelo cuidando
mantener la profundidad sugerida por el método de diagnóstico a emplear, los
muestreos superficiales o solo de la capa de mayor concentración conducen a
resultados sobrestimados en la disponibilidad de P.
En lotes con abundante
cobertura de rastrojos, en siembras en fechas normales y en suelos sin presencia
de limitaciones físicas para el óptimo crecimiento de las raíces no se han
descripto beneficios adicionales debidos a la aplicación localizada de
fertilizantes con P en comparación con su aplicación en superficie. Cuando los
cultivos se siembran anticipados (suelos fríos), los niveles de P en el suelo
son muy bajos o existen riesgos de sequía en la superficie del suelo, el uso
localizado de P por debajo de la línea de siembra mejora las probabilidades de
respuesta al agregado de este nutriente.
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