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Impacto de la Fijación Biológica de Nitrógeno en la
Producción de Soja
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Ing. Agr. Alejandro
Perticari – AMS- IMYZA aperticari@cnia.inta.gov.ar
Coordinador Proyecto Inocular – Convenio de Asistencia Técnica INTA-25
empresas del sector Inoculantes
Dedicado a precursores de la práctica
Sres Miguel Harnan, Raul Martinez Lalis y Bernardo Leicach.
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Según Cuniberti, et al
2004 en el ciclo 2003/4 según la Bolsa de Cereales al 26/06 la siembra total de
soja fue de 14,5 millones de hectáreas, con un rinde promedio de 22,1 qq/ha y
una producción de 31,6 millones de toneladas. La sequía del verano redujo los
rendimientos en un 20,5%, de allí la menor producción, pese a que la
superficie sembrada se incrementó un 13,3%. La importante reducción del
promedio de rendimiento y producción nacional se explicaría por las reducidas
a nulas precipitaciones primaverales, lo que determinó un atraso de más de un
mes en la siembra, con el agregado lluvias dispersas en los meses de enero y
febrero según región. Otro aspecto influyente lo fueron las siembras en suelos
con menor aptitud agrícola como áreas anteriormente ocupadas por agua que se
secaron o sobre suelos de menor calidad, que además de menores rindes, elevaron
la variabilidad de los mismos.. De la superficie cultivada con soja, el 70%
corresponde a primera siembra (10 millones de hectáreas) y el resto a soja de
segunda después del trigo. La soja y sus derivados representan actualmente el
principal producto de exportación y ubican a la Argentina como el primer
exportador mundial de aceite y harina de soja; y como tercer productor mundial
de soja luego de EEUU y Brasil.
La soja presenta una
alta acumulación de proteínas en las semillas lo cual la convierte en el
cultivo con la mayor demanda de Nitrógeno (N) y la menor producción de biomasa
de semilla por fotoasimilado producido. Por eso, el N es el nutriente más
crítico para el cultivo. Se estima que se requieren 80 kg de N para producir
una tn de soja. Es decir, un rendimiento promedio de aproximadamente 3000 kg/ha
equivalente a una demanda de 240 kg/ha de N. Al ser la soja una leguminosa puede
cubrir sus requerimientos de N a partir del aporte de N del suelo por la
mineralización de N orgánico y por medio de la Fijación Biológica de
Nitrógeno (FBN). Los procesos de agriculturalización, intensificación y
simplificación que han experimentado los sistemas productivos de nuestro país
han llamado la atención por su impacto sobre el eje ecológico del concepto de
sustentabilidad. De hecho, la reducción de la diversidad planificada (es decir,
de cultivos), el empobrecimiento de los suelos y alteración del ciclo de
nutrientes, y la reducción de la materia orgánica, con el potencial impacto
negativo sobre el resultado de las empresas y su estabilidad, han aparecido como
los primeros riesgos asociados a estos procesos (Satorre, 2003). Es decir que
como consecuencia del uso intensivo de los recursos son cada vez menores los
aportes de N esperados desde el suelo y ante la ausencia de fertilización
química de N se puede afirmar que para nuestras condiciones de cultivo:
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El rendimiento de soja, si
no existen otras limitantes, es dependiente de la capacidad de acumular
N que logre el cultivo en particular desde la FBN.
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Simbiosis: Nodulación y
fijación biologíca.
En condiciones ideales
de expresión de la simbiosis, la nodulación comienza a a visualizarse a los
3-5 días y la actividad de fijación desde los 10-15 días de emergencia. Los
valores de N fijado son bajos de los estados vegetativos hasta comienzos de
floración, con registros promedio 0,5-1kg de Nfijado/ha/día. De ahí en
adelante se registra la mayor actividad. Las tasas máximas de fijación se
sitúan entre los estados reproductivos R5-R6 con valores promedio de 3 y
máximos de 5kg de Nfijado/ha/día. Luego de esta etapa el proceso cae en forma
abrupta. Imsande (1998) trabajando con distintas fuentes de N (nitratos, urea y
N de FBN) registró aportes de 600 mg de N/planta por la fijación durante el
período de llenado de granos. En presencia de niveles no inhibitorios de N
inorgánico, la rápida fijación de N2 durante el llenado de granos
mejora la eficiencia de la fotosíntesis de la soja y por este motivo se espera
mayor acumulación de materia seca con esta fuente de N.
La evolución de la FBN
está relacionada con la tasa de acumulación de carbono (C), por lo tanto, las
limitaciones nutricionales que afecten el crecimiento del cultivo afectarán la
tasa de acumulación de N (García 2000). Por otro lado, numerosos nutrientes
intervienen directamente en el proceso de fijación, por ejemplo magnesio (Mg),
Mo, Fe y Co (Purcell, 1999).
La evolución de la
nodulación expresada como materia seca por planta es coincidente con lo
descripta para la FBN.
Si no hay limitaciones
ambientales, se puede observar que en estados vegetativos V4-V5 las plantas
cuentan con 10-12 nódulos/planta, ubicados en un mayoría en la parte superior
de la raíz primaria, con un peso por planta superior a 80 mg y un peso
individual de nódulo de 4 a 5 mg. En estado reproductivo R5-R6 la adecuada
nodulación presenta más de 40-50 nódulos por planta, de los cuáles por lo
menos 12 se encuentran en parte superior de la raíz primaria, de tamaño
mediano a grande, 6-8 mm de diámetro. El peso seco de nódulos por planta
óptimo ronda los 800-1000 mg y el peso individual de nódulo de 7 a 10 mg. En
todos los casos la coloración interna de la mayoría de los nódulos es roja o
rosada por presencia de leghemoglobina. Cuando el nódulo se deteriora por
senescencia natural ó motivada por algún estrés y finaliza la FBN, cambia de
coloración interna y toma coloración verde por la presencia de legcoleglobina,
y en el estado final previo a la degradación es amarronado por la presencia
de legmethemoglina. El comienzo de la etapa de senescencia nodular en
condiciones ideales se inicia en estado reproductivo R6, el comienzo en etapas
previas es indicador de interrupción de la FBN por causas adversas de diversa
índole, como estrés hídrico, cepas ineficientes, etc-.
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Es imprescindible la
formación de nódulos como condición para iniciar el proceso de FBN. No
siempre la nodulación observada es la adecuada. El periodo de fijación debe
comenzar en etapas vegetativas tempranas y finalizar en estados reproductivos
avanzados con la finalidad de obtener la mayor cantidad de N por esta vía. La
senescencia temprana de los nódulos indica condiciones adversas para la FBN.
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Inoculación
Cuando en el suelo no se
dispone de los rizobios adecuados, al inocular se agregan artificialmente
rizobios seleccionados sobre la semilla o el suelo. El producto biológico
desarrollado para este fin se denomina inoculante. En la década del 70,
cuando se produjo la expansión del cultivo dado la inexistencia de en nuestros
suelos de Bradyrhizobium japonicum o B. elkanii, se consideró
necesaria la incorporación de estas bacterias a las semillas por intermedio de
la inoculación (Pacheco Basurco, 1983). Los efectos sobre el rendimiento del
cultivo fueron evidentes y esto permitió una alta adopción de los inoculantes
y de la tecnología de aplicación en los productores de soja.
Cepas de rizobios:
El inicio de cualquier programa de mejoramiento de la FBN es la selección de
cepas. Los criterios básicos a considerar en el proceso de selección son la
capacidad para formar nódulos, (infectividad), para fijar N (efectividad),
la sobrevivencia en las semillas y en el suelo, la adaptación o tolerancia a
situaciones de estrés, la estabilidad genética, como así también es
fundamental la capacidad de crecimiento en las condiciones de producción de los
inoculantes.
Los estudios comienzan
en laboratorio donde se evalúa la infectividad. Con las cepas preseleccionadas
se inician estudios de invernáculo a fin determinar la efectividad de las
mismas. Finalmente se realizan ensayos en condiciones de campo en diferentes
áreas cultivadas con soja.
Las cepas más eficientes
son aquellas que tienen mayor cantidad de nódulos medianos y grandes, siendo
rojos en su interior, ubicados en raíz primaria y tienen rápida y prolongada
fijación (desde estado V2-V3 hasta R6).
En cambio las rizobios menos
eficientes tienen nódulos mas pequeños, ubicados en raíces secundarias y
tienden a paralizar la FBN en etapas más tempranas (anteriores a floración)
presentando en esos casos nódulos de coloración verde.
Los biotipos ineficientes
tienen nódulos pequeños, no tienen presencia visible de leghemoglobina y son
en su interior blancos desde etapas muy tempranas. Estos no realizan la FBN y
son consideradas cepas parásitas.
En IMYZA-INTA luego de
un programa de selección iniciado en 1980, con numerosos ensayos en diferentes
áreas productivas, se ha determinó a la cepa E109 de Bradyrhizobium
japonicum es una de las cepa recomendables para la inoculación de soja
(Perticari, et al 1994).
En el caso particular
del NOA se han seleccionado cepas naturalizadas de esos suelos que, utilizadas
como inoculante, inducen a mayores rendimientos de soja que la cepa E109. Esto
sugiere que en las cepas del suelo hay potencial genético para aumentar el
aporte de la FBN desde el punto de vista del microsimbionte (rizobio). Entonces,
no está cerrado el proceso de selección y es factible que la información
futura nos indique que otras cepas puedan reemplazar a la actualmente
recomendada.
La actividad privada
también realiza sus propios estudios de selección determinando que para su
producto la cepa de Bradyrhizobium japonicum a emplear sea distinta a la
recomendada oficialmente. Resultados de evaluaciones en diferentes ambientes,
muestran que no hay diferencias significativas entre las cepas actualmente
registradas en el mercado, tanto de origen oficial como privado, en cuanto a
infectividad, efectividad y en definitiva sobre la producción de soja.
Tipos de Inoculantes: Los
productos disponibles en el mercado se dividen en soportes líquidos y con
soportes pulverulentos. Entre los líquidos encontramos acuosos y oleosos. Entre
los pulverulentos están los de soporte turba y dolomita. En los últimos
Registros del SENASA, se verifica que existen en el país más de 40 marcas
comerciales de inoculantes para soja, registradas por 26 empresas productoras.
Las condiciones de almacenamiento y transporte requeridas por cada producto
deben ser respetadas. Para la mayoría de la situaciones es indispensable no
exponer los productos al sol, ni a temperaturas superiores a 25º C. Es
sumamente, riesgoso almacenarlo en contacto con productos químicos que puedan
dañarlo. Sin embargo, debe mencionarse que no siempre en los centros de
distribución los productos están almacenados correctamente y en muchos casos
conspira contra la concentración de rizobios disponibles en el inoculante.
Según la Resolución
Nº 310/1994 del SENASA los inoculantes deben contener no menos de 1000
millones (109) de rizobios por g o ml de producto a la fecha de
elaboración y no menos de 100 millones (108) por g o ml a la fecha
de vencimiento. Por la inoculación se deben incorporar 80 mil rizobios por
semilla de soja. Un inoculante apto debe permitir que más del 80% de las
plántulas de soja, colocadas en vermiculita, tengan 3 o más nódulos en la
parte superior de las raíces luego de 14 días de emergidas.
En el envase debe
constar obligatoriamente la fecha de vencimiento y el número de lote. Esta
marca debe ser realizada de manera tal que no permita su adulteración .
Métodos de inoculación: La
elección del método de inoculación apropiado, ya sea con soporte pulverulento
o líquido, es básico para incorporar el número adecuado de bacterias por
simiente y para disminuir la mortandad de las mismas.
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Es fundamental leer y
respetar las condiciones de uso descriptas en el producto inoculante
adquirido. Se debe lograr que todas las semillas queden cubiertas con el
inoculante, a fin de que cada una de ellas disponga del número de rizobios
adecuado. Debe controlarse la fecha de vencimiento, la inscripción en SENASA
y el número de lote.
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La inoculación puede
realizarse empleando máquinas inoculadoras desarrolladas para hacer el proceso,
o en su defecto mediante implementos adaptados que realicen el procedimiento
permitiendo un correcto mezclado sin provocar daño mecánico a las semillas. Es
imprescindible ajustar el proceso de manera tal que todas las semillas reciban
la misma cantidad de inoculante.
El proceso de
inoculación preferiblemente debe realizarse a la sombra y a temperaturas
moderadas, en lo posible inferiores a 25º C. Como una importante cantidad de
bacterias muere al momento de inoculación es conveniente efectuar la siembra lo
más rápido posible, en lo posible antes de las de 12 h de aplicado el
producto. Si el proceso incluye el curado con funguicidas o insecticidas los
tiempos se acortan y se recomienda no superar las 4 h. La inoculación en la
sembradora no es aconsejable bajo ningún concepto, ya que nunca se logra una
distribución apropiada del inoculante quedando muchas semillas sin inocular.
Calidad de los
inoculantes: La calidad promedio
de los inoculantes nacionales ha mejorado desde el inicio del cultivo. Entre
1983 y 1987 se realizaron estudios de evaluación de inoculantes en laboratorio
y campo, el 80 % de los inoculantes evaluados no alcanzaba al vencimiento el
número indicado en la descripción del producto (Pacheco Basurco, comunicación
personal). En el ciclo 1999/00 Ventimiglia y otros detectan que un 50% cumple
con lo descripto en el producto. En diciembre 2002 se tomaron muestras de
inoculantes de diferentes sitios del S de Córdoba, se observó que el 80% de
los productos cumple con las normas descriptas (Baigorri, comunicación
personal).
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Es evidente de todas
maneras, que es necesario que el SENASA ejerza un fuerte control de los
productos inoculantes presentes en el mercado nacional para evitar que el
productor adquiera productos no registrados ó de baja calidad.
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Compatibilidad con
Agroquímicos: Curasemillas
(Funguicidas e insecticidas): Generalmente se menciona al principio activo como
responsable del efecto nocivo sobre los rizobios sin embargo, esto no siempre es
así y se ha detectado que en la composición del formulado puede haber
sustancias dañinas como por ejemplo colorantes, solventes, etc. Esto no permite
describir con precisión que activos son menos dañinos para los rizobios. Como
resultado de nuestros estudios en laboratorio se elaboró una sucinta guía de
los posibles efectos de los diferentes funguicidas sobre rizobio, sin considerar
la acción funguicida.
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Principio Activo |
Dosis cada 100
kg/semilla |
Concentración % |
Efecto sobre
rizobio a 7 h de curado e inoculado |
| Carbendazim+Tiram |
300 |
10 +10 |
Leve |
| Carbendazim+Tiram |
200 |
15+35 |
Leve a Moderado. Algún
formulado resultó Incompatible |
| Carboxin
+ Tiram |
250 |
20+20 |
Moderado |
| Carboxin
+ Tiram |
200 |
37,5+37,5 |
Moderado |
| Metil
tiofanato +Tiram |
60+200 |
50+36 |
Moderado |
| Fludioxinil
+ Metalaxil M |
200 |
2,5+1 |
Leve a moderado |
| Metalaxil |
50 |
35 |
Leve a moderado |
| Tolifluanid |
100-150 |
50 |
Incompatible |
Considerando la
información previa se recomienda para elegir el funguicida e insecticida más
compatible y evitar fallas, seguir las instrucciones del establecimiento
productor de inoculante. De todas formas es preferible que transcurra el menor
tiempo posible desde la aplicación conjunta de inoculante y curasemilla a la
siembra, en lo posible no más de 4 h.
Fertilizantes: Cuando se
fertiliza en conjunto con la siembra se debe evitar el contacto directo con las
semillas inoculadas, ya que los fertilizantes al modificar el estado salino del
suelo sobre el entorno de las semillas pueden provocar, dependiendo de la dosis
y las condiciones de ambiente, una elevada mortandad de bacterias. En estudios
realizados en laboratorio se ha observado que el orden de mayor tolerancia en
contacto directo seco con fertilizantes de P sería así
MAP>DAP>SSP>STP.
Limitaciones de la
simbiosis
El sistema simbiótico
rizobio-soja requiere que no haya condicionantes por exceso o por defecto para
el desarrollo normal del cultivo. Uno de los factores que limitan la fijación
de nitrógeno en soja es la presencia de formas combinadas de nitrógeno en el
suelo. Los suelos fértiles con moderada o alta disponibilidad de formas
inorgánicas de N en el momento de la siembra y/o importantes tasas de
mineralización durante el ciclo del cultivo afectan al establecimiento de la
simbiosis ya que retardan el inicio de la nodulación y/o inhiben el
funcionamiento del sistema fijador (Lett, et al 1998)
Altas concentraciones de
nitratos inhiben el proceso de infección, el desarrollo de los nódulos y la
expresión de la actividad nitrogenasa. Hay evidencia de que cuando la relación
C/N es baja el limitado suplemento de C al nódulo retrasa la FBN. Para la
planta, es más económico tomar N del suelo y/o de fertilizante que de la FBN.
A mayor presencia de N en el suelo menores posibilidades hay para la FBN y a la
inversa a menor presencia de N del suelo hay más N de la FBN. Satorre, 2003
menciona que ya hay ejemplos en el Norte de Santa Fe (Musuruana y Tachuk, 1998)
y Norte de Buenos Aires (Belloso, 2002) que documentan la continua reducción de
rindes en lotes de cultivo bajo monocultura de soja durante varios años.
Al limitarse la FBN, el
balance de N del suelo resulta negativo en extremo, porque convierte a la soja
como expoliadora más que restauradora de la fertilidad del suelo.
Las carencias de P, K,
Ca, S y de micronutrientes disminuyen la formación de nódulos y por
consiguiente la FBN.
Balance Nutricional: El
proceso de agriculturización en la región pampeana provocó modificaciones
físicas, con procesos erosivos y pérdida de materia orgánica. Así también
permitió que una importante cantidad de nutrientes se exportara con la cosecha,
provocando un desbalance nutricional entre los requerimientos de los diferentes
cultivos y los presentes en el suelo. Ante esta extracción, son más frecuentes
las respuestas a la fertilización de los cultivos tanto de macro como de
microelementos.
La simbiosis es sensible
a condiciones de anegamiento, con sólo 2-3 días de inundación se puede
provocar una alta mortandad de nódulos.
Los efectos del estrés
hidrico son directos sobre la nodulación y la FBN: Las siembras en condiciones
secas provocan la mortandad de bacterias y disminuyen la posibilidad de lograr
una nodulación apropiada; la falta de agua en etapas tempranas retrasa la
aparición de los nódulos y la falta de agua en etapas reproductivas limita la
FBN, restringiendo los rendimientos por menor aporte de N para la formación de
granos.
Según lo expresado por
Racca (2002) cada vez que el agua útil disminuye por debajo del 60 %, umbral
critico para la soja durante el llenado de granos, se compromete también la
fijación de N, que es máxima en esta etapa disminuyendo el rinde potencial.
Normalmente la capacidad de fijación de los nódulos se restablecen si las
condiciones de sequía no son tan severas o duran muchos días, no obstante
llega un punto ( menos del 10 % del agua útil) que aunque los nódulos, y el
cultivo, recuperen su humedad al llover o regarse, la capacidad de fijación de
los nódulos, medida por la actividad de la nitrogenasa, no se recupera mas.
Con temperaturas
cercanas a 15ºC se retrasa el proceso de infección y la nodulación. No todas
las cepas de rizobios toleran temperaturas superiores a los 40ºC. La salinidad
y la falta de aireación en el suelo también influyen en forma negativa sobre
la simbiosis.
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Tanto el mejor balance
hídrico como la fertilización adecuada mejoran la respuesta a la
inoculación.. Se recomienda las rotaciones con gramíneas (sorgo y maíz).
Por el contrario el monocultivo no favorece la mayor expresión de la FBN.
Esto debe tenerse en cuenta entre las estrategias de producción para alcanzar
la mayor expresión de la FBN
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Competencia entre cepas
del inoculante y naturalizadas en el suelo
Las cepas introducidas
por los inoculantes permanen en el suelo después de cada cosecha. La repetida
inoculación anual permitió el establecimiento en los suelos de poblaciones de
rizobios naturalizadas provenientes de las cepas inoculantes. En esas
poblaciones se ha realizado un proceso de derivación genética, de tal manera
que la cepa original introducida con alta eficiencia simbiótica se ha disipado
en nuevas subcepas con un variado grado de eficiencia que retienen una alta
capacidad para formar nódulos. Esto genera el fenómeno de competencia
donde las cepas del inoculante compiten contra los presentes en el suelo por la
formación de los nódulos. Como consecuencia, se obtienen menos beneficios con
la inoculación ya qué las cepas del suelo ocupan la mayor proporción de los
nódulos.
Recomendaciones
Teniendo en cuenta la
importancia de la inoculación, a fin de evitar fallas de nodulación que
condicionen los rendimientos se recomienda:
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No reducir dosis de
inoculante, respetando las instrucciones de aplicación descriptas en los
mismos.
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Si lo considera
necesario verifique la calidad de los inoculantes en laboratorios
habilitados.
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Cuando compre el
inoculante verifique sus condiciones de almacenamiento. Debe ser
preferentemente en un lugar fresco a menos de 20ºC y no expuesto al sol.
Caso contrario no lo adquiera.
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No mezcle
agroquímicos (funguicidas, insecticidas, fertilizantes) con los inoculantes
sin consultar al fabricante de inoculante. Muchos de ellos matan bacterias y
pueden provocar la ausencia casi absoluta de nódulos. Recuerde que
" Un buen inoculante mal aplicado no cumple su propósito".
En los inoculantes
hay organismos vivos, trátelos con cuidado al transportarlos y al
guardarlos proceda con precaución sin exponerlos ni al sol ni a las altas
temperaturas. Si mata bacterias por mal cuidado fallará la nodulación
aunque el producto sea de reconocida calidad.
Inocule a la sombra
en todos los casos. Siembre lo antes posible bajo condiciones
agronómicamente favorables para la rápida implantación del cultivo.
Controle la
nodulación en etapas tempranas del cultivo antes que sea tarde, no pase de
los 30 días desde la siembra.
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