Fertilización Compuesta (N-P-S) de Trigo en una Rotación.
Respuesta Productiva y Desarrollo Radicular

artículos
VIVAS, Hugo1, ALBRECHT, Ricardo1, OLIVEIRA FERREIRA, A.2 y HOTIÁN, J.L.3.
1Profesionales del INTA EEA Rafaela,
2
.Universidad Estadual de Ponta Grossa, PR, Brasil,
3
.Cooperativa Bernardo de Irigoyen. 
 
hvivas@rafaela.inta.gov.ar
 

En la región central de Santa Fe el trigo es un componente importante de las rotaciones agrícolas. Normalmente para optimizar la producción requiere de una fertilización integral con nutrientes como el N, el P y el S (Vivas et al. 2003; Fontanetto et al. 2003).

Según la disponibilidad de los suelos puede en ciertos casos, como en el oeste de Santa Fe, obviarse el uso del P ó utilizarlo como arrancador. En cambio en el centro este de la provincia, como el Departamento San Jerónimo, y en particular en el presente ensayo de larga duración, la fertilización no solo debe ser balanceada sino incluir dosificaciones extras de P y S para obtener beneficios productivos y económicos en la leguminosa posterior de la secuencia (Vivas, 2003).

Con el sistema de siembra directa la disponibilidad de nitrógeno de nitratos (NNO3 -) del suelo superficial al momento de la implantación del trigo es escasa, básicamente por una cuestión de bajas temperatura (Dowdell y Cannell, 1975). Cuatro años de relevamientos hechos por la EEA Rafaela en la región central de la provincia mostraron que entre el 82 y el 94% de los análisis fueron inferiores a 10 ppm, cantidad muy deficiente para los requerimientos del cultivo, confirmando otras referencias como la de Alley y Brann (1999). La baja mineralización del suelo implica una inevitable utilización de fertilizantes nitrogenados para compensar el sistema. Los restantes nutrientes podrían variar según las características específicas del sitio o región La escasa mineralización en la época de siembra del trigo también afecta la disponibilidad del P por lo que es importante que la mayor concentración de fosfatos se encuentre disponible en la capa superficial del suelo para favorecer el desarrollo radicular, el macollaje, la espigazón y en consecuencia los rendimientos (Blumenthal y Sander, 2002).

Aunque el nitrógeno es el nutriente más demandado, el P tiene una importancia estratégica: es deficiente en amplias áreas de la región pampeana, no tiene una reposición natural y la importación es necesaria para abastecer la provisión del fertilizante. Como particularidad se destaca las características residuales como las encontradas por Vivas et al. (2001) y Vivas (2003) en la región central de la provincia y la sugerida por Salvagiotti et al. (2003) para la región centro-sur. Es necesario puntualizar que en condiciones de déficit hídrico la deficiencia de P condiciona la absorción del N (Vivas y Hansen, 1996).

Al igual que el P, el otro nutriente que posee propiedades residuales es el S y ello fue demostrado en varias oportunidades (Vivas et al., 2001; Fontanetto et al., 2003; Ramig et al., 1975). La respuesta al S es más notable en los sistemas de agricultura continua de secano y sobre todo si existe disminución de la materia orgánica o procesos de erosión (Oveson, 1966).

Como el diagnóstico del S es errático tanto en los análisis de suelo como en tejidos de plantas, el mejor indicador es la evidencia sobre el mismo cultivo (síntomas y producción). Cuando la respuesta se observa en trigo u otra gramínea indica que ocurrirá lo mismo con las leguminosas posteriores y el resto de las cosechas en los años subsiguientes, si es que no ocurren deficiencias hídricas. Por lo expuesto anteriormente, en la región central de la provincia es necesario fertilizar con N, P y S para aumentar los rendimientos del trigo y permitir efectos residuales del P y S en los cultivos posteriores.

Aunque la siembra directa con rastrojos en superficie tiene menor temperatura del suelo superficial, mayor densidad aparente y resistencia a la penetrabilidad, las condiciones se compensan por un sistema de macroporos más extenso que favorece el crecimiento y la distribución de las raíces (Rasse y Smucker, 1998). Si esta condición se combina con distintas dosis de fertilizantes es factible incrementar la proliferación radicular según la nutrición del suelo (Drew et al., 1973). Al respecto Sainju et al., (2005) destacan que no solo se promueve mayor biomasa radicular sino también un incremento del carbono y el nitrógeno edáfico. Qian y Doran, (1996) estiman, según cultivo, un aporte entre 400 a 1600 kg/ha de C por cada estación de crecimiento proveniente de dicha fuente. Ello permitiría, con la descomposición radicular de los sucesivos cultivos, ir incrementando la materia orgánica de los horizontes superficiales, mejorar la rizosfera, y de ese modo la calidad, la sustentabilidad y la productividad del suelo.

El objeto del presente trabajo consistió en evaluar la fertilización compuesta N-P-S del trigo y su influencia sobre la producción del grano, la materia seca aérea, las espigas por unidad de superficie, los granos por espiga y observar el desarrollo radicular de la capa superficial del suelo.

 

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