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El Fósforo en la Producción de Frutales

articulos
Dr. Enrique E. Sánchez

A pesar de participar en importantes roles de la fisiología vegetal, la cantidad requerida de fósforo (P) por los frutales es baja cuando se lo compara con otros macronutrientes como nitrógeno (N), potasio (K) y calcio (Ca). La necesidad de P de las especies frutales está íntimamente relacionado a la concentración en los órganos de la planta y a la cantidad que se exporta a los frutos y al material de poda. Las hojas tienen una concentración que varia entre 0,10 y 0,40 % sobre base seca, mientras que los frutos tienen una concentración muy inferior, en el orden de 0,005 a 0,0012 %. La estructura permanente de la planta (ramas, tronco presenta una concentración baja del elemento, del orden de 0,04 a 0,09%. La cantidad anual de P requerida por los frutales no supera 20 kg/ha. Aproximadamente la mitad se exporta del sistema por los frutos y el material que se poda (si no vuelve al suelo), mientras que la otra mitad se reparte entre la porción que queda inutilizada en el material estructural del tronco y ramas y aquella disponible a ser reciclada debido a su carácter de elemento móvil.

Silva y Rodríguez (1995) comparan distintas especies frutales y concluyen que las necesidades de P, teniendo en cuenta un rendimiento comercial aceptable, varían de 9 a 24 kg/ha (Tabla 1). Entre las especies frutales más comunes, el valor mínimo corresponde a cerezo y el máximo a nogal. Las necesidades de P a lo largo del año son relativamente constantes. Al principio de la estación de crecimiento el P es requerido para formar la masa foliar y luego para el crecimiento del fruto. No existe un período marcado de mayor demanda, sino que es proporcional al desarrollo de los diferentes órganos.

  

Tabla 1: Requerimientos de fósforo de algunas especies frutales (Silva y Rodríguez, 1995).

 

Rendimiento

Requerimientos (kg/ha)

Especie

(tn/ha)

Frutos

Total

Cerezo

12

2

9

Manzano

50

4

11

Peral

60

5

17

Duraznero

30

8

17

Vid

20

5

11

Nogal

4

8

24

   

  

Dinámica de absorción del fósforo

Las reservas localizadas en las partes perennes de la planta son las encargadas de suministrar P al nuevo crecimiento primaveral. Como acontece con el N, el rol de las reservas es fundamental en el reparto inicial de P. En la figura 1 se observa que al inicio de la brotación, las hojas presentan una alta concentración del elemento pero ni bien se desarrolla la copa la concentración disminuye, clásico proceso de dilución dónde el incremento de materia seca no va de la mano con la absorción. Una vez completada la copa, la demanda se centra en los frutos. No hay cambios en la absorción sino que se mantiene relativamente constante hasta el momento de la cosecha. Luego de la cosecha el árbol trata de restablecer su nivel de reservas tanto mineral como de carbohidratos. Si las condiciones de temperatura y humedad del suelo son óptimas, existe una partición equilibrada de fotosintatos a la raíz que fomenta su crecimiento y la absorción de nutrientes. Este periodo es ideal para fertilizar con P.

Desde el punto de vista de la nutrición mineral el P ha sido asociado al Zn. Las publicaciones sobre el particular son tan abundantes en numero como confusas en sus conclusiones. La balanza se vuelca a la reducción de la disponibilidad de Zn en la planta por precipitación de fosfatos insolubles en el suelo, la raíz, o en la planta. Sin embargo la fertilización con P raramente excede cantidades de 50-60 unidades de P siendo poco probable que se produzcan efectos antagónicos.

 

Fig. 1: Evolución de la concentración foliar de fósforo en duraznero cv. O´Henry (Sánchez, 1998)

  

Manejo de la fertilización con P

Es raro observar respuestas a la fertilización con P en sistemas de cultivo convencionales donde se riega toda la superficie del suelo. En estas condiciones y en ausencia de limitantes físicas o químicas, la raíz es capaz de explorar un gran volumen de suelo. En cambio, en sistemas con riego por goteo, donde las plantas no exploran un gran volumen de suelo y el crecimiento radical se restringe principalmente al espacio ocupado por el bulbo húmedo. En estos casos el P debe ser parte del programa anual de fertilización.

Desde el punto de vista fisiológico, el rol del P en fomentar el crecimiento radical es muy importante en el primer año de plantación. En suelos de replante la fertilización con P suele mejorar el crecimiento inicial de la planta (Neilsen, 1994). En suelos del Alto Valle es aconsejable la fertilización con 100-120 g de 0-46-0 en el hoyo de plantación (Sánchez, 1999). El superfosfato triple crea en la zona cercana a los gránulos condiciones de acidez que facilitan la disponibilidad de micronutrientes en suelos con pH alcalino. En situaciones caracterizadas por poseer suelos con escaso volumen útil y bajo contenido de P, es aconsejable el abonado de base de P en cantidades elevadas con el fin de disponer del nutriente durante los primeros años. Esta aproximación es muy empleada en Sudáfrica. Además del superfosfato triple de calcio, con frecuencia se utilizan otros fertilizantes fosfatados como superfosfato simple, fosfato monoamónico o fosfato diamónico. En estos casos, la respuesta favorable de la planta se debe a la oferta combinada de nutrientes (ejemplo, NPS). Independientemente de la fuente de fertilizante el agregado de P en la plantación es una excelente medida de manejo.

En viveros, la aplicación de P es ampliamente justificada debido a su rol en fomentar el desarrollo radical y de esta manera lograr una planta formada más equilibrada. En situaciones donde se esteriliza el suelo y se inhibe la asociación con hongos (micorrizas) la respuesta a P es muy importante

Es clave el momento y el modo de aplicación. En plantaciones tradicionales el P se aplica antes de la brotación o luego de la cosecha. Ambos periodos son igualmente efectivos. No se justifica dividir la aplicación ya que por tratarse de un elemento inmóvil en el suelo es muy poca la variación de disponibilidad en un corto periodo. En el caso de fertirriego, la situación es completamente diferente y es racional repartir el fertilizante acorde a la demanda de la planta. El modo de aplicación depende de la textura del suelo y de la localización del sistema radical. De poco sirve aplicar este nutriente en lugar donde no hay raíces. En suelos de textura franco a franco limoso y en montes con manejo de la línea de plantación con herbicidas, la aplicación en una superficie localizada de suelo ya sea esta por debajo de la línea de goteo o en el área de influencia del microaspersor es suficiente para garantizar la absorción ya que hay raíces a menos de 2 cm de profundidad. Si las raíces están a mas de 10 cm es necesaria la incorporación mecánica del P. En cuanto a la dosis de aplicación, ésta depende mucho del tipo de suelo y del monte frutal. En términos generales, para sistemas de riego gravitacional (manto o surco) se puede hablar de 30 a 60 kg de fósforo por hectárea.

  

Fertirriego

El P al ser un elemento inmóvil en el suelo a priori no es uno de los nutrientes más fácilmente aprovechable por la fertirrigacion. En fertirriego, el estudio de la dinámica del P en el bulbo de suelo húmedo ha sido fundamental para recomendar practicas de manejo eficientes. Los resultados coinciden en mostrar que la movilidad depende de la textura del suelo. En suelos de textura ligera es posible a través de esta forma de distribución localizada lograr la penetración del P a una profundidad de 30-40 cm en unos pocos meses. Primeramente la difusión del P es vertical y luego lateral. Lo opuesto ocurre en suelos pesados. La dosificación se realiza como es común para cualquiera de los nutrientes, de acuerdo a la demanda en cada momento del ciclo anual de crecimiento.

Los fertilizantes tradicionales en base de fosfato de calcio no son suficientemente solubles, pero en cambio el ácido fosfórico ha probado ser una fuente excelente. Se ha visto que fertilizantes solubles como el ácido fosfórico (0-54-0) o el polifosfato de amonio (10-34-0) se mueven mejor en el suelo, aunque por supuesto no lo exime de reaccionar con el sustrato y precipitar. Es más, si el agua de riego contiene concentraciones altas de calcio y magnesio, ocurren precipitaciones dentro de la misma línea de riego. Un fertilizante excelente, pero poco usado en fertirriego, posiblemente por razones de costo, es el fosfato monopotásico (0-52-35). Además de presentar la mayor concentración de nutrientes, tiene bajo índice salino y es de fácil manipuleo.

   

Métodos de diagnóstico

El análisis foliar es, con sus limitaciones, la mejor herramienta para evaluar el contenido de P en frutales. Valores de 0,13 a 0,35% en las hojas medias del brote del año tomadas en el verano (mediados de enero a febrero serían adecuados para la normal producción de las plantas. El análisis de suelo no es buen indicador de la nutrición con P de las plantas de frutales. Un suelo con buen contenido de P disponible puede no relacionarse con la nutrición fosforada del frutal si el sistema radical presenta limitaciones para su crecimiento y funcionalidad.

  

El fósforo y la calidad de las frutas

En manzanos, el P estaría relacionado con la incidencia del decaimiento de los frutos por bajas temperaturas y con la ocurrencia de frutos con poca firmeza de la pulpa (Reeves y Cummings, 1970; Sharples, 1980). Se ha demostrado que células con bajo nivel de P son más grandes que las normales y contienen menos fosfolípidos en las membranas celulares, por lo que un buen nivel de P puede contribuir a fortalecerlas. La concentración de P en las hojas se correlaciona bien con la concentración en los frutos. Idealmente una concentración de al menos 0,24% en hoja garantiza una buena concentración en los frutos.

  

Conclusiones

El P, a pesar de no ser requerido en gran cantidad por los frutales, es un nutriente que no debe ser menospreciado, principalmente en plantaciones muy intensivas con alta densidad de árboles por hectárea.

Su rol en fomentar el desarrollo radical no ha sido suficientemente aprovechado por aquellos que tienen ante sí la responsabilidad de proyectar planes de fertilización. El periodo luego de la cosecha, cuando el sistema radical es destino importante de fotoasimilados es clave en términos de productividad y calidad de la fruta.

Una probable hipótesis plantearía el hecho de que el P en el otoño fomentaría el desarrollo radical, la absorción de nutrientes, el incremento de reservas minerales y un optimo suministro mineral a partir de las reservas en la temporada siguiente. Visto desde este ángulo, el concepto más o menos generalizado de que el P no es un elemento importante (a nivel macronutriente) para los frutales debería ser erradicado.

  

Referencias

  • Neilsen, G. H.  1994. Phosphorus on replanted orchards. 71-77. En: A. B. Peterson y R. G. Stevens (eds). Tree fruit nutrition, Good Fruit Grower, Yakima, Washington.

  • Reeves, J., y G. Cummings. 1970. The influence of some nutritional and management factors upon certain physical attributes on peach quality. J. Amer. Soc. Hort. Sci. 95:338-341.

  • Sánchez, E.E. 1998. Diagnostico nutricional y fertilización de ciruelo y duraznero. Curso Internacional de Fruticultura de Clima Templado-Frio. INTA Centro Regional Cuyo, Mendoza, 16 al 20 de junio Cap. 11:1-6.

  • Sánchez, E.E. 1999. Nutrición mineral de frutales de pepita y carozo. Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. 195 pp.

  • Sharples, R.O. 1980. The influence of orchard nutrition on the storage quality of apples and pears grown in the United Kingdom. 17-28. En: D. Atkinson, J.E. Jackson, R.O. Sharples, y W.M. Waller (eds) Mineral nutrition of fruit trees. Buttehrworths, London.

  • Silva, H., y J. Rodriguez. 1995. Fertilización de plantaciones frutales. Universidad Católica de Chile, 397 pp. 

  

 


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