Desde mediados de los 90 la agricultura ha estado bajo el
intenso fuego tecnológico derivado de los avances e innovaciones englobadas
genéricamente con el título de agricultura de precisión, que incluye el
posicionamiento satelital global como base “hard” de la tecnología. Le
sigue a esta una miríada de elementos que han sido más que nada fruto de la
innovación de procesos antes que tecnologías puras, como los mapas de
rendimientos, los banderilleros satelitales o la aplicación variable de
insumos.
Los defensores de esta tecnología, que encabezan los
vendedores de los "gadgets" y servicios asociados, abogan por la
heterogeneidad del terreno como fundamento sostenedor y justificador. Ahora
bien, no puede negarse lo contrario también, muchos campos en nuestra región
pampeana, con suelos planos y desarrollados bajo praderas a partir de un único
material originario son bastante homogéneos desde el punto de vista de su
clasificación taxonómica, con diferencias mínimas o despreciables desde el
punto de vista de su impacto en el manejo, incluyendo a la fertilización.
Máxime aun cuando estos campos han sido bien manejados, con rotación de pocos
cultivos como soja, trigo y maíz o girasol. Puede decirse que en muchísimos
casos con razonable precisión, que los campos son uniformes en cuanto al
ambiente y no necesitarían dosis diferentes de fertilización dentro del mismo
lote o que merecieran la inversión de equipos para aplicarlos con mayor
rentabilidad.
No obstante esa ausencia de necesidad de la aplicación de
la llamada “agricultura de precisión” esos mismos campos están con
frecuencia sujetos a deficientes operaciones que hacen a la nutrición mineral
de los cultivos. Por consecuencia, el potencial de producción está subestimado
y la inversión esta sub-optimizada. Dentro del cúmulo de posibilidades de
deficiencias de precisión en el manejo enfatizamos al menos las siguientes
situaciones. 1) Deficiencias en el muestro de suelos para el diagnostico de la
necesidad de fertilizantes. 2) Deficiencias en la aplicación de fertilizantes
por fallas en los equipos aplicadores (mala calibración, equipos o mecanismos,
defectuosos, desatención del operador en el manejo del implemento, velocidad de
trabajo, traslape) y 3) deficiencias en la aplicación de otros insumos que
interactúan con el aprovechamiento optimo de los fertilizantes aplicados,
densidad de siembra, profundidad de siembra, chanchos en la aplicación de
herbicida, deficiente control de malezas. No entramos siquiera en la
consideración de la falta de precisión o fallas en la cosecha.
Deficiencias en el muestreo de suelos y diagnóstico de la
fertilización fosfatada
Sin maximizar la importancia de la homogeneidad o
heterogeneidad del terreno, dado que estamos asumiendo su homogeneidad como
fruto de la génesis y del manejo del suelo, es lógico que la siembra y
fertilización del cultivo anterior, normalmente en bandas, haya dejado franjas
de mayor fertilidad fosfatada en el terreno, alternando con otras de menor
concentración de P. Un muestreo de suelos adonde no se contemple una adecuada
multiplicación de los piques o submuestras, sea con pala o muestreador tubular,
invariablemente acarrea el riesgo de subestimar o sobre estimar el “verdadero”
valor de disponibilidad de fosforo.
Simplemente con sacar más o menos submuestras del área de
aplicación del fertilizante en el cultivo anterior que las necesarias para
asegurar una optima aleatorización, resultará en una muestra de suelos con
mayor o menor valor de P-Bray que el verdadero. Sobreestimar el valor de P Bray
conducirá a una recomendación de aplicación de fosforo menor que la necesaria
y viceversa, subestimar esa concentración de P en el suelo resultará
eventualmente en un derroche de fertilizante basada en una recomendación más
generosa. Recordemos que una muestra de uno o dos kg de suelo es lo que se toma
como base para generar una recomendación de varios millones de toneladas de
suelo de un lote que tiene en algunos casos cientos de hectáreas.
Deficiencias en la aplicación de fertilizantes por
maquinaria sin calibrar
La aplicación de fertilizantes implica una operación que
conlleva muchos miles de dólares en un campo considerando las dosis y los
costos actuales de estos insumos. Fallas en la aplicación a veces son fáciles
de ver. Muchas veces se asigna un determinado número de bolsas o toneladas a un
lote, y luego de comenzar la operación, a medio terminar o peor aun una vez
finalizada, se descubre que faltaron bolsas o que sobró producto. Sencillamente
porque la maquinaria no estaba calibrada correctamente y lo que se había
estimado que la máquina y sus mecanismos arrojaban digamos 120 kg/ha estuvo
arrojando 127, lo que en 100 ha la diferencia de stock se transforma en 700 kg.
Las deficiencias en la calibración ocurren por muy
distintas causas, desgaste de las partes móviles, sensibilidad del mecanismo
ante el peso de las tolvas completas o vacías. En el caso de las fertilizadoras
centrifugas el origen de las fallas de calibración proviene de desgastes del o
los ejes, deflactores con ángulo inapropiado, etc. Temas que escapan al
objetivo del artículo, pero que implica una falta de precisión a todo el lote:
Es decir, se planificó aplicar una cantidad determinada y esta cantidad no se
aplicó. Aún cuando se advierta el error, y se corrija en parte de la parcela,
ésta tendrá una dosis que no fue la que se pensaba.
Una dosis determinada que surge de una recomendación
implica que esta es, o está cerca de la que implica el máximo retorno
económico, vale decir, una dosis mayor probablemente arroje rendimientos
mayores pero el margen adicional por sobre el óptimo sería insuficiente para
compensar el gasto adicional en fertilizantes. Por el contrario, una dosis menor
a la recomendada, es decir a la supuestamente óptima, no resultaría en los
rendimientos más altos, y por ello en retornos económico menores a los que
podrían lograrse.
Así como la realidad es que el lote no es homogéneo y por
lo tanto recomendar como optima una dosis podrá resultar en que partes del
campo reciban la dosis inferior a la “realmente” optima y otras superior,
también es cierto que una maquina mal regulada arrojará cantidades menores o
mayores a las que lograrían el máximo retorno económico.
Gran parte de la aplicación de nitrógeno a los cultivos es
en forma de urea y la mayoría de las veces se realiza con distribuidoras
centrifugas de discos. Estas máquinas circulan por el cultivo a lo largo de
corredores preestablecidos y confían en un traslape o patrón de superposición
adecuado de cada corrida como para obtener una distribución uniforme. La
operación necesaria para dar un buen patrón de distribución a alta velocidad
de trabajo y un generoso ancho de labor, requiere la atencion del operador, la
confiabilidad de un adecuado mantenimiento de la máquina y una precisa
calibración a campo.
Así también, se reconoce que además la calidad de flujo
del material a través de los mecanismos de distribución es muy importante para
lograr la dosis correcta de aplicación. Se requiere una calibración
específica para combinar la sensibilidad de los mecanismos con el material a
ser distribuido. Un patrón uniforme de distribución ante las variaciones en el
flujo sobre los mecanismos de distribución también influirá en la uniformidad
de la aplicación realizada.
Esta fuente de des economías o perdidas de eficiencia, han
sido estudiadas considerando la variación normal y se ha Intentado cuantificar
estas pérdidas económicas asociadas a una pobre performance en la
distribución de fertilizantes usando curvas de respuesta al N, para calcular el
rinde asociado con las dosis de N entregadas en la aplicación.
La misma estrategia, para generar patrones de distribución
puede ser reproducida con la salvedad que hacer estos análisis específicos
para un conjunto de condiciones agronómicas y económicas depende de cada
combinación de cultivo y factores de producción que lo afectan como el clima.