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Fertilización Nitrogenada de Trigo y Otros Cereales
de Invierno. Criterios de Manejo para Incrementar su Eficiencia
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Ing. Gustavo Ferraris
Campaña 2006/07 y 2007/08 Proyecto Regional Agrícola, CERBAN
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El trigo una es una especie invernal de
elevado potencial de crecimiento y respuesta a la tecnología. Sus
requerimientos nutricionales se cuentan dentro de los más altos de los cereales
pero están por debajo de otros cultivos como soja, girasol o colza (Tabla 1).
Es probable que, hasta hace poco tiempo atrás, haya sido el cultivo pampeano
con mayor brecha tecnológica respecto de los rendimientos obtenidos en otros
países del mundo. A esto contribuían factores ambientales (duración de la
estación de crecimiento, temperaturas durante el llenado de granos, coeficiente
fototermal, riesgo de fusariosis de la espiga en algunas regiones trigueras),
del sistema productivo (producción en doble cultivo que privilegia el
acortamiento de los ciclos y la utilización de cultivares sin requerimientos de
vernalización), genéticos (germoplasma con potencial de rendimiento acotado) y
de manejo (menor uso de insumos respecto de cultivos estivales). Sin embargo,
buena parte de esta brecha fue superada en los últimos años, permitiendo un
incremento sostenido en los rendimientos que alcanzaría su máximo nivel
durante la campaña 2007/08.
Tabla 1: Requerimientos e índice
de cosecha de nutrientes en Trigo. Fuente: Ciampitti y García, 2007. IPNI
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Nutriente |
Requerimiento |
Ind.
Cosecha |
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kg/ton |
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N |
30 |
0,69 |
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P |
5 |
0,80 |
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K |
19 |
0,21 |
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Ca |
3 |
0,14 |
|
Mg |
4 |
0,63 |
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S |
5 |
0,34 |
|
B |
0,025 |
- |
|
Cu |
0,010 |
0,75 |
|
Fe |
0,137 |
- |
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Mn |
0,070 |
0,36 |
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Zn |
0,052 |
0,44 |
Manejo de la fertilidad nitrogenada.
El Nitrógeno (N) es el principal elemento requerido para la
producción de los cereales de invierno, como es el caso del trigo. Deficiencias
de este nutriente afectan el rendimiento y el contenido de proteína, haciendo
que su manejo sea estratégico para la producción del cultivo.
Tal vez el aspecto más dificultoso a la hora de realizar un
correcto diagnóstico de fertilidad nitrogenada, es su fuerte interacción con
el ambiente. La respuesta a la fertilización se relaciona en forma directa con
la demanda del nutriente, la cual se incrementa al aumentar el rendimiento
potencial. Por este motivo, aquellos factores que reducen la expectativa de
rendimiento, reducen también la eficiencia de uso del nitrógeno (EUN) agregado
por fertilización. Esto justifica que, en aquellas regiones donde el cultivo
presenta frecuentes limitaciones a la productividad, como altas temperaturas,
baja latitud, riesgo de fusariosis o presencia de calcáreo a poca profundidad,
se utilicen bajas dosis de fertilizante nitrogenado. Por el contrario, regiones
como el sudeste de Buenos Aires, bajo ambientes de suelo profundo y buena
recarga del perfil, presentan EUN elevadas y suelen recibir dosis altas de N.
Por cultivarse en una estación seca como el invierno, el
rendimiento de trigo guarda una relación directa con el agua disponible
almacenada a la siembra del cultivo. En suelos profundos, esta puede definirse
como el agua que se encuentra entre capacidad de campo (CC) y el punto de
marchitez (PMP) hasta 2 m de profundidad. La relación es más acentuada en
algunas regiones i.e. la región triguera norte, de mayor demanda ambiental,
pero se cumple en toda las zonas de cultivo de nuestro país, como el centro de
Santa Fe (Fontanetto el al., 2009), el norte de Córdoba (Martelotto et al,
2004) o el sur de Buenos Aires (Galantini et al., 2009). Entonces, la
disponibilidad de agua, al condicionar el rendimiento, también lo hace con la
respuesta a la fertilización nitrogenada. Variaciones en el contenido hídrico
inicial han sido responsables de grandes diferencias en los rendimientos y en la
eficiencia se uso de nitrógeno en las dos últimas campañas (Figura 1).

Figura 1.a Junio 2007. 300 mm agua útil
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Figura 1.b Junio 2008. 70 mm agua útil
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Figura 1: Perfil hídrico inicial hasta 2m de
profundidad en ensayos realizados en la localidad de Pergamino (Serie
Pergamino, argiudol típico).
Cuando la condición hídrica es adecuada, el rendimiento de
trigo se asocia a la disponibilidad de N en suelo, y su contenido inicial a la
siembra ha sido utilizado como indicador de diagnóstico. Una red de 14 ensayos
que abarcó el norte, centro y oeste de Buenos Aires durante los años 2006 y
2007 permitió establecer que se podría alcanzar un rendimiento igual al 95 %
del máximo con alrededor de 130 kgN ha-1, sumando el disponible a la
siembra hasta 60 cm de profundidad, y el agregado como fertilizante (Ferraris y
Mousegne, 2008)(Figura 2). Este umbral sería válido para cultivares de
genética nacional y europea – tipo Baguette-, ya que si bien estos
alcanzarían rendimientos levemente superiores a igual disponibilidad de N, la
función de respuesta de ambos genotipos no difiere significativamente. Este
mismo esquema ha sido utilizado para realizar recomendaciones de fertilización
nitrogenada en cebada, especialmente con el advenimiento de cultivares de alto
rendimiento como Scarlett (Loewy et al., 2008). La menor biomasa total acumulada
por este cultivo, y la tendencia de la variedad Scarlett a mantener niveles
acotados de proteína en los granos, hace que los requerimientos y el umbral
crítico de esta especie sean más bajo con relación al trigo (Figura 3).

Figura 2.a
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Figura 2.b
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Figura 2: Relación entre el
Rendimiento Relativo al máximo y la disponibilidad de N (suelo 0-60 cm+
fertilizante) en trigo en el norte, centro y oeste de Nuenos Aires para:
a) dos perfiles de genotipos –Baguette en Rojo, no Baguette en azul y b)
toda la red. Las flechas verticales indican el nivel de N necesario para
alcanzar un RR=0,95 del máximo. Ferraris y Mousegne, 2008.
Figura 3: Rendimiento en función de la oferta de N
(suelo+fertilizante, 0 - 60 cm) en cebada cervecera Cultivar Sacarlett. Los
ensayos fueron realizados en el SO y NO de la provincia de Buenos Aires. La
línea indica la función ajustada a los ambientes de mayor rendimiento (Puan,
San Francisco Belloq, Trinidad y Bragado en el 2005 y Bragado en el 2006).
Tomado de Loewy et al., 2008
En el centro –norte de Buenos Aires, sur de santa Fe y
otras regiones ubicadas más al norte o al oeste, el diferimiento de la
fertilización de la siembra al macollaje suele traer como consecuencia una
disminución en los rendimientos asociado a incrementos en el porcentaje de
proteína. Este comportamiento está indicando una menor eficiencia del N
aplicado en macollaje para incrementar los rendimientos, y se explica por la
menor frecuencia e intensidad de las precipitaciones que acompañan el ingreso
al invierno, lo cual disminuye las posibilidades de incorporación de los
fertilizantes. Este comportamiento fue observado en localidades tan distantes
como Pergamino (Figura 4.a) (Baumer et al., 1997), Necochea o Tres Arroyos
(Figura 4.b) (Chevallier y Toribio,
2006. b.c).
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Figura 4.a
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Figura 4: Rendimiento de trigo resultado de a)
diferentes fuentes y momentos de aplicación de nitrógeno en Pergamino. No se
registraron excesos hídricos que pudieran ocasionar pérdidas de Nitrógeno
en el sitio. Adaptado de Baumer et al., (1997).
En el sudeste de Buenos Aires, la frecuente recarga otoñal
de los suelos y la mayor probabilidad de excesos hídricos entre siembra y fin
de macollaje determinan cierto riesgo de pérdidas de N por lixiviación, cuando
es aplicado a la siembra. Por este motivo, Barbieri et al, (2008.a, b)
observaron mayor eficiencia para las aplicaciones de macollaje respecto de
siembra en seis de cada diez sitios, entre 2005 y 2008.
Suelos saturados de humedad o presencia de napa cercana a la
superficie podrían hacer recomendable postergar la aplicación de N hacia el
macollaje. Lo mismo sucedería cuando se aplica N en cobertura sobre residuos
voluminosos de alta relación C/N. Esta situación suele presentarse cuando se
siembran cultivares de trigo de ciclo largo sobre antecesor maíz recientemente
cosechado, y no se dispone de la posibilidad de incorporar el N en el suelo. La
alta relación C/N de estos residuos, inmovilizaría el N bajo formas
orgánicas, volviendo a estar disponible más allá de la etapa de macollaje.
Aplicaciones diferidas, cuando la relación C/N ha descendido, hacen que el
nutriente permanezca en forma de nitratos, posibilitando una más rápida
absorción por el cultivo invernal, resultando en mayor EUN. Este comportamiento
fue observado por Chevallier y Toribio, (2006.a) en suelos con alta cobertura de
residuos de maíz en Bragado.
Manejo sitio-específico de la fertilización nitrogenada:
Aun dentro de un mismo lote, la dosis óptima económica
puede variar en función de la heterogeneidad natural o inducida por el manejo
previo, que origina cambios en el rendimiento potencial del cultivo y en la
capacidad del suelo para ofrecer N. El impacto económico de un manejo por
ambientes o sitio-específico dependerá de 1. el grado de variabilidad
existente en el lote, siendo deseable grandes diferencias a nivel de macroescala
2. que esta variabilidad esté acotada, y exista poca variabilidad a
microescala, donde difícilmente podrá ser identificada y manejada . 3. que la
causa de variación pueda ser reconocida e interpretada y 4. de la capacidad
para diseñar funciones de respuesta específicas para cada uno de los sitios
que se propone manejar diferente.
En la Región CREA Mar y Sierras, González Montaner et al.,
citado por García (2008) proponen definir objetivos de N (suelo 0-60 cm +
fertilizante) de 125 o 175 kg Nha-1 en función de la
profundidad efectiva de suelo, su contenido hídrico inicial y las
precipitaciones hasta fin de septiembre. De ser necesario, se definen valores de
índice verde en base a Spad y sensores remotos. En Argiudoles típicos de la
zona de San Antonio de Areco, López de Sabando et al (2008) estudiaron diversas
metodologías para clasificar ambientes, como mapas de rendimiento, índices
verdes integrados a partir de imágenes satelitales Landsat, mapas de suelo,
antecedentes de manejo proporcionados por el productor y una integración
estandarizada de estas metodologías. En general, se observó las distintas
metodologías coincidían en zonas de alta y media productividad pero no así en
las de baja. La utilización de mapas de rendimiento y la integración
estandarizada de todas las herramientas aparecieron como alternativas apropiadas
para discriminar ambientes en un rango amplio de niveles de productividad.
Contrariamente a lo esperado, la zona de mayor EUN y a la que se recomienda la
dosis más alta no siempre es la de mayor rendimiento, correspondiendo algunas
veces a ambientes empobrecidos con baja materia orgánica y muy baja dotación
de N inicial (López de Sabando, comunicación personal)
Consideraciones finales
La dinámica propia del nutriente determina la imposibilidad
de realizar un correcto diagnóstico a partir de un único indicador de suelo o
cultivo. Por el contrario, para alcanzar EUN que hagan rentable la
fertilización es necesario interpretar en forma precisa la capacidad productiva
del ambiente, cuantificar indicadores de la oferta actual y potencial del
nutriente a lo largo del ciclo y, por último, definir estrategias de
aplicación– momento – fuente – dosis fija o variable – que garanticen
la máxima recuperación minimizando eventuales vías de pérdida del sistema.
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