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Fertilización de Alfalfa
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| Ing. Agr. Gustavo Duarte
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Para conseguir alta productividad se debe asegurar una
adecuada preparación de la cama de siembra, analizar la necesidad de
fertilización, controlar la calidad de la semilla, ajustar la densidad de
siembra y cuidar el manejo inicial. Recomendaciones del Ing. Agr. Gustavo
Duarte, asesor del CREA América.
La alfalfa y las pasturas con esta leguminosa fueron, por
más de un siglo, los forrajes básicos utilizados extensivamente como fuente de
nutrientes para el ganado. En la actualidad se mantiene su vigencia en los
planteos productivos de carne o leche que requieren producción de pasto en
calidad y cantidad. Para intensificar su cultivo es necesario conocer los
factores que pueden condicionar su performance. El objetivo de este informe es
revisar conceptos generales sobre algunos de esos elementos, que penniten lograr
una mayor y más eficiente producción y utilización del forraje.
Aspectos nutricionales
La alfalfa es una especie de gran plasticidad, que puede
prosperar desde las regiones semiáridas hasta las húmedas (es decir, en un
rango óptimo de entre 500 y 1000 milímetros por año) y que requiere suelos
bien aireados porque es muy sensible al allegamiento. La fotosíntesis puede
quedar más afectada en esas condiciones que en las situaciones de déficit
hídrico. Y la magnitud del daño dependerá del estado fisiológico de la
planta y de la temperatura ambiental.
Además, esta leguminosa no desarrolla bien en suelos de
textura fina y tampoco le son favorables los salinos o alcalinos que poseen
conductividades eléctricas superiores a los 8 mmhoslc m, que reducen la
producción en un 50 o 65 por ciento.
La alfalfa está adaptada morfológica y fisiológicamente
para resistir prolongados déficits hídricos, como consecuencia de que sus
raíces pueden penetrar profundamente en el perfil del suelo y están en
condiciones de extraer agua desde más de dos y cuatro metros, a partir del
segundo y del tercer año, respectivamente.
Requerimientos
Los requerimientos nutricionales varían según el nivel de
producción y el manejo al que está sometido el cultivo. Por ejemplo, las
necesidades son máximas cuando la alfalfa se usa exclusivamente para corte,
porque no existe un reciclado de nitrógeno a través de la orina o del potasio
y del fósforo mediante la bosta. Estos últimos se pueden reciclar en un 70 u
80 por ciento. El fósforo es necesario para lograr un establecimiento exitoso y
un buen desarrollo de las raíces. Además, en condiciones adversas -como suelos
fríos o sequías, que reducen la absorción de los nutrientes- ayuda a que
continúe el desarrollo radicular y se asegure la supervivencia de la planta.
La alfalfa obtiene el nitrógeno mediante su relación
simbiótica con el Rizobium. Los excedentes quedan en el suelo y la cantidad
fijada depende del número de plantas que tiene la pastura.
El potasio es demandado en altas cantidades y es esencial
para aumentar la tolerancia al frio y para brindar una mayor resistencia a
ciertas enfennedades.
El calcio es vital para la fijación del nitrógeno y para
promover el desarrollo radicular. Por su parte, el magnesio está relacionado
con el metabolismo de los carbohidratos. Las deficiencias se presentan cuando el
umbral en el suelo desciende por debajo de 0,6 meq/IOO g, o cuando existen
antagonismos con el potasio, que muestra exceso para muchos suelos de la región
pampeana.
El azufre interviene en la síntesis de las proteínas. Es
deficitario en los suelos arenosos y esa situación se acentúa a partir del
segundo año de cultivo. El boro actúa sobre el movimiento del calcio en la
planta y es fundamental en la velocidad de crecimien-
to radicular, en las nuevas hojas y en el desarrollo de
yemas. El umbral crítico está en alrededor de 1 ppm en el suelo o en 30 ppm en
las plantas.
Por otra parte, el pH del suelo condiciona el rendimiento y
la salud de la alfalfa, debido a su impacto en la dinámica de los nutrientes
(fundamentalmente, en el calcio y el fósforo) y al determinar la viabilidad de
la nodulación.
Las bacterias no pueden sobrevivir a bajos niveles de pH. En
esas condiciones no hay fijación de nitrógeno y la planta lo tiene que extraer
del suelo para poder formar sus proteínas. Sin embargo, la alfalfa es una
especie ¡nesciente en la absorción de este elemento, sobretodo si está en
mezcla con gramineas.
El estado nutricional no siempre es correctamente relevado
por los análisis del suelo. Por eso, la posibilidad de complementarlo con las
determinaciones foliares ayuda a detectar los niveles críticos de algunos
nutrientes, como el azufre o los microelementos.
Corrección de défícíts
El objetivo del agregado de fertilizantes es suplir las
deficiencias del suelo en aquellos nutrientes que afectan al normal desarrollo
del cultivo. Es decir, se intenta conseguir mayor productividad y calidad de
forraje, mayor tiempo de aprovechamiento, mayor perennidad y mayor crecimiento
inicial y velocidad de rebrote.
A su vez, la acidez del suelo debe ser corregida mediante el
encalado. En este sentido, se pueden utilizar diversas fuentes, como los
carbonatos de calcio, la dolomita, la calcita, etcétera. Esta práctica genera
una mejor implantación y persistencia de la alfalfa y permite una mayor
actividad de la fijación de nitrógeno.
Los suelos arenosos requieren una menor cantidad de
corrector para llegar al mis-
mo valor de pH que los arcillosos. No obstante, demandan
aplicaciones más frecuentes (cada 3 a 5 años). Y, debido a que la cal
reacciona muy lentamente, se requiere un largo tiempo para su asimilación en el
suelo. Por lo tanto, se recomienda su aplicación 6 a 12 meses antes de la
siembra de la alfalfa.
En la práctica, la enmienda deberia hacerse en un momento
previo a la siembra del cultivo antecesor (por ejemplo trigo o girasol), y su
distribución tendria que real¡zarse a voleo con incorporación y mezclado
uniforme (rastra doble), o en superficie si se trata de planteos en labranza
cero. En este último caso su incorporación se hace lentamente a través del
efecto de las precipitaciones.
Fertilizacion inicial
La fertilización inicial -arrancadora de la alfalfa- está
asociada básicamente al uso de fuentes fosforadas de rápida disponibilidad.
La velocidad de liberación del fósforo a partir de la fase
sólida del suelo es, a veces, menor a la capacidad de absorción de las raices,
ante lo cual las plantas pueden sufrir deficiencias. La fertilización con
fósforo de rápida disponibilidad hace crecer abruptamente su cantidad en
solución y ayuda al mejor desarrollo inicial del cultivo.
Las aplicaciones pueden realizarse a voleo previo a la
siembra, con incorporación, o en la linea y al costado de la misma. Pero esto
dependerá de la fuente que se utilice para no generar problemas de
fitotoxicidad. Las aplicaciones localizadas incrementan la eficiencia de
utilización del nutriente, debido a la escasa movilidad del fósforo; con este
sistema la dosis se puede reducir 50% o más. Los fertilizantes con nitrógeno
amoniacal (fosfato diamónico, urea, etcétera), agregados en la misma linea de
siembra o muy cerca, pueden producir efectos fítotóxicos muy severos. Por lo
tanto, no es recomendable emplearlos en esas condiciones. En cambio, la
utilización de fuentes fosforadas, como el fósforo tricálcico (superfosfato),
no ocasiona problemas por su localización.
El aporte de nitrógeno en la implantación puede ser
favorable cuando se trata de alfalfas en consociación, ya que beneficia el
establecimiento de las gramineas. Y tambien es conveniente, en especial, en los
planteos de siembra directa.
No obstante, el manejo del producto y su localización deben
hacerse cuidadosamente para no afectar la viabilidad de la semilla o provocar
fallas en la nodulación de la alfalfa. Por eso, fuentes como el nitrato de
amonio cálcico-magnesico, el sulfato o sulfonitrato de amonio resultan más
convenientes.
Refertilización
Es recomendable hacer un aporte periódico de nutrientes en
los alfalfares establecidos, para incrementar los niveles de fósforo y corregir
los déficits temporarios de nitrógeno de las gramineas (en otoño o a la
salida del invierno), de azufre o de microelementos.
Los relevamientos del CREA América 1 muestran la
posibilidad de respuesta a zinc, azufre y fósforo, que fue detectada mediante
el sistema DRIS, que establece jerarquías deficitarias en estos elementos.
En el caso del fósforo, las fuentes para la
refertilización pueden ser el hiperfosfato o el fósforo orgánico. La
corrección de los déficits mediante los fertilizantes foliares sólo resulta
efectiva en el caso de los microelementos.
Cama de siembra
La condición óptima de la cama de siembra es aquella que
permite depositar la semilla en la profundidad adecuada y en un intimo contacto
con el suelo, generando un ambiente de desarrollo sin limitantes. Para esto
último se requiere que esté libre de malezas, sin impedancias físicas
subsuperficiales, con óptima condición de humedad, con bajo nivel de cobertura
de rastrojo y con una superficie firme.
El barbecho debe dejar al suelo libre de las malezas que
consumen el agua y los nutrientes. Además, es fundamental que no haya malezas
perennes (como gramón, sorgo de Alepo, cebollin, etcétera), ya que no sólo
condicionan la implantación, sino que su agresividad deteriora muy rápidamente
a la pastura implantada.
Igualmente, la eliminación de las compactaciones
subsuperficiales favorece el normal enraizamiento y la exploración de un mayor
volumen del suelo.
La condición de humedad y la cobertura están relacionadas
con el cultivo antecesor, que debe finalizar su ciclo lo suficientemente
temprano como para permitir recargar el perfil con humedad, dejar un rastrojo lo
menos voluminoso posible y no condicionar la fecha de siembra.
Duarte y sus colaboradores demostraron que hay una escasa
asociación entre el cultivo antecesor (maíz de pastoreo, girasol, cultivos de
cosecha fina y verdeos de invierno) y la implantación de la alfalfa, si las
anteriores condiciones son controladas.
Los niveles de cobertura tienen una importancia real en los
planteos de siembra directa. Así, Fontanetto y colaboradores mostraron que
sobre las pasturas degradadas sólo se logra el 30% de la implantación de la
alfalfa (sobre el 100 % logrado con la siembra convencional).
Eso sucede por los problemas de compactación provocados por
el pisoteo y los probables efectos alelopáticos producidos por las sustancias
emitidas por las raíces y las hojas de la alfalfa, que reducen la germinación
y el crecimiento de las plántulas.
Sobre los rastrojos de cosecha la eficiencia osciló entre
el 60 y el 90%. Los valores más bajos fueron logrados sobre maíz y sorgo, ya
que sus altos volúmenes de rastrojo son una barrera física para el crecimiento
de las plántulas de alfalfa.
La unifomúdad de la distribución de los rastrojos es,
también, un factor clave en el resultado de la implantación. Esto debe ser
considerado en el momento de la cosecha (especialmente con las colas de la
trilladora de girasol).
Epoca de siembra
La alfalfa germina en el rango de temperaturas que se
encuentra entre los 5 y los 35' C. El óptimo se ubica entre los 19 y los 25, y
en los 10' C está el mínimo requerido para su normal crecimien-
to inicial. Como es sensible al frio en la etapa de
cotiledón y de la primera hoja unifoliada, deberia superar esos estadios antes
que se produzcan las heladas.
Diseño y sistema de siembra
En general, los diseños de siembra se subordinan a los
sistemas, porque de estos depende, en gran medida, la eficiencia de la
implantación. Si bien la distribución espacial a voleo puede ser mejor, este
sistema tiene una baja eficiencia.
Duarte y sus colaboradores mostraron que los diseños de
siembra que alternan gra-
mineas y leguminosas logran un mejor stand de plantas de
alfalfa que los que contemplan dos líneas de leguminosas y una de graminea, o
las que incluyen gramíneas y leguminosas juntas en linea. Esto estuvo asociado
a la calidad de las sembradoras y a la competencia entre las gramíneas y las
leguminosas.
En el mismo trabajo se observó una marcada diferencia en
favor de los sistemas de siembra que contemplan la limitación de profundidad y
la compactación de la linea de siembra.
Profundidad de siembra
La profundidad de siembra de alfalfa es el gran problema
para resolver a campo, porque desde que la semilla germina decrecen sus reservas
hasta que la planta forma hojas verdes y se independiza de ellas. Eso hace que
en todas las plántulas exista un periodo crítico en el cual las reservas son
bajas y el área fotosintetizante no es suficiente.
Cualquier adversidad -como una sequia, ataque de insectos o
altas temperaturas- entre otros factores, puede provocar pérdidas importantes.
Por eso es necesario acortar al máximo esa etapa. Y como el tamaño de la
semilla y el tipo de suelo interactúan con la profundidad, la mejor eficacia de
la implantación se logra en los suelos livianos y con semillas grandes.
Calidad de la semilla
La siembra de la alfalfa debe realizarse con semillas de
alta calidad física y genética. El primer atributo está asociado con el
tamaño, con el poder germinativo, con el grado de contaminación con las
malezas y con los cuerpos extraños, además del grado de dureza.
La presencia de semillas duras implica una alta resistencia
de los tegumentos a la penetración del agua.
Asi, se genera una germinación más lenta y, en
consecuencia, tardia. De todos modos, seria necesario no utilizar la semilla
recientemente cosechada o, si no, escarificarla para reducir las pérdidas de la
implantación.
En tanto, la calidad genética se define por el conjunto de
las características heredables de una variedad. Duarte y sus colaboradores
demostraron que existe una estrecha asociación entre la eficiencia de la
implantación y ese factor.
Densidad
La cantidad y la distribución de las precipitaciones, la
época de siembra, la calidad de la semilla y, fundamentalmente, la eficacia de
la máquina sembradora, son los principales factores que influyen en la densidad
de siembra.
La proporción de plantas que sobrevive luego del primer
año es, en relación al número de las semillas sembradas, muy variable. Pero
se asocia poco a la densidad inicial, ya que la mortandad de las plantas durante
los primeros meses es directamente proporcional a ella: Los stands densos
pierden más plantas que los logrados con bajas densidades y llegan al primer
año con un número similar de plantas.
Smith y colaboradores (1962) determinaron que, si bien las
altas densidades de siembra permiten un aprovechamiento inicial más rápido,
las poblaciones alcanzadas no son superiores una vez que la pradera está
establecida. La competencia que se establece entre plantas, primero a nivel
radical, y luego por la luz, determinará la densidad de plantas final al año.
Además, Romero y colaboradores (1 99 l), y Juan y otros
obtuvieron resultados similares. La conclusión fue que en la pradera pampeana
el stand de 30-70 plantas establecidas por metro cuadrado es suficiente para
alcanzar máximos rendimientos de forraje.
Entonces, es posible disminuir sensiblemente la densidad de
siembra, pero siempre que se controlen adecuadamente los otros factores que
causan la inseguridad del establecimiento. Por otra parte, es común observar
excelentes alfalfares establecidos con 4-5 kilos por hectárea de semilla pura
por hectárea y empleando la tecnología disponible.
Cultivo acompañante
La utilización del cultivo acompañante fue justificada, en
los suelos livianos, por la necesidad de reducir los problemas de erosión al
alcanzarse la rápida cobertura y disminuir el efecto de la competencia de
algunas malezas sobre las especies perennes. También fue impulsada por el
aporte del forraje en los periodos críticos de oferta. No obstante, en muchas
ocasiones, el beneficio de una mayor producción de forraje debe balancearse con
los niveles de competencia que afectan a la pastura y a su imposibilidad de
regularlos.
Por ejemplo, es difícil definir qué especie es la más
competitiva para la alfalfa, ya que las variaciones climáticas, las
alternativas de uso (del forraje o grano), la densidad y el sistema de siembra
producen diferencias muchas veces superiores a las observadas entre especies.
Sin embargo, en general, se observa que la cebada y los
trigos de ciclo corto son menos agresivos que la avena. Y ésta, a su vez, no es
tan competitiva como el trigo de ciclo largo y el centeno. Este último cultivo
si es, por su poderoso sistema radical, el mas ofensivo, ya que ejerce una mayor
competencia por el espacio y la luz.
En los suelos de buena disponibilidad hidrica y nutricional
la competencia del acompañante es por la luz. La alfalfa tolera bajos niveles
de luminosidad sólo durante períodos cortos. Por eso, puede manifestar una
acentuada clorosis y una disminución de su desarrollo cuando es sombreada por
el acompañante. En los suelos arenosos, la competencia por la humedad es el
factor más importante.
Cuando se atrasa la fecha de siembra se acentúan los
efectos de la competencia del acompañante, mientras que el sistema de siembra y
su densidad tienen un marcado efecto sobre el número de plantas de alfalfa:
cuando se mezcla el cultivo acompañante con la leguminosa en la misma linea se
produce una fuerte caida en la producción de ésta, en comparación con la
ubicación en lineas separadas.
Por otro lado, a medida que aumenta la densidad del
acompañante se incremento, en general, la competencia sobre la especie de la
pastura. Las densidades no superiores a 30-50 plantas por metro cuadrado para el
acompañante fueron señaladas por Duarte y sus colaboradores como no críticas
para el establecimiento de la alfalfa, pero su efecto puede ser muy variable al
momento del primer pastoreo. En síntesis, se puede utilizar cultivos
acompañantes, pero siempre en bajas densidades, con siembras en hileras
separadas de la alfalfa, en fechas tempranas y evitando que se los destine para
producción de grano. Si los suelos no tienen riesgos de voladuras y se hace un
buen control inicial de las malezas, es posible prescindir de su uso para
favorecer un rápido establecimiento y una alta producción ¡nicial de la
alfalfa.
Tratamiento de la semilla Frente a la ausencia de los
rizobios naturales, o la ¡nesciencia de existentes, es conveniente la
inoculación de la semilla antes de la siembra.
La operación debe ser realizada a la sombra, evitando los
fertilizantes ácidos -como el superfosfato triple- y la semilla tiene que ser
sembrada dentro de las 24 horas de tratada, ya que un almacenaje prolongado
provocará una rápida declinación en el número de rizobios viables.
Asimismo, la semilla pelleteada con carbonato de calcio
tiene ventajas, porque esa cobertura neutraliza la acidez en el microambiente
edáfico donde desarrolla. Esto facilita la penetración y la multiplicación de
los rizobios en las raicillas. Además, esta capa también protege al inóculo
contra la desecación, permitiendo almacenar la semilla tratada por un tiempo
más prolongado.
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