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Manejo del Fósforo en Maíz
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M. S. Zubillaga
Cátedra de Fertilidad y Fertilizantes. Facultad de Agronomía. UBA.
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Los procesos que
controlan la absorción de nutrientes por el cultivo son complejos. Entre ellos
se incluyen no solamente los mecanismos de absorción por las raíces, sino
también la dinámica del nutriente en el suelo y las interacciones entre el
crecimiento de las raíces con el comportamiento físico-químico de los suelos
(Loneragan, 1997). En el cultivo de maíz el suministro de P provendría de la
difusión en un 80% siendo absorbido desde la solución del suelo como ion
ortofosfato o fosfato mono o diácido, contra un gradiente electroquímico,
implicando gasto de energía por parte del cultivo. El P absorbido no necesita
ser reducido para su asimilación integrándose rápidamente a compuestos
orgánicos. El P se acumula en partes vegetativas hasta la floración, para
luego ser removilizado hacia los granos en crecimiento (Fig. 1).
El maíz, según
resultados obtenidos en Balcarce en condiciones de riego riego y sin
limitaciones nutricionales, acumula unos de 50 kg/ha de P en la biomasa aérea,
con tasas máximas de acumulación de 0,9 kg/ha día a partir de los 40 días
posteriores a la emergencia (Andrade et al., 1995). En floración, el P en
biomasa aérea es aproximadamente el 50 % del acumulado hasta la cosecha. La
eficiencia de removilización varía entre 36 y 44%, significando entre 18 a 36
kg/ha de P para rendimientos de 6000 a 12000 kg/ha. El índice de cosecha del P
es de aproximadamente 75%.
Fig. 1: Partición de
la acumulación de P en biomasa aérea y granos.
Los efectos de la
disponibilidad de P sobre la longitud del ciclo del cultivo y el rendimiento
pueden ser variados. Limitaciones en la disponibilidad de P reducen la
acumulación de materia seca de los cultivos y la tasa de crecimiento del
cultivo alrededor del momento de floración, implicando una disminución del
número de granos y del rendimiento (Andrade et al., 1996; Fontanetto, 1993).
Las deficiencias de P
inducen a la formación de tonalidades moradas o púrpuras en hojas y tallos,
comenzando por las hojas basales dado que este nutriente es considerado como un
elemento móvil dentro de la planta.
Uso apropiado de
fertilizantes fosfatado
El diagnostico del nivel
nutricional del cultivo implica conocer las necesidades nutricionales y la
capacidad del suelo de proveer esos nutrientes en la cantidad y momento
adecuado. El P disponible en la solución del suelo a partir del cual se
abastecen las plantas, está en equilibrio con otras reservas del P, que cobran
diferente importancia según la taxonomía del suelo. Este abastecimiento a la
solución del suelo proviene en especial de la mineralización del humus y a
partir de las fracciones de P adsorbidas a las arcillas u otros coloides del
suelo (Zubillaga, 1996). El diagnóstico de la fertilidad fosfatada se basa en
el análisis químico de muestras de suelos del horizonte superficial utilizando
un extractante, que cuantifica la disponibilidad de P, entre estos la
metodología de Bray Kurtz 1 es la de mayor difusión en la región pampeana.
Las dosis recomendadas
de fertilización dependen del nivel de P disponible, del tipo de suelo según
su capacidad de fijación del P agregado, del rendimiento esperado y la
relación de precios grano/fertilizante. Para la determinación de las dosis,
las recomendaciones se basan en el criterio de suficiencia que pretende
satisfacer los requerimientos del cultivo a implantar y el de reconstrucción y
mantenimiento que incluyen aportes para mejorar el nivel de P disponible en el
suelo. En la tabla 1 se presenta la recomendación de fertilización fosfatada
para suelos del sudeste de Buenos Aires según niveles de P Bray y del
rendimiento esperado. Según los autores, estas recomendaciones se basan en el
criterio de reconstrucción ara los niveles muy bajos de P disponible y de
mantenimiento para niveles de P superiores a 16 ppm.
Tabla 1: Dosis de
fertilización según niveles de P Bray 1 y rendimiento esperado de cultivos
de maíz (Echeverría y García, 1998)
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Concentración de P disponible
en el suelo (ppm) |
|
Rendimiento |
Menos 5 |
5-7 |
7-9 |
9-11 |
11-13 |
13-16 |
16-20 |
|
tn/ha |
kg P2O5/ha |
|
5 |
59 |
48 |
43 |
39 |
35 |
30 |
- |
|
6 |
65 |
54 |
50 |
45 |
41 |
37 |
26 |
|
7 |
71 |
60 |
56 |
51 |
47 |
43 |
32 |
|
8 |
77 |
66 |
62 |
57 |
53 |
49 |
38 |
|
9 |
83 |
72 |
68 |
63 |
59 |
55 |
44 |
|
10 |
89 |
78 |
74 |
70 |
65 |
61 |
50 |
|
11 |
95 |
84 |
80 |
76 |
71 |
67 |
56 |
|
12 |
101 |
90 |
86 |
82 |
77 |
73 |
62 |
|
13 |
107 |
97 |
92 |
88 |
83 |
79 |
68 |
|
14 |
114 |
103 |
98 |
94 |
90 |
85 |
74 |
La respuesta de los
cultivos a la fertilización fosfatada depende del nivel de P disponible, pero
también de factores del suelo, del cultivo y de manejo del fertilizante. Entre
los factores del cultivo deben mencionarse los requerimientos y el nivel de
rendimiento, mientras que entre los del suelo se destacan la textura, el
contenido de materia orgánica, el pH, la temperatura y la humedad.
Diferentes estudios
permitieron determinar umbrales críticos de P por debajo de los cuales las
respuestas a la fertilización son significativas. Por ejemplo, estudios
realizados en el área de Balcarce muestran que suelos con niveles de P (Bray
Kurz 1) menores a 15 ppm las respuestas medias en secano serían de 800 kg/ha,
con aplicaciones de 46 a 55 kg/ha de P2O5 (100-120 kg/ha de fosfato diamónico o
superfosfato triple). En cultivos bajo riego, también el área de Balcarce, se
observaron respuestas significativas al agregado de P aún con niveles de P
entre 18 y 20 ppm (García et al., 1997).
En el norte de Buenos
Aires, Senigagliesi et al. (1984) determinaron como umbral crítico de P Bray 10
ppm, por debajo de la cual la respuesta a fertilizaciones con P son
significativas. Debido a los cambios en las tecnologías de producción y sus
efectos sobre los rendimientos observados en la última década los niveles
umbral están siendo actualizads. En la misma zona de producción, Melgar y
Caamaño (1997) encontraron, en lotes con niveles medios a altos de P
disponible, respuestas medias a la aplicación de 30 kg P2O5/ha entre 850 y 1820
kg/ha para tratamientos sin fertilización nitrogenada y con 120 kg/ha de N,
respectivamente. En los mismos estudios, al agregarse 60 kg/ha de P2O5 la
respuestas promedio fueron de 1650 y 1970 kg/ha para 0 y 120 kg/ha de N.
La eficiencia de la
fertilización varía según el tipo de suelos, la solubilidad del fertilizante,
dosis y tecnología de aplicación. Respecto del tipo de suelo, el destino del
fertilizante fosfatado aplicado es variable. El P inorgánico es el principal
destino del P aplicado, aunque en suelos jóvenes y de evolución intermedia tal
el caso de los molisoles, el P del fertilizante incrementa las fracciones
inorgánicas lábiles del mismo, en suelos mas meteorizados como los ultisoles,
incrementan las fracciones inorgánicas de menor labilidad (Zubillaga, 1999).
Dadas las
caracteristicas de la dinámica y movilidad del P en el suelo, los fertilizantes
fosfatados debería ser colocado en el momento de la siembra o antes de esta
cerca de la zona de crecimiento de las raíces para que el P este disponible
para el cultivo desde la implantación. La aplicación profunda del P induce a
una mayor absorción rendimientos del cultivo en comparación con aplicaciones
junto con la semilla (Fig. 2). En suelos de bajo contenido de P disponible, lo
más aconsejable la fertilización localizada por debajo y al costado de la
línea de siembra, especialmente en siembras tempranas. En condiciones de suelos
bien provistos en P o con aplicaciones de altas dosis de fertilización las
diferencias entre aplicaciones al voleo o en línea se reducen. En cuanto a la
fuente a la fuente fosfatada utilizada, tanto en siembra directa como bajo
labranza convencional, resultados de varios ensayos muestran similar nivel de
respuesta según se utilice superfosfato o fosfatos amónicos siempre que las
necesidades de N del cultivo también sean cubiertas por la fertilización.
Fig. 2: Efecto de la
fertilización profunda con superfostato triple sobre la absorción total de P
y el rendimiento de maíz (Fontanetto y Darwich, 1995.
Bibliografía
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