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Impacto Ambiental de Fertilizantes
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Ing. Agr. Ph. D. Ricardo Melgar
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En Europa, Norteamérica y otros lugares desarrollados, la
agricultura y actividades relacionadas ha sido agresivamente vinculada a daños
ambientales de distinta índole, y en especial por su efecto sobre la calidad de
las aguas. En particular los fertilizantes y su uso y/o abuso se han asociado a
fuentes no puntuales de contaminación de aguas superficiales y subterráneas. A
diferencia de las fuentes puntuales de contaminación, tales como las descargas
de aguas residuales domésticas o industriales, las fuentes de contaminación no
puntual son difusas y no pueden recogerse y tratarse centralizadamente. La
contaminación no puntual se asocia a efectos acumulativos de todas las
actividades que ocurren diariamente en una cuenca.
Ejemplos típicos incluyen la erosión y el arrastre y
acumulación de sedimentos provenientes de sitios de construcción, caminos,
estacionamientos, tanto en áreas suburbanas como rurales. La contaminación de
fuentes no puntuales se conduce sobre todo por las lluvias, que provoca que los
agentes contaminantes que se han acumulado en la superficie del suelo escurran
hacia las aguas superficiales (ríos, arroyos, lagos) o se lixivien hacia las
aguas subterráneas. Efectos nocivos del fosforo (eutrofización) y del
nitrógeno (nitratos) aluden a ambos respectivos casos.
La cadena de valor de fertilizantes ha trabajado por muchos
años para asegurar que las prácticas de manejo usadas en la operación de las
plantas de producción provean un lugar de trabajo seguro y ambientalmente
amigable. La salud y seguridad de los trabajadores de dichas plantas y la
protección del aire, del suelo y del agua son los objetivos primarios de tales
prácticas de manejo. Las modernas prácticas industriales implican la
educación de los trabajadores, el tratamiento y disposición de los residuos y
de las aguas servidas, mejores prácticas de manejo de los materiales y mejores
diseños de los sitios críticos de control de escurrimientos y potencial de
derrames.
La responsabilidad del manejo de los fertilizantes debe
distinguirse entre los distintos actores. Las plantas industriales son
fuertemente custodiadas por las organismos burocráticos de control ambiental de
cada provincia y previo a la instalación de toda planta industrial se exigen
estudios de impacto ambiental que contemple todos los riesgos potenciales y
medidas que mitiguen desastres.
A un nivel menor, las plantas minoristas de distribución y
manipuleo, en general tienen mucho menores exigencias según sea la
concentración poblacional de la localidad donde está instalada. Cada planta de
distribución debería implementar prácticas para prevenir la contaminación
del aire del suelo, y de las aguas superficiales y subterráneas por los
materiales que se producen, almacenan y movilizan en dichas instalaciones.
Todas las plantas de mezclado, almacenamiento y
distribución de fertilizantes tienen en común funciones que son fuentes de
pérdida potencial de materiales, las que se transforman en poluentes cuando son
arrastradas por las aguas de lluvia. La estrategia general de buenas prácticas
de manejo de las plantas de fertilizantes implica seguir tres principios:
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Aislar los contaminantes potenciales del agua y del
suelo: confinarlos;
-
No descargar material en ambientes abiertos, para evitar
la generación de polvo y,
-
Disponer de los materiales usados de una manera
ambientalmente adecuada.
A nivel de establecimiento de producción, los principios de
manejo son parecidos a los de las plantas. Lógicamente el riesgo ambiental es
menor ya que se supone que los terrenos vecinos son áreas de producción de
cultivos, los que se beneficiarán o mitigarán el impacto al absorber los
excesos de nutrientes provenientes de estos potenciales derrames.
En los EEUU, la Bahía de Chesapeake en el Atlántico y el
Golfo de México están en serio riesgo ambiental producido por el exceso de
nutrientes que llegan a través de sus ríos principales. Ello ha motivados que
se implementen severas practicas de uso de nutrientes a través de planes de
manejo aprobados y limitaciones en el uso de estiércoles, que normalmente no
tienen un patrón controlado de liberación de nutrientes como los fertilizantes
químicos. Los efectos principales son hipoxia (falta de oxigeno) provocado por
el exceso de algas, que proliferan por la abundancia de nutrientes en el agua,
que reduce la población de peces.
En nuestro país existen evidencias comprobadas de daño
ambiental, no hablamos ya de impacto, por numerosas actividades humanas, entre
ellas las agropecuarias. Sin bien no es propósito comparar los efectos
negativos de las actividades mineras, petroleras o industriales contra los que
pueden realizar las agropecuarias, es claro que los ejemplos existen y son
fácilmente documentables. Vale solo mencionar casos de mal manejo, o ausencia
de manejo, sobre los residuos animales de establecimientos de engorde a corral
(feed lot), de producción de huevos, o de cerdos. Del conjunto de daños
ambientales provocados por la agricultura los casos son varias veces superiores
por el mal uso o abuso de plaguicidas que por los fertilizantes, en donde las
únicas situaciones que podría hablarse de excesos en su aplicación son en las
producciones intensivas bajo invernáculo ubicadas en los cordones hortícolas
de las grandes ciudades.
Si estamos lejos que nuestro Rio de la Plata se transforme
en un ámbito ecológicamente degradado como los casos mencionados de
Norteamérica, es porque en muchos de nuestros ambientes agropecuarios el
patrón no es el exceso de fertilizantes sino al contrario, escasos y mezquinos
aportes, apenas suficiente para lograr un efecto inicial.
La degradación de los suelos por un empobrecimiento lento
pero progresivo de nutrientes es también un daño ambiental. Suelos que fueron
ricos y productivos y que por un mal manejo de los rastrojos y de los aportes de
nutrientes pierdan su potencial de generar riqueza tiene sus responsables. En la
historia de la humanidad existen muchísimos ejemplos de sociedades fallidas que
sucumbieron por la degradación de sus ambientes: salinización, empobrecimiento
de los suelos, erosión y deforestación. El proceso de extracción de calcio y
magnesio conduce a una acidificación progresiva del suelo que le resta
productividad. Se conoce lo suficiente hoy como para prevenir y mitigar la
degradación de los suelos. Asimismo, la responsabilidad empresaria hoy no se
limita a generar rentabilidad monetaria solamente sino en interactuar
solidariamente con la sociedad y el ambiente. Las empresas agropecuarias y sus
asociaciones no deberían eludir esta responsabilidad.
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