El nitrógeno, el fosforo y el boro son los nutrientes más
limitantes para el cultivo de girasol. La investigadora Silvia Ratto, de la
Universidad de Buenos Aires considera que cerca del 80% del área cultivada con
girasol en la Pradera Pampeana es deficitaria en boro para girasol.
Este cultivo es uno de los cultivos más sensibles a la
deficiencia de boro. Fallas en el desarrollo y expansión de cotiledones, hojas
pequeñas y deformadas, rotura de tallos, caída de capítulos y mal llenado de
granos son algunas consecuencias de esta deficiencia. Desde el punto de vista de
rendimiento el desprendimiento de los capítulos es de gran incidencia al
afectar directamente el número de granos cosechables. Generalmente condiciones
de altas temperaturas y sequía regulan la provisión de boro e intensifican la
respuesta a aplicaciones de este nutriente. No obstante los requerimientos no
son sino en pequeñas cantidades; apenas 70 g/ha se necesitan para producir una
tonelada de grano. Los que comparados con los 41 kg que en promedio se requieren
de nitrógeno, 5 kg de fosforo o 29 kg de potasio, ameriten que al boro, como al
zinc, y otros elementos se los denomine micronutrientes. Sin que ello implique
su menor importancia en la fisiología del cultivo.
En los suelos del oeste bonaerense se han informado de
resultados positivos en el rendimiento cuando se aplicaba boro como
fertilizante. El Ing. Díaz Zorita informa que puede lograrse un incremento del
20 % del rendimiento cuando los suelos tienen baja disponibilidad de boro,
mencionando que este sería el caso cuando un análisis de suelo determine que
hay menos de 0,10 ppm de este elemento. Si esta disponibilidad fuera algo
superior, como ser 0,2 ppm, el incremento por la fertilización en cambio será
menor, equivalente al 5 %, mientras que si el suelo esta bien provisto, con más
de 0,3 ppm, no habría respuesta al agregado de boro como fertilizante,
Otros estudios indican que la probabilidad de obtener estas
respuestas de rendimiento de girasol al agregado de boro es muy alta en una
buena parte de la región semiárida- sub húmeda pampeana; la que abracaría
además al Sudeste de Buenos Aires, al Este de La Pampa y al centro de Córdoba
El objetivo de este trabajo fue evaluar la respuesta al agregado de B en girasol
al sur de Córdoba
Materiales y Métodos
Se implantaron dos ensayos de girasol en Villa Marcelina,
Río Cuarto, Córdoba. Los tratamientos de fertilización apuntaron a evaluar la
respuesta al boro aplicado por pulverización foliar como acido bórico (17% de
B), de distintas dosis y momentos, en combinación con nitrógeno.
Adicionalmente se buscó observar las diferencias de rendimiento como resultado
del agregado simple de nitrógeno y de azufre. Los siete tratamientos fueron:
1) Testigo.
2) 40 kg/ha de N Aplicación 2-3 pares de hojas.
3) 40 kg/ha de N + 10 kg de S/ha. Aplicación 2-3 pares
de hojas.
4) 40 kg/ha de N + 10 kg de S/ha + 0,75 Kg de B/ha.
Aplicación 2-3 pares de hojas.
5) 40 kg/ha de N + 10 kg de S/ha -Aplicación 2-3 pares
de hojas + Aplicación de 0,15Kg de B/ha (8-10 pares de hojas).
6) 40 kg/ha de N + 10 kg de S/ha -Aplicación 2-3 pares
de hojas +Aplicación de 5 kg de N/ha (8-10 pares de hojas).
7) 40 kg/ha de N + 10 kg de S/ha-Aplicación 2-3 pares
de hojas +Aplicación de 5 kg de N/ha + 0,150 Kg de B/ha, 8-10 pares de
hojas.
Se buscó determinar las diferencias de rendimiento de grano
y de aceite del girasol como resultado de estos tratamientos.
Resultados
Si bien los suelos poseían valores de boro disponible mucho
mayores a los mencionados por Díaz Zorita, hubieron importantes respuestas de
rendimiento por el agregado de boro por pulverización foliar (Figura 1).
En efecto, en los dos sitios, el suelo tenía 1,1 ppm de
boro disponible, con poca diferencia entre ellos, y las respuestas fueron
mayores al 30 % (32 y 31% en los sitios 1 y 2) cuando la pulverización se
realizó en el estadio de 2 a 3 hojas con 0,75 kg/ha, y de 8 % o 5 % cuando la
aplicación fue más tarde, en el estadio de 8 a 10 hojas y con una dosis menor
(0,15 kg/ha).
En kg/ha de grano esta respuesta implica 826 y 904 kg /ha
para el tratamiento mencionado en primer término, y de 200 o 150 kg/ha para la
segunda opción, en cada uno de los dos sitios respectivamente.
Figura 1. Rendimientos de grano y corregidos por su
contenido de materia grasa según los tratamientos de fertilización. Cada
punto es el promedio de dos sitios.