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Fertilización
Fosforada del Cultivo de Soja
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F. H. Gutierrez Boem y J. D.
Scheiner
Cátedra de Fertilidad y Fertilizantes, Facultad de Agronomía, U.B.A.
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El objetivo de una
fertilización es satisfacer los requerimientos de nutrientes del cultivo en las
situaciones en las cuales el suelo no puede proveerlos en su totalidad. Estos
requerimientos no son fijos, sino que aumentan con el rendimiento. La tabla 1
muestra los requerimientos de P del cultivo de soja por cada tonelada de grano
producido, y el total requerido para obtener un rendimiento de 3000 kg/ha. Del
total de P absorbido, la soja exporta a cosecha un 80-85% con el grano. Por
ejemplo, la exportación de P de una soja que rinde 3000 kg/ha es de unos 20
kg/ha de P. Hace años que en la región pampeana la soja se cultiva
prácticamente sin fertilización fosforada, o con dosis que no compensan la
exportación de P en el grano. Como las vías de reposición naturales de P al
suelo son irrelevantes, la falta de fertilización ha provocado una caída en la
disponibilidad de P en los suelos que ha sido documentada por varios
investigadores en los últimos veinte años. Como la disponibilidad inicial de P
en muchas zonas de la región era de media a alta, esta extracción se pudo
sostener sin mayores consecuencias para la producción y los rendimientos. Pero
en la actualidad son cada vez más frecuentes los casos en que la disponibilidad
de P ha caído por debajo del mínimo necesario para cubrir los requerimientos
del cultivo. Hace ya muchos años un investigador planteó que los nutrientes
del suelo son como el dinero en una cuenta bancaria, si las extracciones superan
los depósitos se marcha hacia una ruina segura (Thomas, 1989). Todo indica que
estamos agotando el crédito que la naturaleza nos proveyó y que va siendo hora
de realizar algún depósito.
Tabla 1:
Requerimientos de fósforo del cultivo de soja y exportación en el grano en
función del rendimiento (Andrade y col., 1996)
| Rendimiento |
Requerimiento |
Exportación |
| (kg/ha) |
(kg/ha) |
(kg/ha) |
| 1000 |
8 |
7 |
| 2000 |
16 |
13 |
| 3000 |
24 |
20 |
| 4000 |
32 |
27 |
¿Por qué una
deficiencia de fósforo disminuye los rendimientos?
El rendimiento del
cultivo de soja, como el de otros cultivos, se puede descomponer en número de
granos y peso individual de los granos. La caída en los rendimientos producto
de una deficiencia de P, se debe en general a una disminución en el número de
granos. El peso de los granos, por el contrario, raramente es afectado. La
figura 1 muestra esta fuerte asociación entre rendimiento y número de granos
cuando éste varió en un ensayo de fertilización fosforada en soja.
El número de granos del
cultivo de soja se determina durante la formación de las vainas, esto es, entre
floración y el comienzo del llenado de los granos. Para poder maximizar el
rendimiento, es importante que durante esta etapa el cultivo pueda hacer un uso
eficiente de los recursos del ambiente disponibles, como por ejemplo la
radiación solar. La figura 2 muestra un esquema de cómo la radiación solar
que llega al cultivo es capturada y transformada en grano, y qué
características del cultivo o procesos pueden afectar este pasaje de radiación
a grano.
Fig. 1: Relación
entre el rendimiento y el número de granos, cuando ambos variaron por el
agregado de 20 kg/ha de fósforo (Gutierrez Boem y col., inédito)
Fig. 2: Conversión de
la radiación incidente sobre el cultivo en rendimiento
Lograr una buena
cobertura es importante para que el cultivo pueda capturar toda la radiación
incidente. Para ello debe haber desarrollado una área foliar tal que le permita
cubrir bien el suelo. Una buena cobertura a floración va a depender, entre
otros factores, de la disponibilidad de P del suelo. La figura 3 muestra cómo
una soja no fertilizada creciendo en un suelo con baja disponibilidad de P llega
a floración capturando un 25% menos de la radiación. Esto ocurre porque una
deficiencia de P disminuye tanto la velocidad de aparición de hojas como su
tamaño (Gutierrez Boem y Thomas, 2001).
Una vez capturada la
radiación incidente, esta energía es transformada en biomasa. La eficiencia de
esta conversión (kg de materia seca acumulada por unidad de energía capturada)
puede variar debido al estado nutricional del cultivo. Incluso cuando la
deficiencia fosforada no es tan severa como para disminuir en forma importante
la formación de área foliar, la eficiencia con que el cultivo hace uso de la
radiación capturada puede ser afectada. La figura 4 muestra los resultados de
dos ensayos dónde entre floración y comienzo de llenado de los granos, que es
el período en el que se determina el número de granos, no se observaron
diferencias ni en área foliar ni en radiación capturada entre las parcelas
fertilizadas y los testigos. Sin embargo, la fertilización fosforada provocó
un aumento en el número de granos y en el rendimiento.
Fig. 3: Efecto de la
deficiencia de P sobre el área foliar, la radiación interceptada a
floración, el número de granos y el rendimiento de soja. Con P: 20 kg/ha de
P; P disponible (siembra: 4.6 ppm (Gutiérrez Boem y col., inédito).
La proporción de la
materia seca acumulada por el cultivo que se cosecha en los granos es lo que se
llama índice de cosecha. Esta característica se ha mostrado poco sensible a
las variaciones en la disponibilidad de P. En síntesis, una deficiencia
fosforada en soja puede provocar una caída en los rendimientos por su efecto
sobre la formación del área foliar y, por lo tanto sobre la cantidad de
radiación capturada, y también por su efecto sobre la eficiencia de
conversión de esta radiación en materia seca. La suma de estos efectos provoca
un menor crecimiento entre floración y comienzo de llenado de los granos, un
menor número de granos y, por lo tanto, un menor rendimiento.
¿Puede el suelo proveer
el fósforo necesario?
El diagnóstico de la
fertilidad de un suelo implica, justamente, evaluar la capacidad del suelo de
proveer los nutrientes requeridos. Al igual que para otros cultivos en la
región pampeana, esta capacidad se puede evaluar mediante el análisis de
suelo, midiendo el P extractable (Bray 1) en la capa de 0 a 20 cm de
profundidad.
En el año 1995 Melgar y
colaboradores presentaron una recopilación de numerosos ensayos de
fertilización fosforada de soja realizados en la región pampeana desde fines
de los 70. El análisis conjunto de estos ensayos mostró una respuesta a la
fertilización muy probable cuando el suelo tenía menos de 9 ppm de P y poco
probable cuando estaba por encima de 14 ppm. Sin embargo, aún cuando el nivel
de fosforo disponible era bajo (< 9 ppm) las respuestas eran muy variables, y
en el 15 % de los casos menores a 100 kg/ha. Esta erraticidad planteaba la
cuestión de si había otros factores del ambiente o de manejo que estaban
condicionando la respuesta a la fertilización fosforada aún en suelos con
contenidos muy bajos de P. Y además creaba incertidumbre respecto de la
respuesta esperada a la hora de decidir una fertilización basada en el
análisis de suelo.
El proyecto
Fertilizar (INTA) realizó una red de 28 ensayos de fertilización de soja de
primera durante la última campaña (Proyecto Fertilizar-INTA, 2001). En ellos
se fertilizó el cultivo con una dosis de 20 kg/ha de P colocado en bandas a la
siembra. Los resultados se muestran en la figura 5. De acuerdo a la función
ajustada se puede esperar una repuesta mayor a 200 kg/ha en suelos con 13 ppm o
menos, y una respuesta mayor a 300 kg/ha en suelos con menos de 9 ppm. Quizás
lo más relevante de estos resultados no son estos valores de P disponible por
debajo de los cuales se espera una respuesta, sino la consistencia en los
resultados obtenidos. Todos los sitios con menos de 12 ppm tuvieron repuestas
positivas de más de 100 kg/ha. El análisis de suelo se reveló como una
herramienta confiable para predecir una deficiencia fosforada.
Fig. 5: Respuesta a la
fertilización en función del fósforo disponible a la siembra (Proyecto
Fertilizar-INTA, 2001)
¿Qué fuentes de
fósforo usar en el cultivo de soja?
Dos fertilizantes
habitualmente usados como fuentes de P son el superfosfato triple (SPT, 20 % de
P) y el fosfato diamónico (PDA, 18 % de nitrógeno y 20 % de P). La principal
diferencia entre ambos es el aporte de nitrógeno que realiza el PDA, ya que
ambos son solubles y tienen el mismo contenido de P. Se sabe que el cultivo de
soja requiere cierta provisión de nitrógeno del suelo, ya que, por un lado la
fijación simbiótica no cubre todos los requerimientos y, por el otro, ésta no
comienza sino después de al menos 10-20 días de la infección. Previo a este
momento el cultivo depende del nitrógeno del suelo. Esto permitiría suponer
que el agregado de pequeñas dosis de nitrógeno a la siembra tendría un efecto
positivo como arrancador y no llegaría a inhibir la nodulación y fijación de
nitrógeno.
En varios ensayos en la
zona centro-norte de la Pcia. de Bs.As. se probaron estas dos fuentes de P (SPT
y PDA) con una dosis de 100 kg/ha de fertilizante. Esto significó un aporte de
20 kg/ha de P para ambas fuentes más un aporte adicional de 18 kg de nitrógeno
en el caso del PDA. Este pequeño aporte de nitrógeno no tuvo ningún efecto
sobre la nodulación, pero tampoco afectó los rendimientos, incluso en sitios
dónde el contenido de nitratos a la siembra era muy bajo (Fig. 6). La respuesta
fue la misma independientemente de la fuente de P utilizada. Por lo tanto, el
aporte de nitrógeno no debería ser considerado a la hora de elegir la fuente
de P a usar.
Fig. 6: Respuesta del
cultivo de soja al uso de dos fuentes de P, superfosfato triple (SPT) y
fosfato diamónico (PDA). Contenido de nitratos inicial (0-60 cm): 32, 12 y 13
kg/ha de N en Junin 99/00, Viamonte 99/00 y Junin 98/99, respectivamente. Las
barras representan el desvío estandar (Scheiner y col. 2000; Gutierrez Boem y
col, inedito).
A modo de cierre
Hay cada vez más
evidencia que la fertilidad fosforada de los suelos en la región pampeana es en
muchos casos insuficiente para obtener buenos rendimientos. Las causas hay que
buscarlas en que estas deficiencias nutricionales reducen el crecimiento del
cultivo, impiden que éste haga un uso eficiente de los recursos del ambiente y,
por lo tanto, disminuyen los rendimientos. El análisis de suelo previo a la
siembra nos provee de la información necesaria para predecir una deficiencia, y
el agregado de fertilizantes a la siembra nos permite corregirla. Es válido
suponer que de continuar con la práctica de producir soja sin atender a la
fertilidad del suelo, no sólo estaremos empobreciendo cada vez más el suelo,
sino también las cosechas.
Referencias
-
Andrade, F.H., H.E.
Echeverría, N.S. Gonzalez, S. Uhart y N. Darwich. 1996. Requerimientos de
nitrógeno y fósforo de los cultivos de maíz, girasol y soja. Boletín
técnico no. 134, EEA INTA Balcarce, 17p.
-
Thomas, G.W. 1989. The
soil bank account and the farmer´s bank account. Journal of production
agriculture, 2: 122-124.
-
Gutiérrez Boem, F.H.
y G.W. Thomas. 2001. Leaf area development in soybean as affected by
phosphorus nutrition and water deficits. Journal of plant nutrition, 24 (en
prensa).
-
Melgar, R., E. Frutos,
M.L. Galetto, H. Vivas. 1995. El análisis de suelos como predictor de la
respuesta de la soja a la fertilización fosfatada. En: AIANBA, 1er
Congreso Nacional de Soja y 2da Reunión Nacional de Oleaginosas,
Pergamino (Bs.As., Argentina), I:167-174
-
Proyecto
Fertilizar-INTA. 2001. Soja: Respuesta a la fertilización en la región
pampeana. Cuadernillo de la Jornada de Actualización Técnica para
Profesionales "Fertilidad 2001". pp. 27-28. INPOFOS (PPI-PPIC). http://www.fertilizar.org.ar/redsoja/ResuCamp00-01.htm
-
Scheiner J.D., F.H.
Gutiérrez Boem, J. Pirotta y R.S. Lavado. 2000. Respuesta del cultivo de soja
a la aplicación de fertilizantes nitrogenados y fosforados en el norte de la
Pcia. de Buenos Aires. XVII Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo,
Comisión 3 no. 62. Mar del Plata. 11 al 14 de abril de 2000.
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