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Importancia del Fósforo en la Nutrición Mineral de Girasol
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Ing. Agr. (MSc) Martín
Díaz-Zorita
EEA INTA "Gral.Villegas" - Proyecto Fertilizar-INTA
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De todos los elementos
requeridos para el logro de cultivos de girasol de alta producción el P ha sido
identificado consistentemente como el nutriente a no descuidar en la región
pampeana. Ante el avance de sistemas intensivos de alta producción, con
moderada restitución de nutrientes, las áreas con niveles subóptimos de P se
han expandido. Además, dado que el mejoramiento en el estado de nutrición
fosfatada contribuye al aumento en la eficiencia de otros recursos nutricionales
y del ambiente, en especial agua, anticiparnos a las necesidades de
fertilización con P es indispensable en planteos de girasol de alto beneficio.
En este artículo presentaremos algunos de los efectos del P sobre la
fisiología y formación del rendimiento de girasol y se discutirán
alternativas de diagnóstico y manejo de la fertilización con P.
El P en la fisiología
del girasol
El fósforo (P) forma
parte del adenosin trifosfato (ATP) jugando un rol central en la transferencia
de energía para la síntesis química y por lo tanto, es un componente esencial
en todas las células metabólicamente activas. El P es también componente de
los fosfolípidos en las membranas celulares y de los nucleótidos. En síntesis
todos los procesos que requieren energía desde la emergencia e implantación de
plántulas y raíces hasta la formación de granos son altamente dependientes de
la oferta de P. Al igual que con el N, existe una extensa movilización de P
dentro de la planta, y ésta puede ser una importante fuente de P para el
desarrollo de la semilla bajo condiciones de restringida disponibilidad de este
elemento por factores tales como sequía. La estimación de la contribución de
P movilizado desde el tallo y hojas a semillas maduras es de alrededor de 30 a
más del 60%.
Los síntomas foliares
de deficiencia de P son detectables con frecuencia en ambientes con rendimientos
inferiores al 40 % de su potencial por necesidad de P por lo que a menudo no son
evidentes en plantas crecidas a campo donde se conjugan variados factores
limitando los rendimientos. Los síntomas primero ocurren como áreas empapadas
de agua en las hojas inferiores. Estas áreas evolucionan a necrosis oscuras, a
menudo, pero no invariablemente, en círculos concéntricos. Generalmente hay
una clara demarcación entre tejidos sanos y necróticos, los cuales ocurren
más a menud entre las nervaduras mayores. Esta sintomatología es similar a la
ocurrencia de infecciones fúngicas en las hojas (ej. Alternaria helianthi,
Septoria helianthi o Verticilium dahliae). La floración es
normalmente demorada entre 13 y 30 días bajo condiciones de severas
deficiencias. Además el capítulo muestra un menor desarrollo que en
condiciones de normal nutrición.
Diagnóstico del estado
de nutrición con P en girasol
Los análisis de tejidos
es una de las técnicas de diagnóstico de desordenes nutricionales y son
utilizados mayormente para la descripción de condiciones de problemas
nutricionales mas que para la elaboración de recomendaciones de fertilización.
En girasol, tal como en la mayoría de los cultivos anuales, los análisis de
tejidas se realizan sobre las láminas de las hojas mas jóvenes expandidas. Una
concentración de P de 2 g/kg (0.2 %) en la planta parece ser crítica para el
crecimiento del girasol, sin embargo, también se han indicado concentraciones
mayores, especialmente en plantas jóvenes producto del efecto de dilución de
nutrientes al aumentar la biomasa del cultivo (Tabla 1).
Tabla 1.
Concentración de P en la lámina de la hoja extendida más joven en plantas
de girasol según rangos de deficiencia (Blamey y col. 1997).
|
Estado de
crecimiento |
Deficiente |
Crítico
g/kg |
Adecuado |
|
R-2 |
<3.3 |
2.0-3.2 |
2.5-5.6 |
|
3er semana |
|
3.5 |
|
|
10a semana |
|
2.0 |
|
|
R-5.1 |
1.6 |
2.4 |
3.9 |
Para atenuar el efecto
de dilución de nutrientes por cambios en la producción de biomasa y en base a
la consideración que la nutrición de los cultivos de alta producción
requieren ofertas balanceadas de nutrientes se desarrollo el sistema integrado
de diagnóstico y recomendación (DRIS) basado en el análisis de las relaciones
de concentración entre nutrientes. Grove y Sumner (1982) elaboraron índices de
recomendación para girasol (N/P = 12.8, N/K = 1.71, K/P = 7.86). No obstante,
esta metodología, como en el caso de los análisis de contenidos foliares
requieren de validación local.
Fertilización
fosfatada: efectos sobre el cultivo y manejo de la fertilización
El cultivo de girasol
acumula unos 5 kg de P en toda la parte aérea de la planta por cada tonelada de
grano que produce. Si bien los requerimientos de este elemento son máximos
luego de 40 días de la emergencia de las plántulas, su escasa movilidad en el
suelo junto con el proceso de captación (difusión) requieren que la
fertilización fosfatada se realice en el momento de la siembra. Este nutriente
induce a un aumento en el desarrollo radical, permitiendo una mayor exploración
del perfil de suelo. Según un estudio descripto por Valetti e Iriarte (1995),
la longitud de las raíces secundarias en el estado de 8 hojas fue de 179,8 m en
el tratamiento con 50 kg de superfosfato triple /ha, mientras que en el testigo
sólo se extendieron 62,3 m. Otros de los beneficios del agregado de P es el
aumento en la velocidad de implantación y en el desarrollo del área foliar del
cultivo. Esta respuesta le permite al cultivo lograr una implantación rápida y
uniforme.
La respuesta del cultivo
al agregado de P es significativa cuando la disponibilidaden la capa superior
del suelo , según el método de Bray Kurtz 1, es inferior a 10-12 ppm,
lográndose incrementos medios de 400 kg/ha de grano con aplicaciones de 30-40
kg de P2O5/ha.
Resultados recientes del Ing. A. Berardo (com. pers.) muestran que el girasol
presenta una menor eficiencia de uso del P que cultivos de soja y maíz (Tabla
2).
Tabla 2: Evaluación
de la respuesta a P de los cultivos estivales: maíz, girasol y soja (Berardo,
com. pers.)
| |
Rta. máxima |
EUP |
Requerimientos |
Extracción |
ICP |
|
Cultivo |
(kg/ha) |
(kg grano/kg P) |
(kg P/tn grano) |
(kg P/tn grano) |
(%) |
|
Maíz |
1000-1500 |
75-95 |
3 - 4 |
2.5 - 3.0 |
75-80 |
|
Girasol |
400-500 |
55 |
7 - 9 |
3.5 - 4.5 |
50-55 |
|
Soja |
350-380 |
65 |
6 - 7 |
4.5 - 6.0 |
75-80 |
EUP = eficiencia de
uso del P - ICP = índice de cosecha del P
Si bien el índice de
cosecha de P (porcentaje de P removido en el grano) es menor en cultivos de
girasol que para soja o maíz (Tabla 2) es importante considerar que las
extracciones producidas de este nutriente resultan proporcionales a los
rendimientos logrados. La fertilización con fuentes fosfatadas resulta en la
única alternativa para corregir las necesidades de producción y para el
sostenimiento de la fertilidad de P de los suelos. Al respecto, en la región
pampeana se observa una marcada reducción de los niveles de P asociados tanto a
las extracciones en productos agropecuarios como así también al mínimo uso de
fertilizantes con P.
Los fosfatos son
captados por las plantas por mecanismos de difusión, proceso que se reduce en
condiciones con bajas temperaturas del suelo, con baja disponibilidad de agua.
En sistemas de siembra directa o en fechas de siembra temprana, es conveniente
el uso de aplicaciones fosfatadas aún en suelos con niveles edáficos de 17 ppm
o superiores (Sequeira com.pers.). Es reconocido el efecto de acumulación
superficial de P en suelos bajo prácticas continuas de siembra directa, no
obstante es recomendable realizar el diagnóstico del estado de fertilidad con P
del suelo evaluando la capa de 0-20 cm. Estudios comparando muestros
superficiales y de la capa completa de suelo muestran que los niveles críticos
se incrementan al reducir la profundidad de muestreo (Díaz-Zorita y Grove,
2000).
Bajo la restricción de
inmovilidad del P aplicado en el suelo y la absorción por difusión, en suelos
con niveles subóptimos de P resulta imprescindible la aplicación localizada
del fertilizante por donde las raíces lo intercepten al crecer, por debajo y/o
al costado de la linea de siembra. Las fuentes mas comunes para la corrección
de deficiencias fosfatadas son el superfosfato triple y el fosfato diamónico
aunque el uso de este último en dosis superiores a los 60 kg/ha requiere de la
aplicación separada al menos a 2,5 cm de la línea de siembra dado que la
liberación de NH3, por la hidrólisis del fertilizante produce daños
fitotóxicos sobre las semillas y plántulas del cultivo que afectan su
producción. La textura de los suelos y sus contenidos de materia orgánica son
importantes a considerar al evaluar los potenciales efectos fitotóxicos de
estas aplicaciones. En suelos con texturas arenosas, pobres en materia orgánica
o en condiciones de sequía las dosis de riesgo, para evitar estos daños, son
significativamente menores.
Estudios desarrollados
en Tres Arroyos (Bs.As.) y en Pergamino (Bs.As.) muestran efectos beneficiosos
en aplicaciones profundas del nutriente (10-15 cm de profundidad) en
comparación con fertilizaciones convencionales en la línea de siembra. Una
explicación de este comportamiento está dado por la mayor probabilidad de
disponer humedad en el suelo para solubilizar el fertilizante y facilitar la
captación por la planta. En aplicaciones fuera de la línea de siembra y al
voleo es indispensable su incorporación en el suelo además del incremento en
la dosis recomendada según el análisis del suelo. Baumer y col. (1999)
consideran que el uso de aplicaciones profundas de P mejoran no solo la
disponbilidad del P por su localización en el sector con mayor desarrollo de
raíces sino que el movimiento de suelo producido durante la aplicación del
fertilizante mejora el ambiente físico para el crecimiento de las raíces. En
la Fig. 1 se observa que aún en condiciones de no aplicación de P la labor
profunda mejoró los rendimientos de los cultivos y que al agregarse P
profundamente el aprovechamiento del nutriente se incremento en una magnitud mas
que proporcional.
En condiciones de suelos
con deficiencias de P y pobres en materia orgánica los mejores resultados de
fertilización se logran combinando aplicaciones de P en el momento de la
siembra y refertilizaciones con N en estadios de desarrollo vegetativo.
Aguirrezabal y col. (1996) describen un mayor ritmo de crecimiento de las
plantas individuales durante sus primeros estadios cuando se aplican
fertilizantes con N y con P por debajo de la semilla en el momento de la
siembra.
Fig.
1: Fertilización profunda de girasol en Pergamino, Bs.As. (Baumer y col.
1999).
Consideraciones finales
El P es el primer
elemento a considerar al plantearse estrategias de nutrición de cultivos de
girasol de alta producción siendo el análisis de suelos (0-20 cm) una
herramienta insustituible para la selección de lotes con necesidad de
fertilización.
La correcta nutrición
con P provee de condiciones favorables para el crecimiento de raíces, mejora la
resistencia a la sequía de lo cultivos y aumenta la eficiencia en el uso de
otros nutrientes, por ejemplo N.
La fertilización para
mejorar condiciones suboptimas de P debe realizarse localiza en profundidad con
anterioridad o en a la siembra. Se debe evitar aplicaciones en altas dosis de
fertilizantes NP en la linea de siembra dados los efectos fitotóxicos de las
emisiones de amonio sobre la emergencia y supervivencia de plántulas.
Referencias
-
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G.Orioli, L. Hernández, V.Pereyra y J.P.Miravé Ed. Girasol: Aspetos
fisiológicos que determinan el rendimiento. Unidad Integrada de Balcarce
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Blamey, F.; D. Edwards;
C. Asher. 1987. Nutritional disorders of sunflower. Department of Agriculture,
University of Queesnland. St.Lucia, Queesnland (Australia), 72 pp.
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Blamey, F.P.C.,
Zollinger, R.K., Schneiter, A.A. 1997. Sunflower production and culture. En.
Sunflower Technology and Production, Agronomy Monograph no. 35, 595-670
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Connor, D.J., A.J. Hall.
1997. Sunflower physiology. En. Sunflower Technology and Production, Agronomy
Monograph no. 35, 113-182
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- 23.
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García. 1998. Guía para la fertilización fosfatada de trigo, maíz, girasol y
soja. EEA INTA Balcarce, Boletín Técnico N°149.
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Grove, J.H., and M.E.
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Merrien, A. 1993.
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Mistrorigo, D.; O.
Valentinuz; R. Moresco; N. Kahn. 1993. Diagnóstico de fertilización
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Valetti, O; L. Iriarte.
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