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Criterios de Fertilización Fosfatada en Sistemas de
Agricultura Continua con Maíz y Soja en el Cinturón de Maíz
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Antonio P. Mallarino
Departamento de Agronomía, Iowa State University
apmallar@iastate.edu
* Trabajo presentado en el Simposio "Impacto de la Intensificación
Agrícola en el Recurso Suelo",
6 y 7 de octubre de 2005 – Colonia (Uruguay), organizado por SUCS y
AACS.
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Introducción
La investigación ha dedicado grandes esfuerzos al estudio
del manejo de fósforo (P) y potasio (K) para cultivos en el cinturón maicero
de los Estados Unidos desde la introducción del maíz híbrido en la década
del 50 y la expansión de la soja a fines de década de los ´60. Sin embargo,
el enfoque de la investigación y los problemas a resolver han cambiado
recientemente porque las condiciones de la producción han cambiado. Uno de los
cambios es que la mayoría de los campos (especialmente de los buenos
productores), ya tienen niveles de P y K óptimos o mayores. Los objetivos
prioritarios de la investigación y la extensión agrícola en estas
condiciones, son diferentes a las condiciones donde predominan deficiencias. El
trabajo se enfoca especialmente en encontrar y difundir métodos eficientes de
fertilización para mantener niveles óptimos de fertilidad y productividad.
Otro cambo importante se relaciona a la introducción o adopción en gran escala
de nuevas tecnologías. Una de ellas es la expansión de sistemas de laboreo
conservacionista. Otra tecnología involucra las técnicas de agricultura de
precisión, las cuales están cambiando profundamente los sistemas de muestero
de suelo y de aplicación de fertilizante. Es posible que prácticas de
fertilización recomendadas para sistemas convencionales no sean apropiadas,
cuando se usan alguna de estas nuevas tecnologías.
El objetivo de esta presentación es discutir conceptos
actuales de manejo de fertilidad y resultados de investigación para P para la
producción de maíz y soja en la zona húmeda del cinturón del maíz,
especialmente en Iowa. La discusión enfoca prácticas de manejo recomendadas,
prácticas usadas por los productores y las razones para su uso. Un análisis
objetivo de estas prácticas y los conceptos en que se basan puede ser útil
para productores y técnicos de otras regiones. Sin embargo, el material
presentado debe interpretarse críticamente ya que prácticas y filosofías
adecuadas para el cinturón del maíz de los EEUU no deben extrapolarse
directamente a otras regiones.
Clima, suelo y prácticas comunes de fertilización
La interpretación correcta de conceptos y resultados de
investigación requiere conocer, aunque sea en una forma general, el clima, los
suelos y las prácticas de manejo de cultivos de la región. El clima es
continental húmedo y los suelos son especialmente apropiados para la
producción de maíz y soja en el cinturón maicero. En Iowa, caen
aproximadamente 750 a 1100 mm de lluvia (disminuye de este a oeste), y se
distribuyen en forma bastante uniforme de primavera a otoño. Hay muy poca
precipitación en forma de nieve durante el invierno. El riego se justifica
económicamente en la zona oeste de la región y en pequeñas áreas aisladas
con suelos arenosos. La alta capacidad de los suelos de acumular agua, la gran
profundidad de arraigamiento y las lluvias, evitan deficiencias hídricas
frecuentes a pesar de la alta evapotranspiración durante el verano. La cubierta
de nieve y los suelos congelados, hacen imposible el laboreo o el crecimiento
vegetal desde diciembre hasta fines de marzo. El maíz y la soja se siembran
desde mediados desde abril a mediados de mayo. La estación de crecimiento no
permite el doble cultivo. A la siembra, los suelos normalmente están húmedos y
con suficiente acumulación de agua debido al derretimiento de la nieve y las
lluvias tempranas.
La mayoría de los suelos de la región (Iowa, el sur
Minnesota, Illinois, y el este de Nebraska), son poco evolucionados siendo en
general Molisoles (Udoles), aunque hay algunos Alfisoles (Udalfes).
Típicamente, los primeros 20-30 cm de las series dominantes tienen de 3 a 6% de
materia orgánica, 20 a 30 % de arcilla (con predominancia de illita), pH entre
5.8 y 7, y no hay horizontes subsuperficiales con alto contenido de arcilla o
impermeables. El material formador del suelo es loes o loes retransportado por
glaciares de distintas edades, tienen textura franca o franco-limosa que permite
buen arraigamiento. La mayoría de los campos ubicados en zonas bajas y planas
tienen sistemas de drenaje subsuperficial para aliviar excesos de agua. Casi
todos los suelos eran originariamente muy deficientes en P, pero la
fertilización durante muchos años ha subido los niveles en muchos suelos a
valores óptimos o altos. Las aplicaciones de fertilizante en general se hacen
al voleo en otoño inmediatamente después de la cosecha, antes de que nieve o
se congele el suelo. La aplicación de fertilizante granulado con la sembradora
prácticamente no se usa y pocos productores aplican fertilizante starter
líquido al momento de la siembra. La fertilización con tanta anterioridad a la
siembra se debe a varias razones, pero especialmente a que los productores
tienen tiempo para hacerlo en esta época y en primavera los suelos están muy
húmedos casi hasta la fecha de siembra.
Interpretación del análisis de suelo y recomendaciones de
fertilización
Los productores del cinturón maicero no tienen dudas acerca
de la utilidad del análisis de suelo para P y K. Unos 15 laboratorios privados
y un laboratorio estatal, analizan 150000 a 200000 muestras de suelo por año en
Iowa, que tiene solo una superficie total de 145000 km2. Existen
calibraciones para varios análisis de suelo de P y K y para varios cultivos,
las que son apoyadas por muchos años de investigación que aun hoy continúa.
La Tabla 1 muestra como ejemplo las interpretaciones de análisis de suelo para
P y las recomendaciones de fertilización para maíz y soja de Iowa.
Calibraciones y recomendaciones similares se usan para K, las que no se
discutirán en este artículo.
Algunos aspectos de las recomendaciones que se resumen en la
Tabla 1 y que son interesantes para discutir incluyen el significado o razones
para las clases interpretativas, la clasificación para diferente contenido de P
en el subsuelo, la nota respecto al nivel de rendimiento asumido y la
recomendación para la rotación; así como la base para definir las dosis
recomendadas.
Tabla 1. Resumen de las interpretaciones de
análisis de suelo y recomendaciones de fertilización para un cultivo de
maíz y soja en Iowa.
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Fósforo
Disponible: Categoría y Clases |
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Método
de Análisis |
Muy
bajo |
Bajo |
Optimo |
Alto |
Muy
alto |
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Bray-1 o Mehlich-3 Colorimétrico
|
-----------------Pdisponible
(ppm a 15 cm) ------------------ |
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Subsuelo bajo en P |
0-8 |
9-15 |
16-20 |
21-30 |
31+ |
|
Subsuelo alto en P |
0-5 |
6-10 |
11-15 |
16-20 |
21+ |
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Mehlich-3 ICP |
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Subsuelo bajo en P |
0-15 |
16-25 |
26-35 |
36-45 |
46+ |
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Subsuelo alto en P |
0-10 |
11-20 |
21-30 |
31-40 |
40+ |
|
Olsen: |
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Subsuelo bajo en P |
0-5 |
6-10 |
11-14 |
15-20 |
21+ |
|
Subsuelo alto en P |
0-3 |
4-7 |
8-11 |
12-15 |
16+ |
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Dosis de
Fertilizante a Aplicar |
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Cultivo |
--------------------------
Kg P2O5 /ha --------------------------- |
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Maíz |
100 |
75 |
55 ª |
0 b |
0 |
|
Soja |
90 |
60 |
40 ª |
0 b |
0 |
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Rotación |
160 |
115 |
95 a |
0 bc |
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a: La recomendación para la clase
Optimo asume el rendimiento promedio en el estado (9400 y 3360
kg/ha para maíz y soja, respectivamente), y debe ajustarse en cada caso.
b: Puede aplicarse fertilizante starter con suelo muy húmedo y frío o
cubierto de residuos.
c: Puede aplicarse la mitad de la dosis recomendada para la clase Optima
|
Las clases interpretativas están basadas en la
probabilidad y magnitud de la respuesta en rendimiento a la fertilización de
acuerdo a los niveles del análisis de suelo. La denominación de las clases
asume que la probabilidad de respuesta es >80%, 65%, 25% y 5% para las clases
Muy Baja, Baja, Optimo y Alto, respectivamente. Un ejemplo de las calibraciones
de campo disponibles se muestra en la Figura 1.
Figura 1. Relación entre el P disponible (P Bray I
en ppm a 0-15 cm) y el rendimiento relativo de maíz y soja en Iowa.
Fertilización de mantenimiento se recomienda para la clase interpretativa
Optima.
Las clases son diferentes de acuerdo al nivel de P del
subsuelo. Datos de campo sugieren que en muchas condiciones se necesita menos
cantidad de P o K en los primeros cm del suelo cuando el subsuelo (de 70 a 100
cm de profundidad) tiene naturalmente niveles altos de esos nutrientes. Los
resultados de muchos ensayos de calibración publicados y otros en curso
demuestran que las recomendaciones actuales son conservadoras en el sentido de
mantener el nivel Optimo porque la probabilidad de respuesta es muy baja.
Análisis económicos de retornos netos a la fertilización en el corto plazo
(datos no mostrados) a partir de los datos en la Figura 1, muestran que la
probabilidad de respuesta económica es muy alta en las clases bajas pero
prácticamente nula en la clase Optimo. En promedio, el retorno neto a una
fertilización de mantenimiento para la clase Optimo es cero o muy pequeño.
Respecto a los otros aspectos, en pocas palabras puede
decirse que la explicación radica en que el concepto fundamental para las
interpretaciones y recomendaciones se basa en una combinación de los conceptos
de "nivel de suficiencia" y "subir y mantener". Es
importante entender esta filosofía cuando más adelante se discutan
recomendaciones respecto a la localización de fertilizante.
En su forma estricta, el concepto de nivel de suficiencia
establece que hay un nivel de nutriente por debajo del cual hay respuesta a la
fertilización, cada nutriente tiene su nivel de suficiencia y deficiencia, se
fertiliza cada cultivo con la dosis óptima de acuerdo al nivel de cada
nutriente y se reconoce que la dosis óptima de un nutriente puede ser afectada
por el nivel de otros. El concepto de subir y luego mantener se basa en el poder
residual de los fertilizantes fosfatados y potásicos y establece que si el
nivel es por debajo del nivel óptimo se fertiliza no solo para alcanzar el
máximo rendimiento sino para subir el nivel de nutriente disponible hasta el
óptimo nivel en un plazo determinado. En algunos casos se interpreta mal este
concepto y se recomienda fertilizar con lo que el cultivo va a remover en el
grano cosechado aun cuando los niveles de nutriente en el suelo sean altos y la
probabilidad de respuesta sea casi nula.
En la mayoría de los estados de la región, las filosofías
para la interpretación del análisis de suelo y la fertilización son bastante
similares e intermedias entre los clásicos conceptos de nivel de suficiencia y
subir y mantener. Las recomendaciones que se hacen para las clases bajas
incluyen no sólo la dosis que daría el máximo rendimiento económico en la
mayoría de las condiciones, sino que incluye un componente para subir el nivel
paulatinamente. No se recomiendan las dosis que subirían el nivel de nutriente
hasta la clase Optimo con una sola aplicación. En algunos estados se especifica
la proporción de la dosis que mantendría el nivel inicial de nutriente y la
proporción para lograr la máxima respuesta y subir el nivel. En Iowa, las
dosis recomendadas son las estimadas para alcanzar el máximo rendimiento en la
mayoría de los casos y se estima que ese manejo subiría el nivel de nutriente
al nivel de la clase Optimo en un período de cuatro a seis años. Las
estimaciones de las dosis de fertilización se obtienen de ensayos de respuesta
regionales de corta y larga duración.
En Iowa, el nivel de rendimiento esperado no se considera
para las recomendaciones correspondientes a las clases Muy Baja y Baja. Sin
embargo, la dosis de mantenimiento para la clase Optimo está basada
exclusivamente en la remoción promedio de P en el grano (o planta en el caso de
ensilaje o heno). Esto es un aspecto muy importante de la filosofía de
fertilización en la mayor parte de los Estados Unidos y daría para mucha
discusión que no es posible en este resumen. En gran parte de la zona oeste del
cinturón maicero, la dosis de aplicación y la remoción de P con la cosecha
son los dos factores más importantes que determinan la evolución de los
niveles de P y K en los suelos. En esta región, la variación de tipo de suelo
no es importante, y si hay un efecto del tipo de suelo es en gran parte debido a
diferencias en los niveles de rendimiento. Resultados de ensayos de larga
duración en diferentes suelos y subzonas climáticas con diferente
productividad son la base de esta recomendación. Este tipo de información es
útil porque permite estimar la cantidad de fertilizante a agregar para llegar a
un nivel deseado de nutriente, pero también la cantidad a agregar
periódicamente para mantener el nivel deseado. Los experimentos muestran que
las necesidades de mantenimiento son mayores cuanto más altos son los niveles
de P o K a mantener.
Otro aspecto importante que se muestra en la Tabla 1 es que
también se recomienda la aplicación cada dos años de una dosis de
fertilizante que contempla los requerimientos para el maíz y la soja en la
rotación. Resultados de varios ensayos de larga duración de Iowa y Minesota
muestran que, en nuestras condiciones, aplicar las dosis recomendadas para cada
cultivo o cada dos años tiene la misma eficiencia o las diferencias no son
consistentes. Por supuesto la aplicación cada dos años baja los costos de
aplicación. Esta misma eficiencia se explica por el limitado "consumo de
lujo" de nutrientes en la cosecha de grano y a que los suelos tienen la
usual alta capacidad de retener P pero no necesariamente de "fijar" P
en formas no disponibles para las plantas en el corto o mediano plazo. La
mayoría de los productores aplican antes del maíz la dosis necesaria para la
rotación maíz-soja, ya sea para subir o para mantener los niveles de P y K en
el suelo.
Esta filosofía del uso de análisis de suelo y del manejo
de la fertilización tiene varias ventajas. Es muy sencilla, implica poco riesgo
de perder posible respuesta, implica bajos costos de aplicación, es una buena
opción para suelos con poca o moderada capacidad de retención de P y K, no
requiere muestreos de suelo anuales. Con esta filosofía, los costos de
aplicación y el tiempo dedicado al manejo son significativamente menores debido
a dos razones. Una razón es que la aplicación de dosis de mantenimiento o
aquellas que con seguridad producen el máximo rendimiento permiten el uso de
métodos de aplicación sencillos, baratos y que requieren poca atención. Esto
incluye tanto la fertilización al voleo como la aplicación de las necesidades
de dos cultivos una sola vez, normalmente antes del más exigente. Sin embargo,
esta filosofía puede disminuir el retorno neto por kilo de fertilizante
agregado y puede que no sea una práctica recomendable en suelos con muy alta
capacidad de retención de P o K o cuando la tenencia de la tierra es precaria.
Este manejo contrasta con la filosofía estricta del nivel
de suficiencia. En este caso se aplica la dosis óptima que da el máximo
rendimiento económico para un cultivo, mayor precisión en la recomendación,
puede requerir muestreos de suelos anuales o bianuales, aumenta el riesgo de
perder respuesta si se aplica menos fertilizante del que se debe y requiere más
atención. Probablemente sea una buena práctica en suelos muy fijadores de P o
K o cuando el productor tiene una limitante grave de dinero disponible o
tenencia de la tierra precaria.
Como se mencionó anteriormente, la mayoría de los suelos
del cinturón maicero que se clasificaban como muy bajos o bajos en P y K, hace
15 o 20 años ahora están en la clase Optimo o mayores. Esta situación pone en
evidencia un aspecto importante de la filosofía para la fertilización que
predomina en los Estados Unidos. Esto no se explica sólo por los subsidios
existentes y la relación de precios. La mayoría de los productores prefieren
errar por aplicar mayor cantidad de fertilizante que errar por aplicar menos de
lo necesario. Esta filosofía es confirmada por algunos análisis económicos,
aunque se ignora las consecuencias potenciales en cuanto a contaminación de
aguas superficiales y subterráneas.
Métodos de Aplicación de Fósforo
Las recomendaciones de métodos de aplicación de
fertilizantes deben basarse en la investigación local. La discusión y ejemplos
que siguen se presentan con el objetivo de demostrar cómo la filosofía de
manejo de la fertilización determina en gran parte las ventajas relativas de
varios métodos de aplicación de fertilizantes y el riesgo de seguir
consideraciones teóricas sin confirmación a través de investigación
aplicada.
Las ventajas comparativas de distintos métodos de
aplicación dependen del tipo de cultivo y suelo, de la fuente del nutriente,
del nivel de nutriente del suelo, del clima (especialmente el régimen de
lluvias), de los costos comparativos de aplicación y de los conceptos en los
cuales se basa el manejo de la fertilización y la producción de cultivos entre
otros factores. En la mayor parte del cinturón maicero la forma de aplicación
no ha sido un aspecto prioritario para los productores debido a la baja o
moderada capacidad de "fijación" de P o K de los suelos y al bajo
costo relativo de los fertilizantes y de la fertilización al voleo. La mayoría
de los productores fertilizan al voleo a través de los servicios de
distribuidores, muy pocos aplican ellos mismos los fertilizantes fosfatados y
potásicos. Sin embargo, el uso creciente de la siembra directa y problemas de
contaminación de aguas con nutrientes han planteado nuevas interrogantes.
Algunos cambios que podrían afectar a la nutrición de los
cultivos manejados con laboreo conservacionista son las posibles deficiencias
tempranas debido a que el suelo se calienta más lentamente en primavera y está
más húmedo cuando está cubierto de residuos, y a la estratificación o
acumulación a largo plazo de P y K en los primeros cm del suelo. En estos casos
la teoría dice que aplicaciones bandeadas o aplicaciones al voleo combinadas
con dosis bajas bandeadas podrían ser más eficientes. Las temperaturas frías
provocan un atraso en la fecha de siembra óptima o una reducción del
crecimiento inicial en siembras tempranas y pueden reducir la disponibilidad de
nutrientes. La acumulación de nutrientes cerca de la superficie sin ninguna
duda existe en suelos manejados con siembra directa o laboreo vertical y podría
inducir deficiencias cuando los primeros cm de suelo están secos y las plantas
están absorbiendo agua de zonas profundas. Teóricamente, la concentración de
nutrientes cerca de la superficie también podría inducir sistemas radiculares
más superficiales lo que aumentaría la susceptibilidad a la sequía en el
verano. Este problema puede ocurrir aún cuando la mayor cobertura con residuos
mejore la infiltración de agua y el crecimiento de raíces en los horizontes
superficiales.
Para evitar esos posibles problemas con siembra directa se
han propuesto prácticas alternativas. Una práctica incluye la aplicación de
fertilizantes "starter" junto o al costado y debajo de la semillas,
con al sembradora. Esto método tiene el problema que no permite la aplicación
de grandes cantidades de fertilizante que a veces son necesarios en suelos
deficientes o con altas necesidades de mantenimiento. Esto es debido a razones
prácticas (ningún productor quiere o prácticamente puede aplicar mas de 25 o
30 kg de P2O5 y K2O/ha con la sembradora),
porque puede dañar las semillas al usar la forma barata de aplicación en el
surco, y porque no aplica el fertilizante a una profundidad que evita la
estratificación. El uso de dosis bajas de fertilizante starter líquido para la
siembra directa es común y es objeto de investigación en este momento, pero no
se discute en esta presentación.
Por estas razones se han propuesto distintas formas de
aplicar fertilizantes en profundidad. Sistemas que aplican bandas de
fertilizantes líquidos o granulados a profundidades entre 12 y 20 cm, están
siendo usados por algunos productores, aún cuando hasta hace poco tiempo no
había resultados que confirmaran su ventaja. Tradicionalmente se menciona que
las ventajas claras del bandeado generalmente ocurren cuando se aplican dosis
menores a las óptimas y en suelos muy ácidos o calcáreos o donde la cantidad
y mineralogía de la fracción arcilla conduce a alta retención de P o K. Dos
problemas graves asociados a la siembra directa y la fertilización bandeada es
el gran aumento de la variabilidad de los análisis de suelo debido a un error
mayor en el muestreo y a la incertidumbre concerniente a la mejor profundidad de
muestreo. Si bien se está desarrollando una extensa investigación para estos
sistemas, no existe ningún método de muestreo alternativo a los métodos
tradicionales que sea claramente mejor. Las únicas certezas son que deben
sacarse muchas más muestras y tomas por muestra, y que el análisis de suelo se
transforma en una herramienta menos confiable.
Los resultados de ensayos regionales recientes en Iowa y en
otras zonas del cinturón maicero, muestran que el método de aplicación de P
no es un problema importante para maíz y soja sembrados con siembra directa o
convencional. La fertilización fosfatada bandeada (profunda antes de la siembra
o a menor profundidad con la sembradora), casi siempre estimula el crecimiento
inicial y a veces adelanta la madurez fisiológica del maíz pero pocas veces
aumenta el rendimiento o reduce la cantidad de fertilizante necesario comparado
con la fertilización al voleo. Estos resultados sorprenden a muchos productores
e investigadores de otras regiones y a los que siguen teorías ciegamente. Sin
embargo aproximadamente 300 experimentos cosechados desde 1994 en Iowa dejan
pocas dudas al respecto. Las dosis usadas fueron de 30 a 120 kg P2O5/ha
para las aplicaciones al voleo o bandeada profunda y de 30 a 60 kg P2O5/ha
para la aplicación en banda al costado y debajo de la semilla con la
sembradora.
Los datos resumidos en la Figura 2, muestran promedios sobre
todas las dosis usadas en los sitios en que hubo repuesta a P. La tercera parte
de los sitios tenían suelos con menos de 20 ppm de P (método Bray-1) en
muestras sacadas a 15 cm de profundidad, pero ninguno tenía menos de 5 ppm. El
muestreo a profundidades de 0 a 7.5 cm y 7.5 a 15 cm mostró alta
estratificación, la cual fue más marcada con la siembra directa que con el
manejo de laboreo vertical. La fertilización fosfatada aumentó el rendimiento
de maíz y soja solamente cuando el suelo tenía menos de unos 18 ppm de P con
el método Bray-1 en muestras sacadas a 15 cm de profundidad. Los métodos de
aplicación de P no afectaron (estadísticamente) los rendimientos de maíz o
soja en ningún sitio. Los máximos rendimientos se obtuvieron casi siempre con
la misma dosis cualquiera fuese el método de aplicación. Como ejemplo, la
Figura 3 muestra la evolución de la respuesta promedio de maíz y soja a
través del tiempo para un ensayo de larga duración típico en el que se
comparan varias estrategias de aplicación de fertilizante fosfatado para esta
rotación. Cuando los niveles de P en el suelo estaban en la clase muy baja
(< 9 ppm) o en las clases altas (> 20 ppm), la profundidad de muestreo no
afectó las interpretaciones. Sin embargo, en unos pocos casos la falta de
respuesta de soja en suelos con P en la clase baja (9 a 15 ppm) pudo explicarse
por la mayor concentración de P en el horizonte superficial.
Figura 2. Efecto de la fertilización fosfatada y
del método de aplicación en los rendimientos de maíz y soja manejados con
dos sistemas de laboreo en Iowa (promedios de ensayos regionales donde hubo
respuesta a fósforo).
Contrariamente a los resultados para P, el bandeado profundo
de K a menudo aumentó el rendimiento por encima de lo logrado con
fertilización al voleo o bandeado con la sembradora para maíz y soja manejados
con siembra directa. Los resultados no se muestran en este articulo, pero las
respuestas al bandeado profundo de K fueron mayores y más frecuentes para maíz
que para soja, y se observaron tanto en suelos deficientes en K como en aquellos
con niveles considerados óptimos (130 a 170 ppm o mayor) para laboreo
convencional. Sin embargo, los aumentos de rendimiento tanto de maíz como de
soja, no siempre compensan los mayores costos de la aplicación profunda. Las
mayores respuestas de maíz al bandeado profundo con K ocurrieron en años con
un período seco cuando el maíz tenía de 0.3 a 1 m de altura. Es probable que
la sequedad de los primeros cm de suelo limite la absorción de K cuando éste
se aplica en superficie o en bandas cerca de la superficie. Llama la atención
que esto no haya afectado a la nutrición fosfatada, pero esto también se ha
observado para otros sistemas de laboreo conservacionista (como siembra en
camellones) en Iowa y Minnesota.
Figura 3. Efecto de estrategias a largo plazo de
aplicación de fertilizante fosfatado para la rotación maíz-soja en siembra
directa (promedios de dos ensayos de Iowa donde hubo respuesta a la
fertilización). Los tratamientos se evaluaron en experimentos idénticos
adyacentes en los cuales maíz y soja se alternaron cada año. Los datos son
incrementos relativos promedios para los dos cultivos expresados con relación
al control no fertilizado.
La fertilización y el método de aplicación de P afectaron
ligeramente al crecimiento inicial de soja y afectaron marcadamente al de maíz.
Tanto el bandeado profundo como con la sembradora, estimularon el crecimiento
inicial más de lo que lo hizo la fertilización al voleo. Si bien esto es de
esperar en suelos deficientes en P, el bandeado también aumenta notablemente el
crecimiento inicial de maíz en suelos con alto nivel de P donde no hay
respuesta en rendimiento. Es posible que el efecto del bandeado de P en el
crecimiento inicial sea beneficioso para la producción de grano en algunas
condiciones especiales. Por ejemplo, en condiciones extremas de deficiencia,
donde el control de malezas no es adecuado, o con estaciones de crecimiento muy
cortas.
Obviamente los resultados mencionados no confirman la
creencia general respecto a la necesidad y ventaja económica del bandeado de P
para siembra directa en regiones con suelos y clima similares a los de los
ensayos discutidos. Pequeñas ventajas del bandeado no compensan los mayores
costos de aplicación ni las inconveniencias prácticas. Varias razones pueden
explicar este resultado ya sea para siembra directa o con laboreo vertical. Una
razón puede ser que ninguno de los suelos tenía contenido de P extremadamente
bajos. Es de esperar que el bandeado sea más eficiente en suelos extremadamente
deficientes y cuando se usan dosis bajas de fertilizante. Otra razón puede ser
que los suelos no son muy "fijadores" de P. Pero las características
de los suelos son similares a los de otras regiones en donde en el pasado se le
ha dado mucha importancia a la "fijación" de P, lo que sugiere que la
retención de P tal vez no siempre sea un aspecto tan grave como se ha asumido.
Esta idea es parcialmente corroborada no solo por los resultados discutidos sino
también por resultados de los experimentos de larga duración en Iowa y en
otras regiones que muestran que la remoción de P con las cosechas es más
importante en determinar tendencias de valores de análisis de suelo a lo largo
del tiempo dentro de cierta zona geográfica.
También es probable que muchos nos hayamos olvidado de que
en siembra directa y a veces con laboreo vertical, la fertilización al voleo es
en realidad un bandeado horizontal. Estudios de retención y liberación de P
demuestran que la retención de P es reducida en los primeros cm de suelo de
campos en siembra directa comparado con suelos laboreados, probablemente debido
a un menor contacto con el suelo y a un marcado aumento de materia orgánica
humificada o en proceso de humificación que reduce la adsorción y
retrogradación de compuestos solubles de P.
Finalmente, otro aspecto a considerar es que en los
experimentos de Iowa y del cinturón maicero, la fertilización al voleo se hizo
de tres a cinco meses antes de la siembra, como hacen los productores debido al
régimen climático. Si bien esto se está investigando en este momento con
nuevos ensayos, es muy probable que la fertilización con anterioridad a la
siembra sea más eficiente porque hay más tiempo para que el P llegue a
incorporarse (acción de la lluvia y fauna, grietas, etc.), en los primeros cm
de suelo. Este es otro aspecto en el cual viejos conceptos útiles para siembra
convencional, tales como que el P debe aplicarse lo más cerca de la siembra
posible, probablemente no sean razonables para laboreo conservacionista.
Hay otros aspectos a considerar al hacer recomendaciones
para productores que son más difíciles de cuantificar. Es muy común que los
investigadores enfoquemos interpretaciones solamente en diferencias físicas de
rendimiento y económicas que no consideran los aspectos prácticos ni la
filosofía del productor para uso de fertilizantes u otros insumos y su actitud
respecto a riesgo. ¿Cuál es el costo de la aplicación bandeada comparado con
la fertilización al voleo pero considerando no solo el costo al comprar el
equipo sino también costos de mantenimiento y de tiempo invertido para
reparaciones y para sembrar? ¿Cuál es la dosis de fertilizante recomendada y
cual es la que se va a aplicar y para qué cultivo? ¿Que es mejor
(físicamente, económicamente), fertilizar a cada cultivo o planear la
fertilización de la rotación? ¿Que se pretende optimizar, el retorno a la
fertilización (considerando el material y la aplicación) o el retorno a la
producción? ¿Cuál es la filosofía de manejo del productor en términos de
inversión en manejo y tiempo y aversión al riesgo?.
Existen dos ejemplos muy concretos que muestran como las
filosofías de interpretación de análisis de suelo y manejo de la
fertilización hacen que algunas ideas preconcebidas no se cumplan. Debido al
uso generalizado de fertilización bianual para la rotación maíz-soja antes de
sembrar el maíz, siempre se agrega P o K en exceso de lo que el primer cultivo
necesita. Esto hace que en muchos casos aún grandes ventajas de la aplicación
bandeada con la sembradora o efectos significativos del momento de aplicación
sean irrelevantes en la práctica. El otro caso se refiere al uso de técnicas
de agricultura de precisión tales como fertilización con dosis variables
basado en un muestreo de suelo denso. La investigación en Iowa indica que si
bien teóricamente el uso de la tecnología variable debería aumentar los
rendimientos y el beneficio económico de la fertilización, este no es el caso
para la mayoría de los productores. Una de las razones más importantes es que
se usa una filosofía cercana a la de "subir y mantener" con dosis
para suelos deficientes que no sólo se calculan para obtener el óptimo
rendimiento económico sino el máximo rendimiento y para subir los niveles de
nutrientes en un plazo razonable. Es probable que el retorno económico a la
fertilización variable sea mayor si se usara una filosofía más cercana a la
del "nivel de suficiencia" basada en dosis de fertilización más
bajas o conservadoras y para cada cultivo.
Comentarios Finales
Investigadores y extensionistas están continuamente
intentando mejorar las recomendaciones de fertilización. Nuevas tecnologías y
cambios en las condiciones de la producción hacen que aspectos que parecían
solucionados hace mucho tiempo deban reevaluarse. Estos cambios generan dudas en
cuanto al valor y al uso que se le está dando a herramientas de diagnóstico de
fertilidad, a determinados métodos de aplicación de fertilizantes y a
conceptos en los cuales se basan las recomendaciones.
Es claro que se necesita un mayor énfasis en el marco
general de la producción, aspectos prácticos que los investigadores
generalmente no consideramos y la filosofía de manejo de los productores
además de la respuesta física o económica de un cultivo en particular. Esto
resultaría en recomendaciones más defendibles y más útiles. Diferencias
aparentemente significativas entre métodos de análisis, dosis de
fertilización, o métodos de aplicación de fertilizantes, a menudo se hacen
irrelevantes cuando se consideran en el marco global de las estrategias para el
manejo de la fertilidad, de cultivos y de la economía de la producción.
Aspectos tales como la tenencia de la tierra, actitud respecto al riesgo, e
importancia dada al tiempo dedicado al manejo serían mucho más importantes que
las diferencias que resultan de la experimentación.
No se pretende oponer distintas filosofías o la validez de
experimentación o recomendaciones, pero es mi opinión, que los investigadores
nos olvidamos de muchas cosas cuando hacemos recomendaciones rígidas, dando la
impresión que existe solo una manera eficiente de hacer las cosas. Es evidente
que los costos de aplicación, maquinaria (incluso su mantenimiento), el tiempo
que el productor dedica tanto a la planificación como al manejo y actitudes
respecto al riesgo pueden jugar un rol más importante que diferencias en
respuesta. Por ejemplo, en algunos casos la fertilización con aplicaciones al
voleo baratas para la rotación, no necesariamente para un cultivo, espaciadas
en el tiempo puede ser la alternativa más practica y económicamente más
efectiva. En otros casos, aplicaciones más bajas para cada cultivo tal vez sea
la mejor alternativa.
Por ultimo, los resultados que se mostraron y los conceptos
discutidos no deben extrapolarse ciegamente a otras regiones y muestran la
importancia de conducir ensayos regionales varios años antes de hacer
recomendaciones. Si bien esto es sabido, la escasa financiación a menudo obliga
a investigadores a hacer recomendaciones que se basan ya sea en unos pocos
ensayos que tienen poco valor de extrapolación o en consideraciones teóricas
que tal vez no se apliquen a las condiciones reales de producción.
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