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Prepárese para Fertilizar con Sequía o con Mucho
Agua
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Dr. Ricardo Melgar
Publicado en La Nacion el 28 de Marzo de 2009
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La sequía pasada dejó algunas lecciones a los asesores que
recomiendan los programas de fertilización. No es posible predecir el clima con
la anticipación de una campaña, y por lo tanto no es posible tener programas a
medida de manejo de nutrientes para distintos climas, sean óptimos, con las
lluvias oportunas y sincronizadas con la demanda de los cultivos, y otra para
cuando estas lluvias escasean. Peor aun, las decisiones tomadas al principio de
la siembra no son reversibles, solo restan tácticas de contingencia para
mitigar errores previos o para ajustarse a las nuevas perspectivas, generalmente
mas malas que las que se habían previsto.
Las fertilizaciones que incluyen todo el N requerido a la
siembra, si bien son mucho más prácticas que dividirlas, suponen el riesgo que
resulten excesivas si el panorama de lluvias no es el deseado. Con respecto a la
fertilización con fósforo a la siembra, la única especulación posible
respecto del nivel que se usará es hacer un análisis de suelo, que por su
exiguo valor exime de otras decisiones más arriesgadas basadas en hipotéticos
balances. Luego podrán decidirse estrategias de uso adecuando la disponibilidad
de recursos financieros a expectativas de rindes y resultados. Una
fertilización generosa que no se compatibiliza con el rinde finalmente obtenido
luego de una sequía dejará fósforo para el cultivo siguiente. Si por las
razones que hubo en la campaña anterior, el nivel de fertilización aplicado a
los cultivos fue menor a lo habitual, y por la menor oferta de lluvias se
reflejó en un menor rinde, el análisis de suelo debería mostrar una
situación neutra, sin aumento ni disminución de las reservas de nutrientes.
Otras variantes indicarán una mayor o menor reposición, según hayan sido las
discrepancias entre el fosfato aplicado y el exportado por la cosecha actual,
sea trigo, soja o maíz.
La dinámica del N en el suelo hace bastante más difícil
de predecir su disponibilidad de cultivo a cultivo, ya que el N no usado para
producir grano se inmoviliza en la materia orgánica del suelo, proceso
magnificado por un mayor nivel de rastrojos. Dadas determinadas circunstancias
ambientales, sin embargo, luego de una relativamente abundante fertilización
para un cereal, (maíz o trigo) puede resultar en un nivel mayor de N mineral
disponible a la siembra de un cultivo siguiente, si el rinde del cereal no fue
el esperado. No es seguro ni práctico sin embargo especular con este N
residual, excepto que sea una región semiárida. En el caso de la región
pampeana más húmeda, que sufrió la sequía, cualquier excedente de N habrá
sido lavado por las lluvias de las últimas semanas. No obstante, evaluar el N
de nitratos en el perfil ayudara a mejorar la estimación de necesidad de N para
el trigo. Lo mismo ocurrirá con el azufre excedente ya que éste se lixivia con
el exceso de agua de precipitaciones.
La mejor opción
En consecuencia, planificar la próxima fertilización para
la campaña que viene, y en el contexto complicado que se advierte, el análisis
de suelo continúa siendo la primer y mejor opción antes de cualquier decisión
de dosis de fertilización para fósforo. Los niveles para nitrógeno en cambio
deberán decidirse sobre la base de expectativas de rinde con una sintonía mas
fina apelando a un balance que incluya en la cuenta al valor de N –Nitratos
residual y al contenido de materia orgánica del suelo.
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